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12 de Enero del 2021
Ideas
Lectura: 10 minutos
12 de Enero del 2021
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Urge acercamiento de la política a la ciencia
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Los liderazgos populistas no están acostumbrados a convivir con la comunicación de la ciencia. Se valen de la propaganda para vender ilusiones, en nombre de un hipotético enemigo a vencer. Hay una gran disonancia cognitiva entre su mensaje y su práctica.

La relación entre ciencia y política se ha vuelto más apremiante y recíproca con la pandemia. La gestión gubernamental de la crisis sanitaria replanteó la manera de acercarse a la comunidad. Se volvió más necesario que antes contar con los medios de comunicación para que la población esté debidamente informada de los impactos de la epidemia y de los medios para aminorarlos.

Tanto el gobierno como los medios tuvieron que apoyarse en el conocimiento científico para definir estrategias efectivas que contrarresten la incredulidad proveniente de creencias e informaciones infundadas. El comportamiento social, afincado en hábitos arraigados, se ha mostrado reacio al cambio.

Conseguir que se abra una discusión pública sustentada en la información científica es una tarea que choca con la difusión de ideas falsas y la desconfianza atávica a la acción gubernamental. La política suscita sospechas. Los ciudadanos recelan de las decisiones que se toman al más alto nivel. La experiencia acumulada da lugar a una imagen negativa de los políticos.

Si esto es así en un contexto en el que está en juego la vida de millones de personas, ¿cómo no lo será en campos donde las amenazas, aparentemente, son menos mortíferas?  Esta consideración permite evaluar la credibilidad sobre las propuestas electorales de los candidatos a la presidencia de la República.

¿Cuál es el sustento científico de tales propuestas?

Los liderazgos populistas no están acostumbrados a convivir con la comunicación de la ciencia.  Se valen de la propaganda para vender ilusiones, en nombre de un hipotético enemigo a vencer. Hay una gran disonancia cognitiva entre su mensaje y su práctica. No tienen capacidad para aprender de los errores, desprecian el conocimiento y se aferran a la ideología. Tienen limitaciones cognitivas y apelan a la emoción más que a la razón.

¿Cómo lograr que la ciencia ocupe el lugar que le corresponde en la política? ¿Cómo conseguir que la política se apoye más en la ciencia, en datos verificables de la realidad en todos los campos? ¿Cómo conciliar la ciencia con la estrategia?

Se asegura que Angela Merkel aborda el proceso de toma de decisiones desde su experiencia como científica.  “Este proceso está menos supeditado a un marco ideológico fuerte. Tiene en cuenta muchos puntos de vista antes de tomar una decisión” según una entrevista publicada en El Comercio, en noviembre de 2020.

Así, su estrategia política a veces no va en la misma línea de su partido, como en el caso del ingreso de miles de refugiados a Alemania, o la aprobación del matrimonio homosexual.  Es decir, Merkel amplía su mirada a las demandas de las mayorías, sin anclarse a las ideologías de su partido. 

¿Cómo lograr que la ciencia ocupe el lugar que le corresponde en la política? ¿Cómo conseguir que la política se apoye más en la ciencia, en datos verificables de la realidad en todos los campos? ¿Cómo conciliar la ciencia con la estrategia?

En el Ecuador, los políticos, en general, y los candidatos en particular, se mueven con ideas vagas, sin basarse en los hechos ni en las cifras. Su formación académica conspira en contra de una comprensión articulada de la realidad. Los abogados poco saben de economía o de sociología. Los economistas, no están al tanto de la problemática ecológica. Cada uno está encerrado en su torre de marfil, no miran a los lados, ni siquiera dentro de su propia disciplina, peor en los predios vecinos o lejanos.

En el entorno de la pandemia no es posible mantener el encierro de las especializaciones. Los decisores ante la falta de herramientas metodológicas actúan sobre problemas crudos, sin mayor análisis; o aplican a tales problemas conocimientos fragmentarios o abstractos sin mayor conexión con la realidad.  Para contribuir a superar estas limitaciones cognitivas, el debate entre los candidatos presidenciales debería versar sobre problemas antes que sobre temas.

La propia distinción entre tema y problema es conceptual. Los temas son unidades de análisis que corresponden a distintas disciplinas. Los problemas, en cambio, cruzan horizontalmente los campos que éstas cubren. De ahí que no quepa tratar la economía, la pandemia, la seguridad, la corrupción, como temas independientes. Hay problemas que atraviesan todos estos temas, por ejemplo,  el de la pobreza. Sus conexiones exigen la utilización de otras herramientas teóricas y metodológicas.

En la actual coyuntura, la pandemia articula los demás campos. La economía está supeditada a la capacidad del estado y de la sociedad para detener la propagación del virus y evitar las pérdidas de vidas humanas. El estado ha recuperado su rol directivo. La salud pública no puede estar a merced del mercado.  La reactivación económica no puede plantearse en los mismos términos que antes de la pandemia. Es necesario reaprender y dar a tal reactivación otro enfoque menos dependiente del consumo suntuario, de las necesidades creadas y no reales.

La seguridad tiene que ver con problemas sociales agravados por la pandemia, como la quiebra de empresas, de puestos de trabajo, o el incremento de la informalidad. La pobreza es el caldo de cultivo de la inseguridad. La mejor manera de contrarrestarla es atacando  sus causas sociales. La corrupción está asociada a la extorsión de los recursos públicos por prácticas dolosas de políticos desaprensivos. Se debe reimplantar la transparencia en el manejo de los bienes públicos. Ello exige un funcionamiento cabal del estado de derecho que contempla la existencia de pesos y contrapesos. Ya hemos comprobado que la concentración del poder es fuente de corrupción.    

Cualquiera sea la ideología que los políticos profesen, los baches en este campo son prácticamente los mismos. Pueden variar las prioridades, la selección de problemas, la prelación de los mismos, los énfasis, los métodos aplicados. Pero la dificultad de tamizar los problemas, de conjugar sus diversas aristas, de precisar las consecuencias de las decisiones, medidas y acciones, de definir estrategias para su buen cumplimiento son prácticamente las mismas, aquejan a todos los aspirantes al solio presidencial.

En el debate, los candidatos parten de soluciones, sin previamente analizar los problemas, como si las explicaciones fueran obvias. Si no se conocen a profundidad las causas de los problemas, no es posible dar con las soluciones más adecuadas.   

La política, entonces, se practica desde medias verdades. La salud pública, la crisis económica, las desigualdades sociales, la fragilidad institucional están imbricadas.  Tanto que por remediar un problema se puede estar creando otro de mayor magnitud.   Ello exige preparación y conocimiento. Muchos candidatos no han “manejado ni la tienda de la esquina”. Si fueran electos gran parte de su tiempo tendrían que dedicarlo a aprender el complejo oficio de gobernar, mientras los problemas del Ecuador no pueden esperar.   

Tampoco es aconsejable que el tiempo limitado que tiene un presidente para gobernar lo emplee para suturar heridas, como la sentencia ejecutoriada del caso Sobornos 2012-2016. Revertir ese proceso también demandaría dedicación, lo cual retardaría el enfrentamiento de los acuciantes problemas que afectan a las mayorías y al país.

La situación del Ecuador exige una política y unos políticos más abiertos a la ciencia y a la concertación. Éstas se apoyan en el método de la revisión y la refutación permanente. “Su confianza se construye en la capacidad para aprender de los errores, lo contrario a la infalibilidad de la que se jacta la política”, como afirma Adriana Amado en La Nación del 9 de enero del 2021.

Esta nueva manera de entender y practicar la política requiere de un aprendizaje anterior y no posterior a las elecciones. De ahí la importancia de contar con partidos políticos que propicien esta formación en un campo que hasta ahora ha estado en manos de la improvisación.
 
El nuevo gobierno va a enfrentar una crisis que no puede ser manejada con irresponsabilidad, demagogia ni revanchismo. Y que va a requerir de amplios consensos para dar con las mejores alternativas para enfrentarla. Nadie es dueño de la verdad. La polarización en las actuales circunstancias es criminal. La sociedad debe evaluar la capacidad real de los aspirantes a la más alta magistratura del país garantizando que la decisión soberana del pueblo no sea un cheque en blanco a favor de candidatos que no reúnen las condiciones mínimas para dirigir el país con seriedad, ética y solvencia cognitiva.

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