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21 de Julio del 2015
Ideas
Lectura: 11 minutos
21 de Julio del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Universidad Central: cuando las víctimas son denunciadas por su agresor
Al parecer Alicia Nataly Maya, chica traviesa, habría propinado con su cara implacables golpes en el vidrio que su inocente víctima tenía en la mano, y Pamela Paredes, muchacha incorregible, habría atacado con furia inaudita utilizando sus tendones sangrantes como arma incuestionable, para tratar de herir al desconsolado individuo que blandía un inofensivo puñal frente a ella.

Conocí a una chica en Louisville, Kentucky,  que había estado en prisión alrededor de un año. Se le acusaba de haber agredido a un policía. En efecto, ella había logrado fisurar uno de los nudillos del robusto oficial, utilizando su mejilla. No, no es una broma. El policía presentó como evidencia su mano inflamada, y las radiografías que mostraban la pequeña lesión. Al parecer esta irresponsable y rebelde muchacha había descargado una serie de efectivos, y furibundos golpes utilizando su nariz para herir en el puño al abnegado agente del orden. Bajo esos precedentes una joven mujer, que pesaba menos de la mitad que el musculoso agente,  fue recluida por varios meses, perdió su trabajo, su casa, y también su perro que tuvo que ser adoptado por otra persona. La historia es cierta.

Pensaba haber escuchado la historia de abuso de poder y de distorsión de la justicia más impactante de mi vida, pero lamentablemente estaba equivocado. El pasado jueves 16 de julio, dos chicas jóvenes fueron apuñaladas recibiendo heridas de distinta gravedad. Inmediatamente después, la persona a la que ellas identificaron como su agresor, Carlos Muñoz, salió en los medios de comunicación, y en un acto de exquisita paradoja, se declaró  víctima denunciando a las agredidas (que para ese entonces estaban en el hospital). Al poco tiempo, varios funcionarios públicos de alto vuelo, se solidarizaron con Muñoz, mostrando entera conformidad con sus extravagantes acciones.  Debo reconocer que un nivel tan resplandeciente de cinismo es una joya literaria en sí misma, casi de naturaleza borgeana.

La noticia me causó tanta perplejidad que mi primera reacción fue ir al hospital para tratar de hablar con las personas que habían recibido el ataque. No pude conversar con las agredidas esa noche. A una de ellas la trasladaron de emergencia a una clínica privada, (en el IESS no la pudieron operar, porque parece que todavía no se enteraron de los grandes logros de la revolución ciudadana en temas de salud). Durante la madrugada, un precavido equipo de médicos se ocupó por varias horas de poner en su lugar los músculos, tendones y nervios que habían sido rebanados con un efectivo tajo que su victimario le causó, con tal violencia y maña que incluso los experimentados médicos que la atendían quedaron sorprendidos por las refinadas artes de esgrima del agresor.


Pamela Paredes, en su casa, muestra la agresión de la cual fue objeto.

Finalmente, el día sábado pude conversar con las personas que recibieron las agresiones. Su testimonio, acerca de lo que han tenido que sufrir por autodefinirse como un movimiento crítico a la injerencia de Alianza País en la Universidad Central, me dejó conmocionado. 

Pamela Paredes, una joven en sus tempranos veinte años, de baja estatura y de contextura ligera, fue quien recibió la peor parte.  Su brazo tenía una herida de 15 centímetros de profundidad. Sí, leyó bien, de profundidad. El corte fue tan largo y tan profundo que le atravesó el brazo y cercenó los nervios, los tendones y los músculos hasta lastimar el hueso. Se va a necesitar más de un mes de reposo absoluto para que su herida se cierre, y un año de rehabilitación para aprender a usar su mano derecha nuevamente (aunque tal vez pierda movilidad en sus dedos). Pamela identifica a su atacante como Carlos Muñoz, un exestudiante de la Universidad Central del Ecuador, que ocupa, aún,  la posición de presidente de la Federación de Estudiantes de esa casa de estudios, si bien su periodo habría finalizado en mayo.

Natalia Maya, es otra de las chicas agredidas. En su caso, el violento agresor intentó lesionar su rostro, al parecer con un vidrio roto. Aparentemente su objetivo era generarle una cicatriz visible y permanente para enseñarle que hay movimientos políticos a los que conviene no criticar jamás.  Afortunadamente no consiguió su cometido de manera plena, pero su alcanzó a herir su quijada, y propinarle, eso sí, una lluvia de golpes infames. Sí, ese tipo de golpes humillantes que solo los hombres cobardes pueden  soltar sobre el cuerpo de las mujeres.

Según comentan las dos jóvenes, la tarde del 16 de julio ellas y unas pocas compañeras de su Movimiento Universitario Mariátegui, fueron a una reunión en la cede de la FEUE para discutir temas de interés estudiantil. Entre los puntos del  debate estaba la exigencia, replicada por varios estudiantes, de que Muñoz justifique su posición como presidente de la Federación, toda vez que sus funciones habían finalizado legalmente en mayo. Cabe advertir al amable rector que Muñoz no es estudiante de la Universidad, lo fue, eso sí, pero jamás terminó su carrera.


Natalia Maya, estudiante de periodismo, fue agredida en su rostro con un vidrio.

Esa tarde, Natalia Maya (delegada electa de la Facultad de Comunicación) y otros compañeros estaban exigiendo a Muñoz que presente los documentos que justifiquen de manera legal la extensión de sus atribuciones como presidente de la FEUE. Lo hicieron  a través del debate enérgico y con consignas, pero jamás desde la violencia. Esto tiene sentido pues las militantes que exigían esto eran jóvenes mujeres, todas ellas bastante frágiles, por lo que es evidente que no representaban amenaza para nadie. Sin embargo, según testimonio de las chicas, pronto una importante cantidad de seguidores de Muñoz, la mayoría de ellos ajenos a la Universidad Central, ingresó a esa oficina, apagó las luces y propinó una brutal paliza en contra de estas jóvenes. Natalia me comentó que miembros de una conocida pandilla ya les habían  advertido anteriormente de los peligros de criticar a Muñoz, "incluso esos pandilleros amenazaron con violarnos en otras ocasiones", añadió la joven.

Pero el asunto va más allá de una simple disputa entre agrupaciones políticas universitarias. Tito Madrid, uno de los líderes del movimiento Mariátegui asegura que Nueva Universidad, el movimiento de Carlos Muñoz, tiene nexos incuestionables con Alianza País, hasta el punto en que Muñoz fue parte de la comitiva que acompañó al presidente Rafael Correa en viajes internacionales, a Medio Oriente; de hecho la pareja de Muñoz fue candidata en elecciones locales bajo la bandera e Alianza País. Madrid asegura que el partido de gobierno tiene poco interés en perder el control de la FEUE, y esa es una de las razones por las que Muñoz ha extendido sus atribuciones como dirigente estudiantil, más allá del período legal. Tito Madrid, y sus compañeros de Mariátegui,  se consideran críticos al gobierno de Rafael Correa, y al control disciplinario de la educación superior que este ha propiciado, y considera que por esta causa han recibido maltratos, agresiones y toda suerte de intimidaciones.

En efecto, las puñaladas, los ataques con vidrios rotos y los golpes no son la única manera de amedrentar y humillar a las personas que se han atrevido ser críticas a los grupos afines a Alianza País en la Universidad Central. Daniela Macías, una de las amigas de Natalia y Pamela, y militante del movimiento universitario Mariátegui, fue sancionada tiempo atrás por intercambiar improperios con miembros de Nueva Universidad; en su caso, ella fue expulsada de la universidad cuando Edgar Samaniego, miembro de Nueva Universidad, fue rector. Pero su sanción fue más allá de una simple expulsión:  Macías no tiene posibilidad de matricularse en otra casa de estudio por causa de la naturaleza, absolutamente desproporcionada, de su sanción.

Por su parte Carlos Muñoz, la persona a quienes las chicas heridas señalas como su principal agresor, presenta un único y ligero corte en la sección prensil de su mano derecha. Aparentemente el tipo de corte que alguien se haría al sujetar un vidrio roto con la mano. Sin embargo, a pesar que esa diminuta herida está en la palma de su mano derecha, el pintoresco personaje apareció la noche del jueves dando declaraciones con los cachetes embarrados en sangre. Luego de ver esto, traté de conversar con algunos médicos, quise saber si era posible cortarse la mano y sangrar por las mejillas, pero ninguno tomó en serio mi curiosidad científica y me dijeron que no pregunte estupideces.

Regresemos a la pequeña historia que conté al inicio del artículo. La de mi amiga, que en otro país había recibido una brutal paliza de un oficial de Policía hasta el punto que el hombre se fisuró el nudillo. En esta ocasión la herida en la mano agresora del oficial bastó para poder demandar a su agredida y mandarla a prisión. Solo un idiota, un infeliz, una persona sin criterio podría pensar realmente que ella era la agresora y el robusto hombre su víctima. Ahora bien,  regresemos al estrafalario caso de la violencia en la Universidad Central donde dos mujeres jóvenes, ambas de contextura pequeña, han recibido lamentables heridas en un acto de cobarde agresión y violencia directa contra las mujeres. Ellas ahora mismo están en la incertidumbre de ser encarceladas, pues se han presentado denuncias en su contra… como agresoras.

Al parecer Alicia Nataly Maya, chica traviesa, habría efectuado implacables  golpes con su cara en el vidrio que su inocente víctima tenía en la mano, y Pamela Paredes, muchacha incorregible, habría atacado con furia inaudita utilizando sus tendones sangrantes como arma incuestionable, para tratar de herir al desconsolado individuo que blandía un inofensivo puñal frente a ella. Solo un tarado creería algo así. Para terminar debo decir que el Presidente de la República ha dado todo su apoyo a Carlos Muñoz.

[PANAL DE IDEAS]

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