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20 de Febrero del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
20 de Febrero del 2018
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Vicuña ¿una títere?
El ejercicio del poder es siempre eventual. Una enfermedad, una tragedia, la renuncia voluntaria o un golpe de Estado pueden anticipar el fin de un mandatario presidencial. Aun temporalmente, alguien como Vicuña, que es incapaz de hilvanar una sola argumentación seria sobre asuntos públicos, está descalificada para gobernar.
La vicepresidenta María Alejandra Vicuña asistió a un programa televisado de entrevistas. Todas sus respuestas fueron presentadas con sobrecarga de lugares comunes y adjetivos superlativos. No dejó de mencionar el “respeto irrestricto”. Mucha palabrería con poca sustancia. 
 
Absolutamente, definitivamente, totalmente, fundamentalmente son las palabras preferidas por los revolucionarios. Pero ¿cuál es el riesgo en la vacuidad de sus conceptos? 
 
Sobre la situación de Venezuela, la vicepresidenta contestó que el gobierno de Moreno respeta de forma irrestricta la autodeterminación del pueblo bolivariano. Nada dijo de la crisis sanitaria o alimentaria, del masivo desplazamiento humano, de la crisis migratoria, de la violencia interna, del genocidio, de los vínculos del régimen con el narcotráfico. No, todo fue tapado debajo de la trillada autonomía de la que disfruta ese pueblo para vivir en la miseria. 
 
Cuando se le preguntó sobre las nuevas relaciones del gobierno con los organismos multilaterales de crédito dijo que las condiciones de contratación de nueva deuda se harán en irrestricto respeto de los intereses nacionales. ¿Cuáles son esos intereses nacionales? ¿Podría explicarlos, señora Vicuña? 
 
En materia de relaciones internacionales, de acuerdos comerciales con otros países, de acuerdos políticos con actores internos o sobre la definición ideológica del régimen, abundó en florituras verbales para no decir nada. ¿Cuál es el riesgo de que personas con estos vacíos conceptuales ocupen estos cargos? 
 
El ejercicio del poder es siempre eventual. Una enfermedad, una tragedia, la renuncia voluntaria o un golpe de Estado pueden anticipar el fin de un mandatario presidencial. Aun temporalmente, alguien como Vicuña, que es incapaz de hilvanar una sola argumentación seria sobre asuntos públicos, está descalificada para gobernar. No quiero imaginar a alguien como ella que no entiende sobre ideologías, sobre relaciones internacionales, sobre comercio exterior, sobre deuda pública, sobre partidos políticos o sobre sociología del poder, enfrentarse a la tarea de armar un gabinete de ministros, negociar apoyos en la legislatura y definir las políticas públicas de un gobierno. Alguien así no debería estar tan cerca de la primera magistratura del Estado. 
 
Las únicas funciones de un vicepresidente consisten en reemplazar al presidente en caso de ausencia temporal o definitiva. Cumplir con las tareas asignadas por la Constitución, la ley o un decreto de delegación presidencial es siempre circunstancial. Un vicepresidente no es un vocero del gobierno porque para eso existe un secretario de comunicación, ni es un vínculo entre el Ejecutivo y los partidos porque para eso existe un secretario de Gobierno, ni es un decisor de las finanzas porque para eso existe un secretario de Economía. Un vicepresidente no es más importante que ningún ministro, salvo en los casos de reemplazo al primer mandatario cuando se ausenta de sus funciones. Un vicepresidente es un suplente del presidente. Nada más. 
 
Por eso es tan peligroso que personas como María Alejandra Vicuña se hagan cargo del primer puesto de prelación sucesoria hacia la Presidencia de la República, porque siempre existe el riesgo de que asuma esas funciones o que se quede con el poder de forma permanente. 
 
Alguien como ella, que no es capaz de decir más que muletillas prefabricadas por publicistas, es muy peligrosa por sus compromisos personales con la década pasada y por su falta de criterio político. Su padre, Leonardo Vicuña Izquierdo, comunista convencido, candidato a la vicepresidencia en binomio con Frank Vargas Pazzos en 1996, y tan iracundo defensor de Rafael Correa que hasta publicó un libro de lisonjas al correismo, es su mentor político. Es el cerebro detrás de los dichos y actos de la vicepresidenta, es quien la llevó a visitar al ex presidente en Bélgica, días antes de asumir la vicepresidencia en reemplazo de Jorge Glas, otro devoto incondicional de la revolución. 
 
Personas como éstas pueden cambiar de opinión todo el tiempo. La misma Vicuña defendió la reelección indefinida y después la atacó sin sonrojarse. Es del grupo de quienes estuvieron primero con Correa y ahora están con Moreno. ¿Qué vendrá después? 
 
Correa ya no puede venir a candidatearse para la presidencia, pero buscará de cualquier modo conseguir el poder aún sin ser su titular. Eso incluye hasta la posibilidad de urdir un golpe de estado. 
 
El riesgo de que personas sin criterio ocupen las más altas funciones del Estado es que se conviertan en una ventana de oportunidad para que quienes no están en el poder regresen como los titiriteros de un montaje que está por empezar. 
 
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Vicuña ¿una títere?
 
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