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12 de Agosto del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
12 de Agosto del 2020
Mauricio Alarcón Salvador

Abogado y director ejecutivo de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo

Por unas muñecas de trapo
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Cuando llegó la Navidad, los hijos de los efectivos de tropa recibieron un paquete básico compuesto por chucherías de plástico y muñecas de trapo. Los medios de la época recogen no solo el malestar que esto provocó en entre los policías, sino los rumores de que los hijos de los altos oficiales y de funcionarios del Ministerio de Gobierno, sí habían recibido juguetes importados de alta calidad.

El 10 de agosto de 1979 marcó el fin de la dictadura del Consejo Supremo de Gobierno y el retorno a la democracia de la mano del Presidente más joven que ha tenido Ecuador contemporáneo: Jaime Roldós Aguilera. Bajo el lema de “la fuerza del cambio” y de la mano de un gobierno de concertación, Roldós se propuso consolidar la democracia en el país.

Durante su primer año en funciones, en julio de 1980 para ser exactos, la Policía Nacional solicitó colaboración al gobierno para realizar el agasajo navideño para los hijos del personal de la institución. Roldós dispuso, a través de su ministro de Gobierno, Carlos Feraud Blum, un total de diez millones de sucres (aproximadamente 400 mil dólares de la época), para importar dulces y juguetes que serían repartidos a más de treinta mil niños. Roldós fue enfático en que no habría distinción alguna en los regalos, más allá del rango que ostentaran sus padres al interior de la institución policial.

Cuando llegó la Navidad, los hijos de los policías de tropa recibieron un paquete básico compuesto por chucherías de plástico y muñecas de trapo. Los medios de la época recogen no solo el malestar que esto provocó en la tropa, sino los rumores de que los hijos de los altos oficiales y de funcionarios del Ministerio de Gobierno, sí habían recibido juguetes importados de alta calidad.

Este hecho, sumado al no pago de los sueldos de diciembre y los aguinaldos navideños, provocó un amotinamiento policial el 5 de enero de 1981, principalmente en las ciudades de Quito y Guayaquil. La tropa de la Policía Nacional no solo exigía que se cumpliera con los pagos, sino además la remoción del ministro de Gobierno a quien había declarado como enemigo. Pese a que Feraud Blum afirmó que el gobierno no iba a ceder a las peticiones de los sublevados, terminó en la noche atendiendo sus pedidos, realizando el pago de las remuneraciones pendientes, e incluso mejorando el “rancho” que recibía la tropa.

Aunque por varios días la tensa relación entre el Gobierno y la Policía ocupó espacio en el debate nacional, pronto los acontecimientos pasarían a segundo plano. El 22 de enero de 1981 inició el conflicto armado entre los ejércitos de Ecuador y Perú, y el 24 de mayo, fallecieron el Presidente Roldós, su esposa y su comitiva en el accidente aéreo en Huayrapungo, un cerro cerca de Loja.

Sin embargo, la política ni perdona ni olvida. En septiembre de 1981 el caso revivió al interior de la Honorable Cámara Nacional de Representantes, lo que hoy conocemos como Asamblea Nacional. El representante de un bloque de minoría, el Partido Social Cristiano, solicitó la interpelación al ministro Feraud Blum acusándolo de irregularidades en el proceso de importación y compra de juguetes y dulces para el último agasajo navideño policial.

El representante León Febres Cordero fue quien presentó la denuncia, a la que inicialmente hicieron poco caso al interior del Legislativo, basado en el informe del contralor Hugo Ordóñez Espinosa. No se habló de perjuicio económico, sobreprecio o corrupción. Se acusó a Feraud Blum de violar leyes y procedimientos administrativos al haber dispuesto la importación sin autorización legal, habiendo otorgado un anticipo sin la previa firma de un contrato, y por haber realizado la contratación sin solicitar las garantías del caso. Además, se lo acusó de haber dispuesto de fondos de la Dirección Nacional de Rehabilitación para juguetes, en lugar de utilizar esos recursos para mejorar las condiciones de las personas privadas de la libertad.

Algo en apariencia inofensivo, tomó una fuerza política inesperada. La interpelación tuvo lugar el 10 de septiembre de 1981. La intervención de Feraud Blum se enfocó en desvirtuar las acusaciones: aseguró que el anticipo se entregó antes de los permisos y de la firma del contrato para que los juguetes lleguen a tiempo para el agasajo, rechazó la existencia de perjuicio económico al Estado y afirmó que las muñecas no eran “baratijas”, sino juguetes de calidad. Su intervención fue sensata e incluso aceptó haber incumplido con la ley. En la réplica, es histórica la imagen de Febres Cordero con el brazo en alto sosteniendo una de las muñecas de trapo, mientras realizaba una feroz intervención.

Su intervención fue sensata e incluso aceptó haber incumplido con la ley. En la réplica, es histórica la imagen de Febres Cordero con el brazo en alto sosteniendo una de las muñecas de trapo, mientras realizaba una feroz intervención.

El debate de interpelación continuó por varios días más. De 69 votos posibles, Feraud Blum tenía 21 a su favor, mientras que Febres Cordero había logrado 24. Para censurarlo se necesitaba 35 votos y 24 no habían manifestado su posición (12 de la Izquierda Democrática – encabezados por Rodrigo Borja, 7 del Partido Conservador – encabezados por Rafael Armijos, y 5 “independientes”). 

Antes de la votación, prevista para el 14 de septiembre, Carlos Feraud Blum presentó su renuncia, pero Febres Cordero no estaba dispuesto a salir derrotado en un proceso político que indudablemente le daría réditos. Forzó a que continúe el proceso de censura el interior de la Cámara Nacional y en una votación muy ajustada – se lograron apenas los 35 votos requeridos – se censuró al ya exministro.

¿Hubo corrupción por parte de Feraud Blum si se comprobó que no hubo perjuicio económico para el Estado? Más allá de los recursos públicos, y siguiendo la definición de Transparencia Internacional, ¿hubo abuso de poder para beneficio propio del ministro? Evidentemente no. Cometió ilegalidades que no constituyeron corrupción en sí. Pero el manejo hábil de un hecho puntual por parte de León Febres Cordero, quien buscaba a toda costa visibilidad y réditos políticos, ha provocado que este caso llegue hasta nuestros días como un “escándalo de corrupción”. Y es que hasta en estos temas, tan sensibles y chocantes, los ciudadanos, los periodistas, los líderes de opinión, debemos actuar con responsabilidad y sobre todo con ética.

Todos conocemos el desenlace de la historia. Gracias a esta jugada política cuestionable un partido debilitado que había perdido las elecciones y que apenas tenía tres representantes en el Legislativo terminó en la Presidencia en 1984. En las mismas elecciones, Carlos Feraud Blum, cuya reputación e integridad no fueron afectadas por el juicio, fue electo diputado nacional y vicepresidente del Congreso.

 
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