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16 de Marzo del 2015
Ideas
Lectura: 10 minutos
16 de Marzo del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Venta loca de electrodomésticos y salvaguardias
Este fin de semana un hormiguero humano se volcó a comprar electrodomésticos, desoyendo el llamado de Correa de postergar su renovación. Es el reflejo de un régimen que ha fomentado el consumismo de lo importado y que ahora levanta barreras arancelarias. ¿Qué significan las salvaguardias?

Las escenas se repitieron este fin de semana en todos los almacenes de electrodomésticos.

Estuvieron llenos a reventar, con los vendedores corriendo de un cliente a otro, gente amontonada frente a los escritorios para cerrar los contratos a plazos y largas colas frente a las cajas para pagar la primera cuota. Cocinas, televisores, refrigeradoras, aires acondicionados, campanas extractoras de olores, computadoras, equipos de sonido, todo se vendía a una velocidad de vértigo, lo mismo en El Recreo que en la Ipiales que en la Naciones Unidas que en El Bosque.

“Es que nunca nos han hecho una propaganda igual. Decir en vivo y en directo en la sabatina que posterguen hasta el 2016 la compra de electrodomésticos fue la mejor propaganda para que vengan corriendo a comprar”, me dijo, guiñando un ojo, un vendedor en uno de los almacenes de la avenida Naciones Unidas, donde se ubican las principales cadenas de electrodomésticos. “Debe ser el mejor sábado de la historia de este almacén”, completó, viendo el hormiguero en que se había convertido el local.

Iguales conversaciones tuve en todos los almacenes que visité. En uno, situado en la zona de El Bosque, un vendedor me dijo que sus ventas habían crecido 80 por ciento en estas dos semanas, desde el consejo del Presidente. “Y así no le quieren a Correa”, ironizó, pensando en sus comisiones.

Todo el mundo quiere comprar ahora, a los precios actuales, antes de que la siguiente remesa venga con los incrementos de las salvaguardias arancelarias. Los vendedores estaban conscientes de que por supuesto incremento de precios se había clausurado algún almacén en el sur de Quito, por lo que se cuidaban de repetir que en su local se respetaban los anteriores. Además, con la facilidad de comprar a crédito (algunos almacenes ofertaban a 12 meses sin intereses), aquello era una quemazón.

Consecuencia de la propaganda involuntaria del presidente Correa, las escenas de este fin de semana son un retrato vivo de su política económica: el crecimiento inusitado del consumo de artículos importados, presionado por un gasto estatal desaforado (el Estado representa ahora 50% más de la economía, según Pablo Lucio Paredes), se quiere ahora detener con el alza de aranceles sobre un tercio de las importaciones y no, como debería ser, con un corte radical del gasto.

Este incremento de aranceles es por supuesto la “salvaguardia” que dice el Gobierno: defensa y escudo para salvar la dolarización frente a la salida de divisas. Una medida desesperada, una vez que el gobierno se dejó arrinconar con los repetidos errores de su política económica y la caída a la mitad de los precios del petróleo. En enero, el Ecuador registró un déficit en su balanza comercial de 481 millones de dólares, más del doble de los US$ 213 millones de igual mes del 2014, debido sobre todo, como lo señala el informe semanal de Analytica Securities, a la caída de 56% de las exportaciones, cuyo valor bajó de 442 millones de dólares en enero del año anterior a US$ 195 millones este (cifras redondeadas).

Con las sobretasas de 5%, 15%, 25% y 45% impuestas a 2.800 partidas del arancel (que se añaden a las tasas que ya venían pagando esos bienes, lo que da como resultado impuestos totales de hasta 90% en algunos casos), se busca reducir las importaciones en US$ 2.200 millones. Esas sobretasas durarán 15 meses; por coincidencia, se retirarán justo antes de las elecciones de 2017, y según anuncia Correa, todo volverá a ser como antes. Pero ¿cómo? ¿No es que no van a subir los precios? Entonces, daría igual que haya sobretasas o no.

La verdad es que el año pasado el Ecuador importó US$ 26.500 millones, sin duda una cifra descomunal, impulsada por el gasto público desbordado del Gobierno, que se aceleró desde el 2011.

Correa acepta que habrá alzas de precios, pero solo para los que comen salmón. Con sus risitas sarcásticas dice que no le importa si los chocolates y perfumes extranjeros cuestan más, y este sábado, se burló de quienes quieren hacer marchas porque “ha subido el precio de las acuarelas” (el desafortunado ejemplo utilizado por una funcionaria de la Cámara de Comercio de Guayaquil), pero la verdad es que el problema es mucho mayor. No solo que los exportadores chilenos de manzanas ya están pidiendo que se impongan aranceles al banano y a las flores ecuatorianas (y ni Perú ni Colombia ni otros socios comerciales se chuparán el dedo), sino que la medida afecta a una cantidad de bienes indispensables como llantas, correas de transmisión, esencias, hilos, tejidos, entre tantos otros ejemplos, por lo que significará no solo alza de precios en productos finales sino disminución de la calidad de vida (lo de las acuarelas era un ejemplo del alza radical de costos de los útiles escolares que traen las sobretasas) y, lo que es peor, pérdida de puestos de trabajo y caída del PIB, al afectar cadenas productivas.

Correa, con la displicencia con que trata a todos los que no piensan como él, repite que el problema no es fiscal sino monetario: se trata de salvar la dolarización dice, a la que, de paso, siempre le da una tunda. Es elemental reflexionar que la dolarización no estaría en problemas si su gobierno no se hubiese dejado arrinconar y hubiese apartado durante el período de precios excepcionales del petróleo, un pequeño porcentaje, dígase el 5%, de todo los ingresos de estos años, o aún mejor, el excedente sobre el precio del barril fijado en el presupuesto fiscal de cada año. Con ello, hoy tendría un fondo de entre US$ 5.000 y US$ 8.000 millones para enfrentar la crisis.

¡Pero los fondos de ahorro le horrorizan a Correa, se burla de quienes los proponen, los estigmatiza! Según él, hay que gastar para generar desarrollo, pero en eso se parece a la mayoría de los ecuatorianos que gastan todo lo que les entra y no ahorran nada, como se vio este fin de semana con la locura de comprar electrodomésticos. Y, siendo un economista, que en sus clases en la San Francisco se mostraba de derecha, tiene un concepto totalmente errado de lo que es desarrollo.

Es que desarrollo, economista Correa, perdóneme que le diga, no es gastar por gastar ni generar –con un aparato burocrático gigantesco, de más de 600.000 burócratas, y un gasto incontrolable–, una inmensa demanda agregada, que presione sobre las importaciones. Están bien los gastos en salud y educación. Pero ¿y las consultorías? ¿Sabe cuántas consultorías se han hecho en su Gobierno? Dicen que su amigo y mío, Pancho Borja, se encontró con tantos informes de consultorías en el ministerio de Cultura que lo primero que ordenó es… ¡que alguien lea esas consultorías! Desarrollo (tal vez sí habrá oído usted hablar de ello en su maestría en Europa o en su doctorado en EEUU), es fomentar la productividad, impulsar la creatividad, atraer la inversión, crear empleo productivo…

Pero para usted, olvidándose de lo aprendido, el Estado lo ha sido todo en estos ocho años. Y solo ahora, en la desesperación de la crisis, se acuerda del sector privado, cuando lo que ha hecho es generar desconfianza; acosar a los emprendedores con trámites, tasas, impuestos, regulaciones, exigencias laborales, burocracia, incomprensión, falta de diálogo; cuando ha cambiado constantemente las reglas de juego (diez reformas tributarias, para comenzar) y cuando ha ahuyentado la inversión.

Y, por si acaso, que yo solicite apoyo a la producción no se debe a que me haya vuelto neoliberal. Como socialdemócrata, siempre he creído en el papel del sector privado, regulado por el Estado. Apoyar a la producción es partir de que el Estado no es el principio y fin de la actividad económica, como usted ha pretendido estos años.

Aumentar las exportaciones, crear una verdadera industria nacional no se hará con la subida de aranceles. Ni siquiera estamos volviendo al modelo cepalino de sustitución de importaciones, pues, en el mundo actual de apertura de mercados y OMC, no puede imponer las salvaguardias más allá de 15 meses, muy conveniente pues podrá retirarlas justo para la campaña de su reelección. ¿Cree que para entonces seguirá teniendo la adoración popular? Tal vez para esa fecha sea su gobierno el que necesite la salvaguardia.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Burgos Jara
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Luis Verdesoto Custode
Carlos Arcos Cabrera
Mariana Neira
Luis Córdova-Alarcón
Fernando López Milán
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