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3 de Enero del 2022
Ideas
Lectura: 5 minutos
3 de Enero del 2022
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Un renuevo de esperanzas
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El país también necesita que reflorezcan sus esperanzas. Que aparezcan renuevos esenciales en su vida política y económica. Que haya una nueva justicia que se tome en serio a sí misma y que se deje de vivir en la oscuridad de complicidades perversas. Posiblemente, sea esta la primera de las exigencias para este nuevo año.

Nos llena la alegría de encontrarnos nuevamente en el cauce del tiempo medido, desglosado y calificado por nosotros. Entramos en un nuevo año porque de una u otra manera, hemos hecho méritos para ello. No estamos solos, lo cual probablemente sea lo más valioso. Los otros certifican nuestro estar en el mundo.

Somos porque hay otros que nos llaman y a quienes respondemos con nuestros proyectos de vida y con nuestras esperanzas. Nos llaman y acudimos a ese llamado que nos salva del infierno de la soledad. Nuestro mayor sufrimiento consiste en sabernos solos en medio de los otros. 

En cada comienzo de año, el tiempo se nos abre como una hoja de papel en blanco porque nos es preciso continuar con la escritura de nuestra historia personal y social. Nuestra vida no es un poco de agua en el cuenco de las manos. Cada nuevo año constituye un proyecto destinado a proveer de sentido a la existencia. Por ende, no nos resta sino continuar con ese libreto que tenemos ya entre manos desde hace mucho tiempo, quizás corregirlo y mejorarlo. 

Vivir exige que nos alimentemos de esperanzas. Siempre podremos ser mejores que nosotros mismos. Por ende, un nuevo año para ser eficientes. Para ser un poco más alegres y un poco menos tristes. Un poco más seguros y un poco menos desconfiados de nosotros mismos.

El uno de enero posee un poder mágico. Es capaz de hacer que resuciten nuestras antiguas esperanzas, nuestros abandonados proyectos y nuestras perdidas alegrías. Aun cuando quizás no reparemos en ello, en cada uno de nosotros se produce una suerte de aggiornamento de la existencia. Queremos que se abran los caminos tanto a las esperanzas como a esas realidades que se nos han escapado y que no pudieron ser vividas.

Vivir exige que nos alimentemos de esperanzas. Siempre podremos ser mejores que nosotros mismos. Por ende, un nuevo año para ser eficientes. Para ser un poco más alegres y un poco menos tristes. Un poco más seguros y un poco menos desconfiados de nosotros mismos.

El país también necesita que reflorezcan sus esperanzas. Que aparezcan renuevos esenciales en su vida política y económica. Que haya una nueva justicia que se tome en serio a sí misma y que se deje de vivir en la oscuridad de complicidades perversas. Posiblemente, sea esta la primera de las exigencias para este nuevo año.

¿Qué hacer para que el poder, en todas sus manifestaciones, aprenda a hablar siempre la verdad? ¡Cuán diferentes seríamos si en cada uno de sus poderes el Estado hablase la verdad! Tal vez sea demasiado exigir la verdad a un sistema judicial, político y administrativo que ancestralmente se ha sostenido en el engaño, la traición y la mentira burda. Nuestra política es esencialmente equívoca si no patológicamente mentirosa y falaz. 

La política es el arte de manejar el engaño y los equívocos para sacar el mayor provecho personal. Y no es posible un cambio hacia el bien porque la esencia misma de la política se halla en el mal. Solo excepcionalmente, algún político o algún movimiento político realiza una auténtica opción por la verdad. En estos casos, sus éxitos son pobres porque su discurso distorsiona en los espacios en los que el engaño se ha impuesto como norma y estrategia de sobrevivencia.

Pese a que no siempre somos conscientes de ello, todos poseemos un libreto que, si bien se modifica constantemente, en el fondo se mantiene. El uno de enero podría vivificarlo. Sin embargo, para no pocos el uno de enero, tan solo podría aparecer como una herida más en su calendario existencial en el que las esperanzas brillan por su ausencia. 

Difícil pasar por alto el hecho de que el alma de nuestra existencia se llama esperanza. Algunos creen en una vida luego de la muerte y eso les permite soportar los males. Sin embargo, tanto el cielo como el infierno están aquí, ahora, entre nosotros. El cielo y el infierno son los otros. Sin embargo, también es cierto que a cada quien le corresponde construir su cielo o su infierno.

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