Back to top
15 de Noviembre del 2016
Ideas
Lectura: 7 minutos
15 de Noviembre del 2016
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Y el país? Que se lo lleve el diablo
La amnesia de los llamados políticos es realmente patológica e incurable. Si no fuese así, no tendríamos ahora un batallón de candidatos a la presidencia. Si no fuese así, no seguiría luchando por su nominación a la presidencia media docena de candidatos cuya inmensa mayoría ciertamente no tiene nada que decir ni hacer en la lid.

Hace muchos meses, en el fragor de las protestas sociales, todos, dirigentes políticos y ciudadanos de a pie, concordamos  en la imperativa necesidad de armar un solo frente para  las próximas elecciones como condición indispensable para vencer al inmenso poder acumulado por Alianza País a lo largo de esta década que ha durado tanto como un siglo.  Nadie dudaba de ello y menos, aparentemente, la dirigencia política pues tan solo así sería posible recuperar los espacios de las libertades y de las ideologías absolutamente anulados, denigrados y perseguidos por el régimen del presidente Correa. 

Salimos a las calles a reclamar y protestar. Logramos reapropiarnos de nuestra palabra y conseguimos que el régimen se diera cuenta de que no era cierto lo que había afirmado durante nueve años de que todo el pensamiento ideológico del país había desaparecido aplastado por AP, por la revolución por él comandada, por la revolución que actúa por sí y ante sí y que, por lo mismo, no tiene obligación alguna ni legal ni ética de dar cuenta de nada.

Entonces nos congratulamos y pudimos decir públicamente y a voz en cuello que tan solo la unión permitiría vencer al correísmo, máxima expresión de AP. Porque convenimos en que la reelección indefinida no implica tan solo una apropiación ilegítima sino fundamentalmente inmoral del poder porque se cimentaría en la desaparición de la independencia de las diferentes funciones que hacen el Estado y en la anulación casi macabra de las diferencias políticas. Para conseguirlo ya mucho antes se había metido  mano en la justicia y en el poder electoral para que la voluntad popular expresada en las urnas pase por el cedazo de AP. Por lo mismo, ese deseo entonces expresado no fue, de ninguna manera, deseo improvisado.

En el fragor de las manifestaciones, todos los dirigentes de las principales agrupaciones políticas estaban absolutamente convencidos de que había llegado el momento de armar un frente único y circunstancial con el único propósito de recuperar, en las próximas elecciones, no precisamente el poder en sí mismo, sino la democracia. También se habló de recuperar el país del que se ha apropiado el poder.

La dirigencia política también se dio cuenta, o lo evidenció, que en verdad los movimientos y partidos políticos se habían debilitado  hasta llegar casi todos al borde mismo del abismo de la desaparición.  Porque, de hecho, en ciertos casos, lo que realmente quedaba de algún partido era la voz solitaria de algún líder decidido a no perecer bajo el peso de la vorágine de AP.

Sin embargo, a la fecha, parecería que para esos partidos y movimientos políticos todo aquello o no aconteció nunca, o que fue tan solo un sueño de verano o que pertenece al mundo de lo mítico o que quizás sí aconteció realmente pero hace mucho, mucho tiempo del cual ya no hay memoria.

La amnesia de los llamados políticos es realmente patológica e incurable. Si no fuese así, no tendríamos ahora un batallón de candidatos a la presidencia. Si no fuese así, no seguiría luchando por su nominación a la presidencia media docena de candidatos cuya inmensa mayoría ciertamente no tiene nada que decir ni hacer en la lid por la presidencia. O, al revés, un grupo amorfo de candidatos cuyo único objetivo no sería otro que el facilitar,  de la mejor manera posible, la permanencia de AP. Divide y triunfarás, lo dijo Julio César, y tenía toda la razón.

¡Qué narcisismos tan elementales! ¡Qué falta de sindéresis y ética política! ¡Qué honor haber sido candidato a la presidencia del Ecuador! ¡De qué manera se hinchará la hoja de vida, ese curriculum que tendrá un plus incomparable! Y cuando, en las largas tertulias le pregunten por qué no lo eligieron, dirá sin sonrojarse que no llegó a la presidencia porque hubo fraude electoral, porque el gobierno de entonces nunca iba a permitir que él, el sabio, el único con  grandes ideas y méritos, llegase a gobernar el país que justamente vive como caballo desbocado porque no lo eligieron. 

La política nacional se halla histórica y largamente ligada a un rancio romanticismo en el que la queja y el lamento constituyen su fundamental alimento. Una política en la que el fatalismo romántico se expresa precisamente en esa multiplicidad de candidatos  cada uno de los cuales  pretende ser desde ya el gran salvador de la patria. La patria convertida en la bella durmiente que espera a su incógnito gran amante que la libere del mal. 

No se trata de leyendas de un tiempo heroico. No, lo que acontece ahora es la eterna repetición sintomática de nuestra crónica fragilidad ética y de nuestra amnesia política. Fragilidad institucional y jurídica que se reveló claramente en el momento en el que el presidente Correa pensó en la gran maravilla de la reelección indefinida que provocaría el convencimiento de que en verdad es el dueño del país. Para entonces ya era casi un dios. Apenas pronunció su deseo,  en un santiamén,  las cortes de justicia, las asambleas, las procuradurías, las fiscalías, todos al unísono alabaron tan magnífico deseo, lo  apoyaron y  automáticamente lo convirtieron en ley.  Y es que en eso consiste precisamente el meollo de toda revolución, ¿o ya nos hemos olvidado de innumerables Stalin, Franco, Pinochet y otros más? ¡Con cuánto amor sirvieron a la patria!

No es necesario citar el nombre de cada uno de los candidatos. ¿Para qué?  Y es que, en verdad, hacerlo carecería de toda utilidad social y política porque lo que acontece en el país va más allá de esos nombres. Lo que acontece en el país no es ni más ni menos que el síntoma  de una grave descomposición política y ética. Como un síntoma de este mal, se podrían mencionar los resultados de ciertas encuestas que, de pronto, dan ventajas impensables a los impensables e incluso a los desconocidos. ¿Hasta cuándo todo este mal?

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Rivera
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Giovanni Carrión Cevallos
Patricio Moncayo
Christian Escobar Jiménez
María Fernanda Solíz
Fanny Zamudio
Alexis Oviedo

[RELA CIONA DAS]

La razón de ser de los partidos
Patricio Moncayo
Dávalos y Montúfar: de la academia a correr por la Alcaldía
Redacción Plan V
Papeleta contra retorno autoritario
Gabriel Hidalgo Andrade
Las 244 promesas de Lenín Moreno
Rosa María Torres
La transparencia no es negociable
Patricio Moncayo
GALERÍA
¿Y el país? Que se lo lleve el diablo
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Nina Pacari: La fuerza indígena con rostro de mujer
Redacción Plan V
Patricio Pazmiño: ¿El retorno del Ministerio del Interior?
Redacción Plan V
Precarizados y censurados: el Covid agravó la situación del periodismo ecuatoriano
Fundación Periodistas Sin Cadenas
Los cabos sueltos y las verdades a medias del juicio a María Paula Romo
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

El camuflaje más sofisticado para la droga fue encontrado en Quito
Redacción Plan V
Galápagos se enfrenta a los gigantes
Juan Carlos Calderón
Interpol y la "Liga de presidentes justicieros" de Correa
Mariana Neira
César Ulloa: "las élites no tienen un proyecto de país"
Redacción Plan V