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23 de Noviembre del 2015
Ideas
Lectura: 12 minutos
23 de Noviembre del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Una Argentina fracturada y quebrada elige a Macri
Este estrecho margen, aparte de demostrar lo dividida que está la población argentina, muestran que sí tuvo efecto la campaña del miedo desatada por Scioli y por la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con sus amenazas de que Macri iba a borrar las conquistas sociales e implantar el neoliberalismo, la devaluación, las privatizaciones, el desastre.

Las encuestadoras se equivocaron en las dos vueltas argentinas. En la primera dijeron que Daniel Sicoli, el candidato kirchnerista, sacaba amplia ventaja y algunas incluso vaticinaron que iba a ser elegido sin segunda vuelta por sacarle más de 10 por ciento de los votos a su perseguidor. Era tal el convencimiento, que un canal fanático de los Kirchner, el C5N, al cierre de las urnas el 25 de octubre,  proclamó presidente electo a Scioli, en una espectacular metida de pata, pues ganó solo por 2,93%. Ahora, en el balotaje, algunas encuestadoras vaticinaban que Mauricio Macri, el candidato opositor, iba a ganar con ocho, seis o cuatro puntos. Al final, fueron menos de tres, exactamente 2,8%.

Este estrecho margen, aparte de demostrar lo dividida que está la población argentina, muestran que sí tuvo efecto la campaña del miedo desatada por Scioli y por la propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con sus amenazas de que Macri iba a borrar las conquistas sociales e implantar el neoliberalismo, la devaluación, las privatizaciones, el desastre. Esto, en las provincias pobres del norte y sobre todo en la periferia empobrecida del Gran Buenos Aires tuvo un impacto indudable.

Pero eso mismo hace muy notable el triunfo de Macri, que a sus 8,6 millones de votos de la primera vuelta logró sumar 4,3 millones más para alcanzar un total de 12,9 millones. Mientras que Scioli, con todo el aparato estatal y con todo el miedo desatado, solo sumó 2,86 millones de votos a los 9,3 de la primera vuelta, alcanzando 12,2 millones en el balotaje. Es decir, Macri logró atraer al 60% de esos votos adicionales.

La noche del domingo la encargada de tranquilizar a los millones de hogares que “seguramente están preocupados” por lo que Macri puede hacer, fue la vicepresidenta electa Gabriela Michetti: dijo que ella y Macri, quien lo repitió en su discurso de victoria, trabajarán por los pobres, que buscarán dar oportunidades de progreso a todos.

Las dificultades que Macri va a encontrar son inmensas, y la primera es la falta de datos reales sobre la economía. Desde 2007 Cristina de Kirchner convirtió al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en una máquina de la mentira, y ha ocultado sistemáticamente los datos macroeconómicos a cargo de organismos clave como el Banco de la Nación.

Pero se sabe que la inflación, que el año pasado fue de 38% estaba en octubre encima del 25% (para el Indec apenas era de 14%), que el dólar paralelo tiene una brecha de más de 50% sobre el oficial (el billete de mayor denominación en Argentina es de 100 pesos y eso equivale a US$ 6,40 en el mercado paralelo), y que las reservas monetarias del país están muy bajas, aunque no se sabe cuán bajas, y que el déficit fiscal es grave, aunque no se sabe cuán grave (se calcula que es de más de 6%).

Un signo de lo mal que está el tema de las reservas monetarias internacionales es que Argentina no paga dividendos al exterior y tiene retrasos de la deuda comercial por US$ 8.000 millones. El default impide que ese país pueda acudir a los mercados financieros desde 2001, salvo pagando tasas muy altas (9% anual, un poco menos que el Ecuador, otro país de populismo autoritario). Un supuesto swap ultra millonario con China ha fracasado.

Inclusive en el entorno de Macri existe preocupación por saber si podrán pagar los aguinaldos de diciembre (similar a nuestro decimotercer sueldo) y los propios salarios de los empleados públicos.

Pero eso no es todo. Macri, que asumirá el 10 de diciembre,  tiene entre manos lo que algunos amigos argentinos con los que he hablado llaman “la bomba” por la magnitud impresionante de problemas que debe enfrentar, tras 12 años de kirchnerismo.

A pesar de los 10 años de altos precios de las materias primas y de los inmensos recursos naturales y humanos que tiene, Argentina es un país con millones de pobres: 29% de la población es pobre, según la medición de la UCA (Pontificia Universidad Católica Argentina), y hay 9% de desempleados, según la propia UCA, aunque, por supuesto, el Gobierno siempre indica cifras menores. Hay quien opina que el desempleo sería mucho más alto si los Kirchner no hubieran inflado tanto el empleo público.

Igual que en los otros países del populismo autoritario, la actividad económica privada está estancada, mientras que el gasto público consolidado ha subido a 50% del PIB. Cortados con la misma tijera, aunque hay que reconocer que en nuestro país, donde el gasto público ha estado en 44% del PIB, la debacle del sector privado no es tan grave como en Argentina y mucho menos en Venezuela. A pesar del estatismo correísta, en el Ecuador el coeficiente de la inversión privada sobre el PIB está en 25% mientras en Argentina es de menos de 20%.

Otro problema son los jubilados que llegan a 8,9 millones, y cuyas pensiones son muy difíciles de cubrir. Demás está decir que el sistema de seguridad social está desfinanciado (otra cosa que Correa ha buscado con sus supresión del 40% del aporte estatal y otros tantos atentados al IESS).

Por si eso fuera poco, la competitividad internacional de la Argentina está muy afectada. Parecido al tema del Ecuador, el tipo de cambio real argentino está sobrevaluado. Brasil, el principal competidor y socio de Argentina (tienen un intercambio comercial de US$ 35 mil millones), ha devaluado un 65% más que Argentina. Como diría Correa “denme tipo de cambio”. Me parece que la devaluación es indispensable. La economía está paralizada pues las empresas no pueden exportar, por lo caro que están sus productos (vehículos, maquinaria agrícola, frutas, vinos y demás, aunque a la soya, el maíz y el trigo les ha ido mejor) y por la enmarañada selva de requisitos burocráticos para la exportación.

Los subsidios a los servicios públicos son gigantescos. Llegan a 5% del PIB. Como siempre, los subsidios son medidas populistas pero gran parte va en beneficio de la clase media y alta que podrían pagar los precios reales.

Durante estos 12 años, pero sobre todo en los últimos 8 de la señora Kirchner, la arbitrariedad ha reinado en todas las decisiones económicas y políticas. La justicia no ha podido ser sometida, a pesar del jaque permanente y a pesar de los nombramientos de kirchneristas.

Macri tiene ahora la perspectiva inédita de gobernar la ciudad, la provincia y el país. Eso podría tener una importante influencia en el manejo de los temas de seguridad, con una coordinación de las policías de los diferentes niveles y las Fuerzas Armadas. El mayor desafío es el narcotráfico y otras formas de crimen organizado.

Con gran pena, el respetado profesor brasileño y fanático de lo que él llama “gobiernos progresistas” en América Latina, Emir Sader, se lamentaba este lunes en el sitio español público.es de que “es la primera vez, desde que en 1998 Hugo Chávez fuera elegido presidente de Venezuela, que un gobierno progresista es derrotado en América Latina”. Según él, así “se interrumpe la construcción de alternativas al neoliberalismo”. Pero, profesor, con estas alternativas al neoliberalismo, que crean millones de pobres, botan a la gente al desempleo, desatan la inflación, paralizan la producción y las exportaciones, gobiernan con arbitrariedad, concentran el poder, fomentan la opacidad y la corrupción, los pueblos no están siendo bien servidos. Ya sabe usted que en el Ecuador, además, hay un ataque mucho más agudo a la libertad de expresión, un atropello sistemático a los derechos de asociación, de manifestación, de resistencia. 

No hay que buscar los factores de la derrota ni en la debilidad del candidato escogido ni en errores en la campaña electoral. Se trata simplemente de que unos cientos de miles más prefirieron el cambio a seguir con el sucesor del kirchnerismo que solo prometía más de lo mismo.

Y ya que escribimos en el Ecuador, no puede dejar de reconocerse que el triunfo se explica también por la estrategia inspirada por el ecuatoriano Jaime Durán Barba, que ha asesorado por años a Macri, y lo convenció de no presentarse como el indignado opositor a ultranza, sino como alguien que propone un cambio de estilo, un hombre abierto, que está dispuesto a escuchar y no a buscar venganzas.

Por supuesto el buen hacer de Macri, como ejecutivo eficiente en la presidencia del Boca Juniors y en la municipalidad de Buenos Aires, le dio bazas importantes (ganó con 30 puntos en la capital y ya antes ayudó a su candidata a ganar la gobernación de la provincia de Buenos Aires, cargo que precisamente ocupaba Scioli). Córdoba también fue clave con sus 900.000 votos a favor de Macri (allí ganó con paliza: 71% a 29%). Otro factor importante es el hecho de que, aunque Scioli haya ganado en la provincia de Buenos Aires, lo haya hecho con menos de dos puntos.

No se puede negar que, como dice Sader, “el Gobierno de Cristina ha llegado a su etapa final con un alto nivel de apoyo y, al mismo tiempo, un alto nivel de rechazo debido, en gran medida, al propio estilo de enfrentamiento adoptado por ella, que permitió una gran movilización de la militancia kirchnerista pero, a la vez, provocó altos índices de rechazo en los sectores opositores”.

Desde el 54% que la señora K. obtuvo en 2011, contra el 22% del principal candidato opositor (me huele al Ecuador 2013), el deterioro ha sido importante, por la inflación, el control del cambio, la ruptura del Gobierno con la principal central sindical, y repito lo de Sader: por el estilo de confrontación y arrogancia de la señora K.

Ahora bien, ¿es el inicio de la “temida restauración conservadora” como dice Sader? (concepto que acogió hace tiempo Correa). No lo creo: aunque Macri es un empresario, en el frente Cambiemos tiene como aliados a la Unión Cívica Radical, un partido socialdemócrata que ha hecho gobiernos de avanzada social y honestidad a toda prueba, y a Elisa “Lilita” Carrió, de un partido igualmente socialdemócrata, aunque quizás más a la derecha. No será un gobierno de privatizaciones ni de desmontaje de la política social. Pero si adoptará medidas como la que ya confirmó el lunes por la mañana en su primera rueda de prensa, que, en la próxima Cumbre de Mercosur, el 21 de diciembre, solicitará que se aplique la cláusula democrática contra Venezuela "por los abusos en la persecución a los opositores y a la libertad de expresión". Es difícil porque requiere consenso, pero ya es hora de que alguien diga algo sobre la indignidad del gobierno de Nicolás Maduro.

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
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