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8 de Septiembre del 2020
Ideas
Lectura: 10 minutos
8 de Septiembre del 2020
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

Un Ministerio de Educación sin educación
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Antes del confinamiento, las clases cara a cara estaban desfasadas de los cambios, obligando a los estudiantes a permanecer sentados durante horas; mientras ellos permanecían conectados a redes, a pesar de que las tecnologías permitían combinar eficientes trabajos colaborativos que una clase presencial jamás ha logrado.

El sentido común sirve para orientarse, para reconocer expresiones corporales y leer emociones; es extremadamente útil para reaccionar instintivamente y sobrevivir. Pero es inútil para elaborar políticas públicas, pues el conocimiento exige procesar datos y predecir comportamientos.

Por ejemplo, para el sentido común una hora de clase presencial se puede substituir por una video conferencia. Este prejuicio proviene del hábito de décadas de una educación basada en la explicación oral del docente. Si alguien piensa que es la escritura está equivocado, la escritura en los países andinos terminó al servicio de la oralidad, en realidad leemos poco y escribimos mucho menos, las estadísticas de producción científica así lo atestiguan. 

Se trata de resolver un problema de cambio de paradigma, que pasa de un enfoque en el pensamiento y el individuo a otro basado en la cooperación, la cognición distribuida (el término corresponde al proceso y resultado del trabajo en equipo) y la comunicación, desde una cultura pedagógica pensada para la época industrial y la presencialidad.

Otro ejemplo, en reuniones académicas escucho, a menudo, el resquemor de que las tecnologías no permiten la reflexión. Justamente, la afirmación es un indicador del paradigma educativo enfocado en la cognición: pienso luego actúo. 

Frente a lo expuesto, la transformación que exigen las tecnologías como aplicaciones para el diseño de organizadores gráficos, visualización de datos, generación de tutoriales provocan un cambio brutal en este paradigma que separa la mente del cuerpo y la reflexión de las emociones. 

De hecho, que las clases presenciales generaban “reflexión” es falso; lo prueban las innumerables quejas de docentes acerca del déficit de atención por la constante conexión a la pantalla. No, no estoy contradiciéndome afirmando que estar conectado a la pantalla, en mitad de una clase, dificulte la atención. Al contrario, es una muestra de que, antes del confinamiento, las clases cara a cara estaban desfasadas de los cambios, obligando a los estudiantes a permanecer sentados durante horas; mientras ellos permanecían conectados a redes, a pesar de que las tecnologías permitían combinar eficientes trabajos colaborativos que una clase presencial jamás ha logrado.

Quiero decir que la educación hace mucho es híbrida y que, en el mismo ejemplo, el docente podía efectuar la clase a través de ambientes virtuales colaborativos; para luego, en la clase presencial, aprovechar el encuentro para enriquecer el proceso de aprendizaje con la conversación cara a cara, dos sistemas complementarios. 

En este mismo contexto, el uso adecuado de plataformas colaborativas enriquece la reflexión por ser más exigente en la medida que cada actividad individual queda registrada y produce un resultado superior al trabajo individual. 

A propósito, los programas curriculares están enfocados en contenidos, mientras que los entornos virtuales y las tecnologías de aprendizaje desarrollan interfaces para la actividad, la creación y la interacción. No importa lo que el estudiante aprende, pues en poco tiempo será obsoleto. 

En respuesta, la educación “pedagogiza” la comunicación, es decir, establece modelos curriculares en los que se incluyen las tecnologías como herramientas para hacer deberes; pero, la realidad sigue ganando porque el aprendizaje se produce incluso si la pedagogía no interviene para nada. 

Las instituciones educativas pueden adquirir las tecnologías más sofisticadas, pero terminan escolarizadas. Es decir, se utilizan con hábitos viejos, como pedir a los estudiantes que elaboren un video para “resumir” un contenido; como si lo audiovisual fuera lo mismo que el texto escrito. Otro ejemplo, utilizar Power Point como si fuera un cuaderno y no un complejo presentador multimedia. 

Lo mismo ocurre, ahora, con los entornos virtuales de aprendizaje como  Moodle, la plataforma más conocida se  utiliza como si se tratara de una clase presencial: materiales de lectura, tareas, foros. El profesor monopoliza la video conferencia como su espacio frente a la clase, el PDF para la lectura y la tarea para que haga cualquier cosa, en el peor de los casos que suba un Power Point con el típico “resumen”. ¡De horror! 

Los jóvenes profesionales no están preparados para sociedades en las que los actuales trabajos van a desaparecer, mientras los docentes proponen objetivos, contenidos, buscan textos de lectura, envían trabajos (da igual si es virtual o presencial) la infotecnología, la infobiología, la neurociencia, la psicología cognitiva avanzan de la mano de nuevas formas de interacción y comunicación humana que no caben en las planificaciones basadas en temas que se pueden encontrar en internet mejor explicados.

La falta de educación del Ministerio de Educación  muestra que no aprende acerca de la complejidad de los cambios tecnológicos, lo que provoca un mayor atraso para las generaciones actuales en los conocimientos y habilidades que deben desarrollar para la economía de los datos que en breve provocará una transformación sustancial en la Sociedad Red, que seguro será la Sociedad de los Datos. 

Esta nueva forma de educación exige mucha preparación en los docentes, mayor diseño y organización de sus clases; además de intensidad en la atención y la gestión de las clases virtuales, pero sobre todo acercarse al campo de la comunicación que afecta las formas de conocer el mundo. 

El Acuerdo MINEDUC-2020-00038-A, emitido por el Ministerio de Educación,  tiene el mérito de regular el funcionamiento de las instituciones escolares, pero para una realidad solo existente en la pantalla del computador de las autoridades que lo diseñaron.

Para demostrarlo un listado de algunas de las actividades y problemas de la educación híbrida: 

Temporalidades del entorno virtual

  • El tiempo de la explicación: en una clase presencial 60 minutos de clase pueden, digerirse sin problemas. En un entorno virtual el contenido presentado en una exposición de 15 a 20 minutos es suficiente. 

  • El tiempo de investigación: búsqueda de contenidos (multimedia, textos, etc.).

  • El tiempo del diseño de las actividades que puede requerir recursos externos a una plataforma o utilizar los recursos propios del Moodle.

  • El tiempo de organización: se deben integrar todos los contenidos con un sentido de navegación, que siga un itinerario. 

  • El tiempo de la retroalimentación: que es sin duda individual y exige manejo comunicacional del entorno. 

Equivocaciones

  • Un entorno virtual de aprendizaje (EVA) es un sistema relacional, es decir, las personas interactúan, sienten. Es falsa la afirmación de que son dos realidades diferentes. Solo existe una realidad en diferentes modos, tal como cuando leemos un libro, vemos una película o recordamos un viaje, estamos inmersos en una realidad virtual, sentimos, sufrimos, reímos, aunque sabemos que esos mundos que se representan en la mente no son reales los vivimos como si lo fueran, la realidad es la suma de las experiencias.

  • Los paquetes estandarizados que se venden a las instituciones escolares, desesperadas por soluciones, utilizan los EVA como si se trataran de clases presenciales, por lo que el entorno termina como una vitrina donde se suben materiales. 

  • El profesor debe adaptar las tecnologías a su estilo y no el profesor a las tecnologías. 

Desperdicios

  • Las sofisticadas aplicaciones, el hardware y software que ahora están adquiriendo con mucho sacrificio las instituciones educativas o se utilizarán muy poco o nada cuando se retorne a las clases presenciales; porque el sistema de gestión académico, administrativo y en general los enfoques pedagógicos y de evaluación permanecen anclados. Como decía mi abuelita: «a la edad de la chispa». 

¿Cómo se va a medir la calidad de la educación si los docentes no tienen computadores eficientes, internet, sitios de trabajo en sus hogares, acceso a bases de datos?, ¿Y si lo mismo ocurre con sus estudiantes? No hay que olvidar que los docentes también tienen hijos en escuelas, colegios y universidades que ahora están en casa. 

La educación está en crisis por que las tecnologías desplazaron el aprendizaje del docente a la situación, del individuo al equipo, del pensamiento individual al diseño colaborativo. Por eso, el Ministerio de Educación, inmerso en el paradigma cognitivo, intenta resolver el cambio de paradigma con un reglamento administrativo, de sentido común, que atenta contra los docentes pues supone que si no existen bancas y pizarrón de tiza líquida se “necesitan menos recursos” y que el docente ahorra estando en casa. 

El Acuerdo MINEDUC-2020-00038-A, emitido por el Ministerio de Educación,  tiene el mérito de regular el funcionamiento de las instituciones escolares, pero para una realidad solo existente en la pantalla del computador de las autoridades que lo diseñaron. 

[PANAL DE IDEAS]

Iván Flores Poveda
Oswaldo Toscano
Mauricio Alarcón Salvador
Carlos Rivera
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Mariana Neira
Patricio Crespo Coello
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Gabriel Hidalgo Andrade
Bayardo Galindo Bucheli

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