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16 de Septiembre del 2015
Ideas
Lectura: 6 minutos
16 de Septiembre del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

¡Viva la guerrilla semiológica!
Sí, un gobierno disciplinario puede controlar la totalidad de los medios de comunicación, puede esparcir su propaganda en la prensa, la televisión , y aún en los centros de educación. Pero hay algo que no puede manejar a su antojo, y es la manera en que estos códigos son recibidos por las personas.

Umberto Eco ha planteado (Estrategia de la Ilusión 1987) que, actualmente, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación. Así pues, el autor ofrece como ejemplo la caída de Nikita Kruschev, en la ex Unión Soviética, la cual no requirió de movimiento militar alguno. Bastó con cambiar las directivas de los principales medios de comunicación, es decir Izvestia, Pravda y las cadenas televisivas, para que la transición a un nuevo líder sea percibida de manera amigable por la, cada vez más crítica, sociedad rusa.

Por supuesto que la relación entre el control de los medios de comunicación y el control de las sociedades no es nada nuevo, Habermas ha teorizado sobre ese fenómeno, principalmente desde la manera en que la opinión pública puede llegar a ser cosificada y manipulada por los subsistemas políticos y económicos. Otros autores, como Noam Chomsky, han sugerido que los medios de comunicación pueden generar la falsa ilusión de consenso en los receptores, haciéndo creer que los intereses de los poderes dominantes coinciden con los intereses de los subalternos. Se podría continuar reseñando varios académicos, pero esto es innecesario. Es evidente que los poderes totalitarios (ya sean políticos o económicos) tienen un interés exacerbado por controlar los medios de comunicación para disciplinar la sociedad.

Sin embargo, el control absoluto de  las plataformas de emisión de la información y sus códigos de expresión son insuficientes para cosificar la conciencia de las personas. Existe un elemento clave que los grupos que detentan el poder suelen pasar por alto, y este tiene que ver con los individuos que receptan la información: las personas, usted lector, nosotros. En este sentido Umberto Eco propone la estrategia de la recepción crítica, es decir la relectura de todo cuanto proviene de los medios de comunicación de masas, especialmente  de aquellos totalmente alienados y cosificados. La recepción crítica es tan poderosa que puede desmenuzar las intenciones de manipulación de los espacios comunicativos secuestrados por el poder.  Esta actividad de resistencia lingüística, es tan potente que  ha sido definida por Eco como guerrilla semiológica.

El texto de el Umberto Eco es anterior a la caída de la Unión Soviética, pero cabe decir que el rol de la guerrilla semiológica fue especialmente demoledor en la disolución de la cortina de hierro. Así pues, a pesar que los medios de comunicación estaban tomados por los gobiernos totalitarios, la sociedad civil aprendió a releer las noticias y la propaganda de las dictaduras. De este modo, los burdos intentos de los líderes burocráticos por esparcir propaganda patriotera, a fin de preservar sus posiciones de poder,  fueron percibidos por los receptores (es decir las personas, hartas de ser sujetos cosificados bajo el partido único), como mohosas consignas que desprestigiaban aún más a sus gobiernos, y que no hicieron sino precipitar su inminente caída. 

Sí, un gobierno disciplinario puede controlar la totalidad de los medios de comunicación, puede esparcir su propaganda en la prensa, la televisión , y aún en los centros de educación. Pero hay algo que no puede manejar a su antojo, y es la manera en que estos códigos son recibidos por las personas. La recepción crítica hará una  trascendental diferencia.  La guerrilla semiológica permite al individuo informado desenmascarar las verdaderas intenciones de aquellos que manejan el poder mediático, y crear nuevos significados.

De ese modo los torpes movimientos autoritarios de la Sscretaría de Comunicación (Secom), o el despido de periodistas críticos, de medios supuestamente autónomos,  son en cierta forma positivos. ¿Suena terrible no? La verdad es que la censura torpe y directa nos permite entender la naturaleza violenta del régimen de manera más precisa y nos da la posibilidad resistir con más ímpetu.  La guerrilla semiológica es una estrategia válida de rebeldía que permite deconstruir los códigos manipulativos del régimen y visibilizarlos como lo que realmente son: elementos propagandísticos disciplinarios generados para anular las libertades.

La  revolución ciudadana ha realizado un intento agresivo por cambiar los juegos de lenguaje de la sociedad ecuatoriana, de modo que términos como ciudadanía, democracia, buen vivir, han sido convertidos en consignas que buscan fortalecer el autoritarismo, al trastocar y pervertir sus significados. Piense por ejemplo en la noción de lo político: está ha sido pervertida hasta hacerla aparecer como un elemento negativo que, según ellos,  debe perseguirse. De ese modo, si una organización de la sociedad civil ha sido identificada con lineamientos "políticos" debiera ser  clausurada, pues según los nuevos códigos lingüísticos del correismo habría  incurrido en una actividad reprochable. Sin embargo, la estrategia de la  guerrilla semiológica nos permite reclamar nuestra posición aristotélica de ser animales políticos , y no simplemente "animales" que es en lo que quiere convertirnos el régimen.

 

 

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