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23 de Julio del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
23 de Julio del 2018
Guillermo Rovayo

Abogado, experto en derecho humanos y movilidad humana. 

Las víctimas del conflicto colombiano, más allá de las fronteras
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Desde hace meses, Marlon manifestó haber recibido amenazas que provenían de las denominadas 'Autodefensas Gaitanistas' y luego de las llamadas 'Aguilas Negras'. Nadie le hizo caso a estas advertencias. Tanto entidades públicas del Ecuador como organismos que tendrían por mandato proteger los derechos de los refugiados, no le hicieron caso. Pensaron que era una exageración.

La anterior semana murió en Ecuador Marlon. Un líder afrocolombiano, reconocido como refugiado en Ecuador, quien fue víctima de un atentado. Aún no podemos corroborar si su muerte se debió a la delincuencia común o fue víctima de uno de los tantos grupos narco paramilitares que actúan desde Colombia y cuya mano llega a Ecuador.

Desde hace meses, Marlon manifestó haber recibido amenazas que provenían de las denominadas “Autodefensas Gaitanistas” y luego de las llamadas “Aguilas Negras”. Nadie le hizo caso a estas advertencias. Tanto entidades públicas del Ecuador como organismos que tendrían por mandato proteger los derechos de los refugiados, no le hicieron caso. Pensaron que era una exageración.

Pero la realidad es concreta: el murió. Su caso se suma a los más de 320 líderes sociales asesinados en Colombia desde el año 2016, y cuya cifra – para preocupación de todos – sigue creciendo cada día. También se suman las víctimas en que hemos debido enterrar en Ecuador (Katty, Oscar, Paúl, Efraín, Javier y decenas de campesinos cuyos nombres se han ocultado en parroquias como Mataje, Maldonado, General Farfán).

Todos estos acontecimientos, develan algunas hondas preocupaciones.

¿Cuál es el nexo de los grupos irregulares – particularmente de la narco parapolítica colombiana – con ciertas figuras públicas del Ecuador? Si no existiera esta atípica relación, no se podría entender que estos grupos estén actuando con tanta libertad en nuestro país. Como pueden atemorizar y asesinar a mansalva y sentirse con la suficiente protección para dejar sus hechos en la impunidad total.

También no de deja de ser preocupante el alto grado de impunidad. ¿Cuál es la fuerza de estos grupos que incluso llegan a atemorizar a toda la estructura judicial de Ecuador y Colombia? En ambos lados de las fronteras los familiares de las víctimas han encontrado respuestas poco claras y más bien ambiguas.

Adicionalmente, preocupa la paulatina normalización en la sociedad de estos hechos. Tras la muerte de los 3 miembros del equipo periodístico de El Comercio, el resto de casos casi han llegado a ser nota de segunda plana (y en algunos casos ni siquiera son tomados en cuenta).

Estamos en un momento en el que el giro que ha tomado el conflicto colombiano empieza a mostrarse en sus facetas más inhumanas y crueles. Está golpeando con elevada fuerza a sectores totalmente inocentes.

En el lado de Colombia, se ha ensañado contra líderes sociales y populares que lo único que han buscado es profundizar en la aplicación del proceso de paz que está siendo cuestionado por quienes asumirán el gobierno en dicho país. Cuestionamientos que provienen del interés de turno en mantener la guerra y la confrontación.

En el lado de Ecuador, ha golpeado a periodistas, campesinos (y de confirmarse) también se ha ensañado contra líderes sociales de poblaciones desplazadas. Todo esto, en momentos donde el tratamiento a los problemas en las fronteras (principalmente en la norte), no encuentra respuestas adecuadas y certeras. Más bien se sigue apostando a viejas y caducas soluciones que nunca han rendido frutos.

Definitivamente, este es un llamado a la acción a que aportemos a la paz en Colombia. Pero una paz que no debe implicar tan solo el silenciamiento de las armas, sino que ante todo debe partir del reconocimiento de la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas.

Esta apuesta, debe venir particularmente de Colombia, pero no puede quedarse tan solo en dicho territorio. Países como el nuestro debe reforzar una política de desarrollo social fronterizo como mecanismo de prevención para futuros escenarios violentos; pero también debe garantizar procesos de investigación donde no solamente se de con autores materiales de los hechos, sino que ante todo, se pueda desmantelar estos procesos desde las cabezas financieras y políticas de los mismos.

Este debe ser el mejor recuerdo para todos quienes han caído. Para aquellos de quienes tenemos certezas que fueron víctimas directas del conflicto colombiano; pero también para aquellos sobre los cuales tenemos aún dudas. Todas esas vidas, desde sus acciones cotidianas eran importantes; y por ende todas ellas merecen justicia integral ante lo sucedido.

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