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23 de Febrero del 2022
Ideas
Lectura: 9 minutos
23 de Febrero del 2022
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Volver a los 90
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La misma configuración legislativa se está repitiendo, como si fuera la década de los 90, la década de los golpes. ¿Sucede lo mismo con la economía o los servicios básicos? Eso no importa, lo importante es sacar a Lasso del poder, aunque eso suponga destruir al país.

La década de 1990 es de ingrata recordación en Ecuador. El país sufrió el estancamiento de los precios del petróleo que se cotizaron entre 17 y 19 dólares por barril, lo que representó una disminución significativa en comparación con la década anterior a esta en la que los precios se mantuvieron entre 29 y 35 dólares por barril desde 1980.

Durante los 90 hubo una profunda crisis institucional. En octubre de 1995 el vicepresidente Alberto Dahik renunció a sus funciones un 11 de octubre tras experimentar un intenso hostigamiento legislativo y ordenarse su captura por la vía judicial. Dahik, acusado de beneficiarse de fondos reservados, fue vicemandatario del presidente Sixto Durán Ballén quien gobernó entre 1992 y 1996. Dominaba una mayoría liderada por el socialcristianismo en el Congreso Nacional.

En las elecciones presidenciales de 1996, Abdalá Bucaram derrotó al socialcristiano Jaime Nebot en el balotaje e instaló un gobierno que duró 6 meses hasta ser destituido por el Congreso Nacional bajo serios cargos de corrupción. Aquí también dominaba una mayoría liderada por el socialcristianismo en el Legislativo.

Bucaram fue reemplazado por Fabián Alarcón, quien convocó a una Asamblea Constituyente que redactó una nueva Constitución, que fue ratificada durante las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 1998. En la ocasión fue elegido el democristiano Jamil Mahuad, que fue destituido otra vez por una mayoría liderada por el Partido Social Cristiano, el 23 de enero de 2000, aprovechando que dos días antes una muchedumbre se tomara al sede del Congreso Nacional e instalara un breve gobierno militar.

Participó en el derrocamiento de Mahuad un coronel del Ejército que luego se candidateó y ganó la presidencia del Ecuador. Lucio Gutiérrez duró 2 años y 3 meses en el ejercicio del poder cuando otra mayoría liderada por el socialcristianismo lo declaró en abandono de su cargo y posesionó a su vicepresidente en una convulsa sesión legislativa instalada en un auditorio distinto al del Congreso Nacional. Ese día los legisladores fueron apaleados por una turba que los esperaba en los exteriores del edificio, otros se escondieron en el lugar y unos pocos lograron escapar por una puerta vehicular del subsuelo.

En el 2006 llegó Rafael Correa al poder e inmediatamente convocó a una Asamblea Constituyente. Tras lograr la destitución de 57 de 100 legisladores, perpetrar un golpe de Estado palaciego, expedir una Constitución hecha a la medida y concentrar el poder, el gobierno de Correa se hizo con todos los poderes del Estado. Desde entonces, y durante 10 años consecutivos, se estabilizaron las instituciones, cohabitaron pacíficamente el Ejecutivo y el Legislativo, y el mandatario pudo recibir el poder y transmitirlo pacíficamente.

También los otrora temibles socialcristianos descendieron hasta convertirse en la tercera fuerza política consiguiendo entre el 8% y el 15% de los votos, lo que resultaba muy distinto a los 25% o 30% de los votos que alcanzaron en las elecciones anteriores desde 1990 hasta 2002.

La mayor fuerza socialcristiana se acumuló durante esa década, que corresponde a un periodo de gran convulsión institucional. También es cierto que durante el gobierno de Rafael Correa se descabezó al Congreso Nacional, se convocó a porrazos la constituyente en el Tribunal Supremo Electoral, se decapitó a la Corte Suprema de Justicia y al Tribunal Constitucional, y se reformó la Constitución sin constituyente ni consulta popular. Pero todas esas formas de golpes de Estado no suponen la misma metodología de los golpes de Estado legislativos clásicos, los de la década de los 90.

Antes de 1990 las cosas tampoco fueron fáciles, pero al menos fueron estables para los gobiernos. Entre 1979 y 1992, todos los presidentes recibieron el poder y lo entregaron de forma pacífica, salvó Roldós que murió en un accidente aéreo.

Después de estos periodos de gobierno las cosas cambiaron cuando se produjo una serie de eventos de desestabilización que coinciden con la década posterior a la defensa de las privatizaciones, de la reducción del gasto público y de la desregulación financiera. Aunque no hubo privatizaciones importantes, la reducción del gasto público, provocada por la falta de ingresos fiscales, y la desregulación financiera que condujo al feriado bancario, marcaron esta época que será recordada por el caos institucional y por la precarización de los niveles de vida.

La misma configuración legislativa se está repitiendo, como si fuera la década de los 90, la década de los golpes. ¿Sucede lo mismo con la economía o los servicios básicos? Eso no importa, lo importante es sacar a Lasso del poder, aunque eso suponga destruir al país.

Esta circunstancia fue aprovechada por las mayorías legislativas coyunturales que profundizaron el caos institucional y perpetraron sucesivos golpes de Estado, en lugar de apostar por la estabilidad y el consenso democrático.

Pero todo cambió desde 2007 con un inmejorable precio del petróleo que escaló de los 70 a los 110 dólares durante la siguiente década. Lo que estuvo acompañado de una mayoría legislativa aplastante y una Constitución autoritaria. Con un precio del petróleo de 12 dólares como el que tuvo Mahuad en 1999 o de 1,3 dólares como tuvo José María Velasco Ibarra en 1968, hubiera sido imposible hacer lo que hizo el gobierno de esa época. El gobierno de Correa tuvo un precio del petróleo 10 veces mayor que el de Mahuad o 100 veces mayor que el de Velasco Ibarra. Y esos fueron los precios en promedio hasta que en 2001 empezaron a crecer desde los 23 dólares.

Los 90 es la década de los golpes de Estado. También es la década de la precarización de la vida. Los portavoces del golpismo dicen que el gobierno de Guillermo Lasso nos conduce a repetir esa historia aunque resulta al revés.

Hoy el socialcristianismo ha recuperado el poder legislativo que tuvo durante la década de los golpes. El correísmo se le sumó y quieren recuperar el control del poder. Ambos suman 67 escaños legislativos o el 49% de la representación asamblearia. Necesitan de unos pocos votos para hacerse del poder. Con poco esfuerzo se sumaron un grupo de indigenistas. De estos, que tal vez son 11, ya aumentarían a 78 escaños o el 57% de la representación con lo que podrían destituir a los miembros del Consejo de Participación, nombrar unos nuevos, elegir nuevas autoridades de control y luego enjuiciar políticamente al presidente y destituirlo, o solo destituirlo con una resolución de mayoría. En la maniobra ya se están arrimando legisladores de la ID e independientes.

La misma configuración legislativa se está repitiendo, como si fuera la década de los 90, la década de los golpes. ¿Sucede lo mismo con la economía o los servicios básicos? Eso no importa, lo importante es sacar a Lasso del poder, aunque eso suponga destruir al país.

¿A qué nos condujo todo el caos de la década de los golpes? A que tuviéramos distintos presidentes, todos débiles y sometidos a un poder legislativo fragmentado, vergonzante e inoficioso, que no representaba a nadie. A procesos políticos turbulentos, a decisiones opacas, a abusos de poder. Sí, quienes nos quieren instalar en los noventa son los correístas y los socialcristianos porque saben que después del caos que pueden provocar solo nos espera la elección de un caudillo autoritario, prepotente, soberbio, mesiánico, abusivo, corrupto. Uno como el que ya tuvimos después de lo que ya vivimos. La Historia se repite para quien la ignora. Crean el caos para que vuelva un Correa al poder.

@ghidalgoandrade

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