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15 de Noviembre del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
15 de Noviembre del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Una subsecretaría del indigenado?
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Hace falta que el Estado, representado particularmente en la presidencia de la República, se ingenie en la construcción de un sistema que permita un diálogo permanente entre el indigenado y el poder.

Cada vez que se evidencian los conflictos sociales en los cuales se hallan involucrados los grupos de indígenas que constituyen la Conaie, de manera casi automática, ponen en entredicho la democracia. Ciertos líderes indígenas aparecen en escena con un discurso casi siempre carente de términos medios: o el gobierno nos escucha y hace lo que exigimos o declaramos un paro nacional que lleva explícito el atentado al régimen democrático. O nos escuchan a las buenas o nos encargamos de incendiar la nación. “porque también yo soy presidente” dice altivo y fuera de toda lógica uno de ellos.  

Desde luego que son capaces de desbaratar el país, aliándose a grupos que viven de la insurgencia y el caos. Ya lo demostraron en la Casa de la Cultura cuando amenazaron con ejecutar a un grupo de policías si el gobierno no atendía al pie de la letra sus demandas. Entonces dieron a entender que sus deseos son ley.  

Ante semejantes amenazas, los gobiernos no han tenido otra alternativa que sentarse, no precisamente en torno a la mesa de las negociaciones, sino a la de las concesiones casi absolutas. Sin embargo, los dirigentes indígenas dicen estar dispuestas al diálogo, sin reparar en que en esas circunstancias y condiciones no es posible diálogo alguno. ¿Cómo sentarse a dialogar en una mesa en la que la pistola del levantamiento y la subversión está en la mano de cada líder indígena?

Ante semejante forma de diálogo, a gobiernos, como el de Moreno, no le resta sino ceder casi en todo. Sabiendo, sin embargo, que no lo cumplirá y que así fomentará ese espíritu irreverente ante la democracia con la que juegan no pocos dirigentes indígenas. 

Sin embargo y a causa de un extremismo político, los movimientos indígenas aprendieron a reclamar sus legítimos derechos con amenazas y violencias extremas. Desde entonces, juegan siempre con sus dados cargados. Y es lo que, al final, deja un sabor amargo en la sociedad que se ve acorralada por el temor. Aun ahora amenazan con otro octubre si no consiguen lo que demandan.

Ciertos líderes indígenas aparecen en escena con un discurso casi siempre carente de términos medios: o el gobierno nos escucha y hace lo que exigimos o declaramos un paro nacional que lleva explícito el atentado al régimen democrático.

Absolutamente cierto que las condiciones existenciales de las comunidades indígenas son deplorables. Carecen de un sistema educativo que responda a sus exigencias y condiciones. Es cierto que el correato construyó escuelas lejanas a las comunidades, obligando a niñas y niños a caminar kilómetros para llegar cansados a su escuela. Es cierto que el gobierno último no hizo nada al respecto. Es cierto que carecen de pequeños hospitales que los atiendan oportuna y adecuadamente. 

También es cierto que no pocas comunidades indígenas sobreviven en la extrema pobreza. Y otras carecen de luz eléctrica y de agua potable. Y que deben desplazarse a la ciudad en busca de atención en salud. Innegable que la mortalidad materno-infantil es inmensa. 

También lo es que sus reclamos mediante la paralización de las principales ciudades traen consigo ingentes e irrecuperables pérdidas que, de una u otra manera, termina afectándolos.

No se trata de colocar estas complejas realidades en balanza alguna. Sin embargo, hace falta que el Estado, representado particularmente en la presidencia de la República, se ingenie en la construcción de un sistema que permita un diálogo permanente entre el indigenado y el poder. Un diálogo sostenido en la honestidad de las partes y que finalmente conduzca a una mejora sustancial del status quo de la vida de los indígenas.  

Posiblemente hace falta crear en el ministerio de gobierno una subsecretaría del indigenado. Un ente administrativo y político que se haga cargo del tema en toda su amplitud. Desde luego, al frente de esta subsecretaría estaría un indígena 

Esta iniciativa podría rescatar, en su verdadera dimensión, las ancestrales carencias y limitaciones de nuestrospueblos indígenas.  

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