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22 de Marzo del 2021
Ideas
Lectura: 5 minutos
22 de Marzo del 2021
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Vacunación: mendicantes de honorabilidad?
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Hace rato nos convirtieron en crónicos mendicantes. Nos hemos convencido de que nada podemos por nosotros mismos. Uno de los candidatos presidenciales afirma que ha acudido a un país vecino para que, por su intermedio, nos lleguen las vacunas.

Entre nosotros, la vacunación contra el Covid 19 se mueve a paso de tortuga artrítica. Como si esa lentitud mental y ética perteneciese al poder, como si formase parte de la idiosincrasia, de la ideología socio-política del poder. Este caminar nos hace los últimos en casi todo. La lentitud forma parte constitutiva del poder. Esa lentitud asumida casi como si se tratase de un título honorífico. En realidad, nos permite recibir la conmiseración, cuando no la burla, de otros. Además, también es parte del manejo parroquial de quienes se embriagan con esas gotas de poder que les ha salpicado por milagro. 

Hace rato nos convirtieron en crónicos mendicantes. Nos hemos convencido de que nada podemos por nosotros mismos. Uno de los candidatos presidenciales afirma que ha acudido a un país vecino para que, por su intermedio, nos lleguen las vacunas. Y no pocos le creen.

Cuando se destinan los fondos necesarios para adquirir las vacunas para los héroes del frente de batalla, lo primero que aparece es la corrupción: esa mala fe de los vivarachos que no dejan pasar oportunidad alguna sin sacar tajada. 

La corrupción es polifacética. Por ende, haríamos mal en pensar que se trata tan solo del robo del dinero público. Tal vez la peor de todas las corrupciones tenga que ver con el robo de la confianza, la fe de la población en sus dirigentes. Depositada, por ejemplo, en un ministro de salud al que se le entregan las primeras vacunas para que empiece a proteger a los más urgentemente necesitados, como el personal de salud de primera línea. Pero él, como es fiel a los suyos, comienza por su familia, luego va a sus amigos y a los amigos de sus amigos. Si sobran, a uno que otro viejo común y corriente, para disimular lo perverso.

Cuando al ministro se le pide que haga pública la lista de los vacunados, se hace el sordo, el que no entiende la pregunta. No sabe qué tenga que ver la honorabilidad con las vacunas. Como los demandantes no se convencen de sus simplonas respuestas y menos de su silencio, renuncia, toma un avión y se va. Acto profundamente impúdico. ¿Y su jefe, el presidente? Mejor no preguntar. 

Si no estuviésemos sometidos perrunamente al poder, no acontecerían estas cosas. Si en verdad las leyes valiesen por sí mismas y si la justicia no estuviese en manos de corruptos, no acontecería nada de esto.

Si no estuviésemos sometidos perrunamente al poder, no acontecerían estas cosas. Si en verdad las leyes valiesen por sí mismas y si la justicia no estuviese en manos de corruptos, no acontecería nada de esto.

Masivamente y utilizando todas las estrategias posibles, parte de la población de la tercera edad ha tratado de inscribirse respondiendo al pedido del gobierno. La fantasía es que ya, inmediatamente, todos serán vacunados en orden y prolijamente. Sueños de condenado a muerte. 

Son varias las razones que explican nuestro desamparo social, económico y ético. La corrupción es la primera, la segunda y la última de las explicaciones. Desde luego, estamos pobres porque los políticos, los vivarachos, los estafadores, manejan no solo nuestra economía sino también nuestra ética. Aquellos que, incluso desde fuera del país, tienen en sus manos los hilos de las próximas elecciones. 

La corrupción se disfraza de todo, especialmente de honestidad. Es lo que permite que, en tiempo de elecciones, se engañe a una parte importante de los electores. El mejor político, aquel que triunfa y llega a la presidencia no puede seguir siendo quien más y mejor engañe. No puede ser aquel que ofrece, bajo juramento, la redención de los pobres mediante un grueso bono con el que se está comprando el voto y violentando la ley y la ética. El Consejo Electoral guarda un silencio de complicidad. Ofrece miles a sus los votantes. Aquel que una vez en la presidencia, se olvidará de todo juramento y promesa. 

Es el mismo que, como gran prueba de su agilidad mental y política, nos cuenta que el gobierno argentino le ha asegurado que, una vez que triunfe, le proveerá de todas las vacunas necesarias para inmunizar el país. El candidato supone que ignoramos que Argentina no solo no produce vacunas, sino que vive sus antiguas y actuales crisis económicas. 

Ya aparecerán por doquier los vacunadores rápidos. Los que por unos cuantos dólares inyectarán cualquier agua a los ingenuos y pobres que inclusive recibirán el certificado pertinente. Y se enterarán las autoridades. Y pondrán el grito en el cielo. Y no pasará nada. 

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