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21 de Febrero del 2021
Ideas
Lectura: 9 minutos
21 de Febrero del 2021
Rubén Darío Buitrón
Vacunación en Ecuador, un secreto inmoral
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Al ministro de Salud se lo recordará como nefasto en medio de la pandemia cuando esta sea historia, es esencial que se lo indague desde la Fiscalía General de la Nación y desde la Asamblea Nacional, donde, en un lógico ejercicio de indignación, ya tiene que enfrentar dos juicios políticos.

Los escándalos sobre el mal uso de la vacuna contra el Covid-19 han estallado en tres países: Argentina, Perú y, por supuesto, Ecuador. En nuestro subcontinente, como siempre, los dirigentes y altos funcionarios parecen entender al revés la antigua máxima de que llegar al poder no significa servirse de él sino servir al pueblo a través de él.

Ecuador, tristemente, no solo es parte de esa lista macabra de corrupción y falta de ética en la vacunación, sino que es el país que menos ha sido capaz de transparentar lo ocurrido porque la prensa convencional no ha hecho su trabajo a fondo y porque la Secretaría General de Comunicación del Gobierno (Segcom) ha mantenido un silencio sepulcral —nunca mejor dicho— acerca de lo que pasa con el programa de vacunación. ¿No es esa la función principal de la Segcom o la señora que dirige esta entidad supone que callando y enviando uno que otro comunicado por tuit vamos a olvidar esta grave situación?

Mientras en Argentina cayó el ministro de Salud, en Perú fueron expulsadas del Gabinete dos influyentes ministras. La prensa cubrió todos los detalles de estas dos situaciones y ayudó a reforzar la idea de que ser ministro o alto funcionario público o familiar de un secretario de Estado no significa tener prebendas para irse contra toda lógica y contra toda ética al aprovecharse de aquellas posiciones de poder para convertirse, como irónicamente lo llamaron en Perú, “pacientes VIP”.

Los dos escándalos, uno en Argentina y otro en Perú, han sido tan vergonzosos que los primeros mandatarios de ambos países han debido ofrecer sus disculpas a los ciudadanos de los países que gobiernan. Y lo hicieron no porque consideren que es inmoral lo que se hizo (dejar atrás de la fila de quienes debían vacunarse a los médicos, enfermeras y empleados sanitarios que más necesitan una medicina que los proteja de los contagios), sino que los rebasó la indignación popular.

Sin embargo, en el Ecuador, además de la ineficiencia y la torpeza con que el gobierno de Lenín Moreno y el ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos —al manejar la compra de un pequeña porción de vacunas que no alcanzan ni para un porcentaje mínimo de la población— no solamente que se cometió ese atentado que va más allá de la delicadeza y el respeto a quienes merecen la vacuna, sino que podría tener elementos para acusar de peculado a quienes dirigen la política estatal de Salud, el tema ha pasado casi desapercibido por la mayoría de medios, en especial los convencionales, que no se han fajado para investigar a fondo las travesuras y las mañas del ministro.

A este personaje, al que se lo recordará como nefasto en medio de la pandemia cuando esta sea historia, es esencial que se lo indague desde la Fiscalía General de la Nación y desde la Asamblea Nacional, donde, en un lógico ejercicio de indignación, ya tiene que enfrentar dos juicios políticos. El funcionario no solamente que al segundo día de llegadas las primera vacunas fue, personalmente, a supervisar que vacunaran a su madre en un centro geriátrico privado y no estuvo donde debía estar: comandando el suministro de vacunas al personal de primera línea de combate contra el Covid-19.

Pero si eso no fuera suficiente, y como él tuviera el derecho de hacerlo a su capricho, envió cartas a políticos conocidos, a directivos de instituciones estatales y gubernamentales y hasta a los rectores de las universidades, quizás creyendo que con eso voltearía la opinión pública a su favor. Esta temeraria jugada, que hunde cada vez más al ministro, recibió el rechazo mayoritario de los posibles beneficiarios.

Al ministro de Salud se lo recordará como nefasto en medio de la pandemia cuando esta sea historia, es esencial que se lo indague desde la Fiscalía General de la Nación y desde la Asamblea Nacional, donde, en un lógico ejercicio de indignación, ya tiene que enfrentar dos juicios políticos

Según el comunicador político argentino Mario Riorda, “hace pocos días, un importante líder latinoamericano me dijo que la verdadera división en la dinámica electoral, de movilizaciones y confrontaciones en América Latina, se debe a los ‘privilegios’”. Los escándalos seguirán y, en consecuencia, los contagios y las muertes se propagarán entre el personal médico y entre los ciudadanos de a pie, quienes ven con desesperación que la vacuna aún está lejos de llegar a ellos.

Riorda aconseja que si los gobiernos “quieren cerrar la grieta, que muestren a quienes vacunaron por privilegio o por fuera de los turnos públicos”. Y yo agrego: que expliquen a cada país, a sus ciudadanos, por qué lo hicieron.

Aquella invitación del ministro Zevallos, invitación que tampoco fue difundida por el Segcom, ha tenido respuestas dignas, como la de la rectora de la Universidad de Cuenca, María Augusta Hermida, quien contestó públicamente al Gobierno y a Zevallos con una reflexión serena, pero contundente: “Las universidades ponemos a disposición de la sociedad nuestro contingente científico y médico para el proceso de vacunación que debe hacerse con criterios de salud pública y atención prioritaria. Las rectoras y rectores no somos prioridad”. Y añadió: “La pandemia es más dura con los sectores vulnerables. Los recursos públicos deben priorizarse para atender a la población de más riesgo”.

Por supuesto, la arquitecta Hermida no tuvo ninguna respuesta de los comunicadores del Gobierno o del ministro de Salud. Al contrario, a medida que pasaban los días se iba conociendo más “invitados VIP” a este escándalo no solo irregular según las leyes del país, sino abusivo, arbitrario y grosero por parte del Régimen. Y todo esto sin contar con otro problema absurdo de la Segom: aparte de su silencio, como hemos dicho interrumpido por uno o dos comunicados cuando la población más presionaba para que le explicaran estos actos arbitrarios, hay un acto de violencia excluyente para la sociedad. Como sostiene el catedrático Fernando Ortiz, “cada vacuna puesta selectivamente en las supuestas élites del país es una afrenta a las prioridades nacionales con dinero público”.

Si alguna institución pública está provocando la vergüenza nacional, es el Ministerio de Salud. Según un documento que hizo circular la periodista Jaqueline Rodas, de Ecuavisa, el doctor Zevallos, con una actitud poco respetuosa de los reclamos de los médicos y de la gente común, cometió otro abuso al invitar (¿bajo qué criterio?) a políticos como el expresidente Oswaldo Hurtado para que sea parte “de las invitaciones que se hicieron desde el Ministerio a algunas personas para que se vacunen anticipadamente”. Hurtado, en una respuesta que más se asemejó a un niño cogido en falta que a un estadista, respondió: “Acepté bajo la condición de que antes fuera vacunado el personal de salud, por encontrarme en el grupo etario de mayor riesgo de muerte debido a mi avanzada edad de más de 81 años”.

En redes sociales, con ironía, el tuitero @borisforero escribió una reflexión contundente respecto de los abusos y la prepotencia de las autoridades sanitarias y el silencio de la Secretaría General de Comunicación: “Han convertido al Plan de Vacunación en el nuevo Gastos Reservados”.

En otro pensamiento contundente, un tuitero fue más allá y reprodujo lo que dijo en la televisión argentina el gran exfutbolista Óscar Ruggieri en relación al Plan de Vacunación del gobierno argentino, donde también se han producido irregularidades: “¿Qué ya van con los jubilados? Pero háganlo. Pibes intendentes y comisarios, no me muestren la carita en el noticiero diciéndome ‘miren, me estoy vacunando’. No sean cancheros, no sean ventajeros. Mientras tanto, mi mamá, sin vacuna, 87 años, encerrada en mi casa en Corral de Busto. Hace un año que no la veo. Y ustedes me muestran que se vacunan. ¿Y los viejos que se mueren? ¿Y los enfermos? ¿En qué país estamos? Que se mueran los abuelos, ¿no? Ustedes son unos ventajeros de mierda”.

[PANAL DE IDEAS]

Giovanni Carrión Cevallos
Gabriel Hidalgo Andrade
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Paolo Vega López
María Amelia Espinosa Cordero
Carlos Rivera
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