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13 de Mayo del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
13 de Mayo del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Verde, que te quiero verde
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No, no se trata de los versos de Federico García Lorca. Sino de una nueva invitación al magnífico festín de la corrupción correísta. De entrada, el minucioso y muy elaborado discurso de la honorabilidad de Alianza PAÍS sostenida en las inmaculadas manos y conciencia del nuevo gran profeta de salvación nacional: Rafael Correa Delgado. El mismo que comenzó demandando al Banco del Pichincha y del que finalmente logró una jugosa cantidad de dinero que, bueno y honorable como ha sido siempre, no iría a su cuenta personal sino a los niños pobres del país. Qué ejemplar desprendimiento: hasta lloraron de emoción sus compinches e incluso algunos guagólogos de su equipo. ¡Por fin había llegado a estas tierras un verdadero, santo, verde y honorable redentor! 

Y saltaron de alegría cuando la nueva justicia falló a su favor, Y aunque no le dieron los millones que exigía, sí lo suficiente para la entrada de una buena vivienda en Bélgica. Los guagólogos se miraron las caras. Y callaron los predicadores de la redención. Pero muchos otros dedujeron en seguida que, en adelante, el discurso del redentor sería siempre y sin excepción eminentemente mentiroso, procaz y perverso. 

Sin duda alguna, no fue ese el primer acto de la gigantesca corrupción que se generaría a lo largo de su década bien ganada para él y para muchos. Arroz verde aparece como el nombre de un sistema destinado a robar parte de los sueldos de empleados y funcionarios del régimen correísta supuestamente para sostener el fondo político de Alianza PAÍS. Un sistema sabiamente dirigido por una asambleísta de entonces y que, ni tonta ni perezosa, también se decidió a sacar tajada para su provecho. El correísmo aplicó a la perfección aquello de que el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo.

Fue la época de la brillantez intelectual y política. Lo verdaderamente jurídico sencillamente fue desconocido. En su sustitución apareció otro sistema jurídico y moral y sobre todo adecuado hábilmente a las normas de la receta para elaborar el arroz verde con el que se alimentarían los dirigentes de AP y con el que se sostendrían los procesos promocionales y electorales de Correa y los suyos, esos que hicieron mayoría en una Asamblea legislativa en la que juraron sumisa obediencia al mandamás. 

Con ínfulas de rey sol, se apropió del Estado e hizo lo que le vino en gana. Tan solo nuestra cordura legal y cívica impidió que se convierta en el Maduro del país.

Desde luego que estrategias como estas se hallan explícitamente prohibida por la ley. ¿Prohibido? Esta palabra carecía de todo valor en AP y en los ejercicios del poder del correato porque sus intereses se hallaban sobre toda norma por más jurídica que fuese. Con ínfulas de rey sol, se apropió del Estado e hizo lo que le vino en gana. Tan solo nuestra cordura legal y cívica impidió que se convierta en el Maduro del país.

Posición absolutamente perversa apropiarse de parte de los salarios de los empleados y funcionarios para el bien personal de Correa y de su hambre insaciable de poder y de riqueza. Y qué perverso, a nombre de Correa y de Alianza PAÍS, aprovecharse del trabajo y del salario ajeno para su propio enriquecimiento.

¿Tráfico de influencias? Sin duda. Sin embargo, también se trataría de una organización destinada a delinquir. Correa enseñó a propios y extraños las mejores maneras para ser poderoso con los dineros ajenos. Bajo las órdenes de Correa, el país entero y todos los bienes del Estado y de las instituciones sociales y solidarias, como el IESS, se convirtieron en botín político del que alegre y abusivamente se apropiaron para beneficio personal. Se trata, pues, de un auténtico y perverso sistema de latrocinio disfrazado con los vestidos del quehacer político, tal como lo denuncian las investigaciones periodísticas. 

Quien mucho habla de la pera comérsela quiere. El lema de la honorabilidad a toda prueba predicado sin cesar por Alianza PAÍS no fue sino un parapeto destinado a ocultar todas las inmoralidades que se cometían día tras día, año tras año, sin cesar. A lo largo de una década infinita no se cansaron de desayunar, almorzar y cenar arroz verde. Con ese arroz se adquirieron bienes patrimoniales como casa, fincas, oficinas dentro y fuera del país. 

El país demanda un nuevo sistema judicial a cargo de profesionales realmente honorables y no solo de nombre. Funcionarios que no hayan tenido nada que ver, ni remotamente, con la siembra, la cosecha y el menú del arroz verde en todas sus expresiones y recetas. Por ende, una justicia que no cese de perseguir a todos aquellos que se aprovecharon del régimen anterior para delinquir. 

Por ende, es preciso que el país entero y las instituciones pertinentes no permitan que sembradores, cosechadores y comensales del arroz verde se incrusten en las instituciones que dirigen y organizan el país. Todos ellos deberían estar en el único lugar que en realidad les pertenece: la cárcel. 

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