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7 de Marzo del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
7 de Marzo del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Un presidente “medio desubicado”
Correa concibe su mando presidencial como el de los reyes absolutistas o de los dictadores fascistas. Los casos del Issfa, la Andina, la Flacso, las amenazas a Solca y a los municipios reflejan una obtusa concepción del rol del Gobierno en un Estado de derecho… y la desesperación por la falta de recursos, luego de habérselos feriado.

A una señora que pedía ser escuchada en Vilcabamba, durante su último enlace semanal, Rafael Correa ordenó que la sacaran del recinto, que él no le iba a atender ni a “hacer caso”. Pidió a sus seguidores que no se distrajeran y añadió, para cerrar el incidente, que “siempre hay una persona medio desubicada”.

A mí me parece que quien ha estado medio desubicado desde hace nueve años es Correa. Concibe su mando presidencial como el de los reyes absolutistas del siglo XVIII o de los dictadores fascistas del XX, cuya palabra era incontestable y cuyo dominio no solo se extendía a todos los poderes del Estado sino incluso a los corazones y las mentes de los individuos.

Por eso no cree en la participación ciudadana ni siquiera por simulación ante las cámaras, y mucho menos cuando alguien quiere dirigirse a él en una concentración pública. Para él esas personas ––que, digo yo, tendrán una petición concreta, que por algo desafían a los jenízaros que rodean al sultán––, son todas “medio desubicadas”. Como lo fueron en su momento, todos aquellos que le hicieron un mal signo o manifestaron su descontento cuando pasaba el séquito real, incluyendo la señora de Riobamba, el chico de la calle Flores, Verónica Acosta o el Chamo Guevara (quien ojalá siga recuperándose tras su accidente en el bus).

Y Correa lo demostró bien temprano; de hecho, desde el primer día de su desgobierno, el 10 de agosto del 2007 cuando denunció como infiltrados a grupos del MPD, entonces sus seguidores fanáticos, que se hacían sentir, con gritos y banderas, en la concentración en la Mitad del Mundo que siguió a su toma de posesión. Solo quiere silencio, acatamiento y aplausos. Ni una sola voz discordante.

Correa también está “medio desubicado” con respecto a cómo se procesan las diferencias. Todo el que protesta es acusado de terrorista, cuando no arrastrado por los pelos como Manuela Picq o tiznado entero como Salvador Quishpe o golpeado y pateado como tantas decenas de otros ciudadanos, o insultados y envilecidos por el florido lenguaje presidencial.

E igualmente “medio desubicado” está en la forma en que se respetan los contratos y convenios celebrados en un estado de derecho que haga mínimamente honor a su nombre. No puede ser que por órdenes escupidas en cualquier sabatina se retiren US$ 41 millones al Issfa o se corten los recursos a las universidades de posgrado. El Issfa celebró un contrato de compraventa con una ministra en funciones que representaba al Estado, un contrato en que ambas partes manifestaron su acuerdo. Si después se encontró cualquier causa para deshacerlo, la única forma es ir por los caminos legales que dictamina el contrato, ley para las partes.

Igual con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y la Universidad Andina Simón Bolívar: hay sendos convenios internacionales celebrados por el Estado ecuatoriano que no pueden deshacerse al calor de un capricho. ¿Qué pasa con los becarios de países extranjeros que se hallan en el Ecuador siguiendo sus estudios con becas total o parcialmente financiadas por el Estado ecuatoriano? ¿Los van a dejar colgados? ¿Qué pasa con los planes de investigación, los cursos que se dan, las planificaciones académicas, las publicaciones en marcha? ¿De un plumazo se cortan y caen al suelo por la calentura de un mandatario que obra a impulsos?

La Flacso y la Andina se han ganado su prestigio por la eficiencia en el uso de los recursos, que vienen de tres fuentes: el Estado, la cooperación internacional y los propios estudiantes. Mientras tanto, la universidad de posgrado del Estado, el Instituto de Estudios Nacionales (IAEN) ha sido un ejemplo de rencillas internas y mediocridad académica desde que pasó a ser controlado por el actual Gobierno.

Igual o peor es lo de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer. La arrogancia de Correa hizo que este sábado pidiera que Solca entregase sus instalaciones al Estado para atender de “igual o mejor manera” a sus pacientes. Su retórica pregunta y su respuesta muestran su desubicación: “¿Por qué hay fundaciones privadas que solo viven de la plata del Estado? Si es plata del Estado para un servicio público, debería ser pública toda esa institución”.

En primer lugar, no es “plata del Estado”: es una contribución específica que los ciudadanos hacemos para el sostenimiento de tan benemérita institución. Es dinero de la sociedad, y Solca se ha ganado su puesto por la excelencia y humanidad con que presta sus servicios a los pacientes aquejados de esa catastrófica enfermedad.

¿Quiere Correa que la Flacso y la Andina sean unos nuevos IAEN? ¿Quiere que Solca sea como uno de esos hospitales públicos de pésima atención?

La falta de estatura de Correa le lleva a expresarse como lo hizo en Vilcabamba: “Si tanto les está costando ser samaritanos con plata ajena, no nos vamos a prestar a juegos ni a politiquerías”, dijo con su rictus de desprecio. “No se preocupen, mándennos las instalaciones y nosotros atendemos a la gente. Pero ya se tiene que acabar esta cosa de que somos samaritanos con plata del Gobierno, y se demora un poco el Gobierno y salen los periodicazos, las presiones. Se equivocaron de presidente”.

Sí, nos equivocamos. Por supuesto que nos equivocamos de presidente. Queríamos un estadista y nos resultó un rey manisuelto, rodeado de incondicionales. Ni siquiera sabe que decenas, probablemente centenas, de fundaciones que trabajaban en temas de salud o de atención a grupos vulnerables ya fueron desplazadas y absorbidas por su Gobierno cuando había plata para todo y Alianza País y sus revolucionarios de pacotilla tenían la obsesión y la arrogancia de que el Estado era el único que debía que prestar esos servicios. Y ¿qué pasó con esos servicios? Que hoy, cuando ya no hay plata, el Estado los está abandonado a su suerte, mientras las fundaciones no pueden hacerse cargo porque ya desaparecieron o porque desactivaron los mecanismos de recaudación de los que se nutrían antes de que llegara la supuesta revolución ciudadana.

Lo mismo pasará con Solca. La destrucción sistemática de la sociedad civil, realizada sin descanso a lo largo de estos años, llega con los atentados contra la Flacso, la Andina y estas indirectas a Solca, a su expresión más refinada. La tesis de Correa de que “la primera autonomía viene con la autonomía financiera” ––que, además, extendió, como directa amenaza a los gobiernos municipales ("los municipios son los más dependientes de fondos del Gobierno central; 85% en promedio de los ingresos municipales son fondos del Gobierno central. Esto tiene que acabar".)–– es, por un lado, una concepción obtusa de lo que es el Estado y una muestra de ignorancia de para qué está el Gobierno central y, por supuesto, nace de la desesperación de no tener recursos luego de habérselos feriado.

¿Qué es el Estado, el Gobierno, la Patria para Correa? “Medio desubicado” está quien nombra ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador a un británico nacido en Francia; entrega la institución epónima de la comunicación social de América Latina, Ciespal, a un español, y el IAEN a un peruano. Bueno, lo de la cancillería tiene historia, ¿no? Ya tuvimos un viceministro que luego fue jefe de prensa de la presidencia de Uruguay y un subsecretario que hoy es diputado de Podemos en España.

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