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1 de Febrero del 2016
Ideas
Lectura: 4 minutos
1 de Febrero del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Vanidad del correísmo
El mejor momento del correísmo ya pasó. Y no precisamente está vinculado con los altos precios del petróleo. La profundización del modelo autoritario, que es precisamente el que castigó a Bustamante por pensar críticamente, se explica en la necesidad desesperada de conservar el poder y disciplinar a los últimos militantes y funcionarios que huirían en desbandada cuando todo esto acabe.

El correismo está enfermo de muerte. La sanción disciplinaria impuesta a Fernando Bustamante y su posterior desafiliación del partido correísta desnuda a un oficialismo debilitado por su cada vez más notoria ausencia de criterio político. Bustamante cometió el sacrilegio de votar a favor de su conciencia en la aprobación de las enmiendas constitucionales y eso tuvo sus consecuencias.

“Si en este momento lo que vamos a tener son tribunales ideológicos que digan lo que se puede decir y lo que no se puede decir a un Asambleísta de la República, que se debe ante todo a los votantes que lo llevaron a este curul, obviamente ya no estamos en una democracia”, dijo el ex hombre fuerte del correísmo que ahora, después de nueve años de disfrutar de las mieles del poder, confiesa haberse despertado en medio de un gran pantano de autoritarismo, acoso y persecución.

Pero para el presidente Correa solamente es válida su propia vanidad. Como vanidoso confeso aseguró que hasta “estaba dispuesto a sacrificar incluso la saludable vanidad” que siente al pensar en reelegirse indefinidamente. Al mostrar su rechazo en contra de Bustamante calificó como una traición lo que él considera como una actitud vanidosa. Pero ¿es realmente un trance de vanidad la exposición consciente al rechazo de una agrupación política que odia obedientemente para evitar el escarmiento al que somete? ¿Es vanidoso quien obra bajo los dictados de su conciencia?

El asambleísta Bustamante, antes ministro de gobierno y figura destacada de la revolución, fue castigado con medio año de inhabilitación para el ejercicio de su curul asamblearia y boicoteado su ejercicio en la presidencia de la comisión de relaciones internacionales en la Asamblea Nacional. Esto sucede en un momento de incertidumbre interna sobre el futuro del proyecto revolucionario del correísmo e inestabilidad en un gabinete de ministros al que perteneció Bustamante. Los liderazgos más fuertes del oficialismo, entre ministros y asambleístas, desertaron paulatinamente al mismo tiempo que se ha ido desgranando la aceptación electoral del gobiernismo.

El mejor momento del correísmo ya pasó. Y no precisamente está vinculado con los altos precios del petróleo. La profundización del modelo autoritario, que es precisamente el que castigó a Bustamante por pensar críticamente, se explica en la necesidad desesperada de conservar el poder y disciplinar a los últimos militantes y funcionarios que huirían en desbandada cuando todo esto acabe.

Si un ex hombre fuerte del gabinete de ministros del presidente Correa vota a favor de su conciencia, en contra de los fundamentalismos del proyecto reinante y se desafilia denunciando la derogación de la democracia, algo debe suceder al interior del oficialismo que deba tener total independencia de la crisis mundial y de los bajos precios del petróleo. 

También es cuestionable que se diga que la mayoría de ecuatorianos apoyan este proyecto autoritario. Después de las elecciones presidenciales de 2006, en donde consiguió el 70% de los votos, la decadencia de la revolución ciudadana empezó entre el 2009 y 2012 cuando cayó en alrededor del 20% el apoyo electoral al régimen en comparación con su mejor elección. Sin una crisis económica como la que se vive actualmente, el correísmo empezó a perder progresivamente su fuerza electoral, lo que demuestra que el gran enemigo del correísmo es el mismo correísmo.

“Preferimos ser menos… váyanse nomás”, dijo el presidente Correa al referirse a las recientes desafiliaciones de figuras prominentes de su revolución. Claro que son menos, ahora más ante la falta de liquidez y la necesidad de recortar el funcionariado que deja vacías las plazas y parques que antes llenaban para apoyar un proyecto político sin plata, sin tolerancia y sin ideas.

@ghidalgoandrade

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