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29 de Mayo del 2019
Ideas
Lectura: 7 minutos
29 de Mayo del 2019
Alexis Oviedo

Phd por la Universidad Católica de Lovaina. Ex investigador del Centro de Aprendizaje Continuo y Participación de esa universidad. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

Y sigue tan campante
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Con todos los números a la baja de las encuestas, el gobierno del licenciado Moreno se muestra estable. ¿ A qué se debe?

Cuando la famosa marca de whisky Johnnie Walker cumplió 150 años, promocionó el eslogan: “Y sigue tan campante”, subrayando que la bebida seguía siendo preferida y había trascendido modas y gustos.

Ese eslogan podría aplicarse al gobierno del Ecuador. A pesar de que las encuestas indican que su titular, el licenciado Moreno, es una persona desagradable para un 64.47 % de encuestados y que 72.33% consideren mala su gestión, él presentó su informe a la nación en una apacible atmósfera política. Fueron solo ciertos comentarios en redes sociales que mostraban que de los 19 datos presentados en el informe a la nación, 8 resultaron falsos y 3 insostenibles, los que salpicaron la paz del viernes 24 de mayo.

Algunas pitonisas, sobre todo correístas, decían que en este informe anual el licenciado dimitiría de su cargo y anunciaría la muerte cruzada, pero no ocurrió nada de esto. Por el contrario, días antes y después del informe anual el licenciado presidente dijo a los médicos internistas que simplemente no hay plata; apuntaló la agenda de concesiones (léase privatización) de empresas públicas. Continúa promocionando los esquemas de flexibilización laboral y se ufana de la forma en que sigue al pie de la letra las recomendaciones del FMI. A pesar de sus decisiones para reducir el aparato estatal a fuerza de despidos o el anuncio del incremento de años de aportes previos a la jubilación, que en otras épocas hubieran sacado a miles de compatriotas a las calles, nada de eso ocurre en esta ínsula tropical, Lenin Moreno, como Johnnie Walker, sigue tan campante. 

Con todos los números a la baja de las encuestas,  el gobierno del licenciado Moreno se muestra estable. ¿ A qué se debe?

Mucho influye el haber consolidado ante los Estados Unidos su imagen de aliado incondicional. Luego del affaire Assange, Lenín se muestra como buen amigo de la nación norteña (en la práctica ha hecho más méritos que el mismo Lucio, quién se declaró el mejor amigo de Bush), a tal punto que hace pocos días, David Hale, el subsecretario de asuntos políticos del  presidente Trump, declaró que apoyar al presidente Moreno es prioridad número uno. Favor con favor se paga.

Pero además, el licenciado,  ha manejado con eficacia el viejo diaírei kaì basíleue (divide y vencerás), comenzando por su propio partido al que hizo implosionar, aislando eficazmente al sector correísta que no se fue con él, al punto que cualquiera se lo piensa dos veces antes de apoyar electoralmente a los revolucionarios ciudadanos, o salir a una marcha convocada por ellos. Ha continuado con la división del  movimiento indígena comenzada por Lucio y eficazmente conducida por Correa, entregando altos puestos a varios de sus dirigentes, así como concesiones en temas de interés particular como la creación de la Secretaría de Educación Intercultural e incluso la entrega de la ex sede de UNASUR para la universidad indígena.

Con la izquierda tradicional ha hecho lo que hace un adulto descomplicado ante un niño malcraido: le da caramelos a cambio de su moderación.  Aún  cuando la Unidad Popular – MPD, sea una fuerza marginal, Moreno los contentó con el anuncio de reinstauración de la UNE e incluso la devolución de sus fondos incautados por el gobierno anterior. El secretario general del Partido Socialista, disfruta del verano parisino como delegado de Ecuador ante la UNESCO. El Partido Comunista continua como aliado solícito, acrítico e incondicional, tal como lo fuera durante el correismo.

De otra parte, desde la consulta popular de febrero del año pasado, y con el inicio del proceso de descorreización de las instituciones del Estado, Moreno se ganó las simpatías de sectores medios progresistas,  no solo desde la agenda anticorrupción (que en la práctica no recupera ni un dólar), sino colocando en las diversas instancias de control a personajes bien vistos por diversos sectores de la clase media: socialdemócratas de cepa, académicos progresistas, cuadros  probadamente anticorreistas e incluso bonachones derechistas con fama de honestos, acolitaron a Moreno, dando cierto lustre a su gestión.

Pero por sobre todo, ha dado sendos beneficios a los diversos sectores empresariales, comerciales y financieros. Medidas como la famosa remisión monetaria (4000 millones de dólares menos al erario público), de la cual los mayores beneficiarios fueron los Bancos Pichincha y Guayaquil, así como dos grandes petroleras; dineros que se quisieron recuperar despidiendo empleados públicos, estudiando eliminación de subsidios, o derogando el impuesto verde, hicieron que los sectores más pudientes del país vean en Moreno al presidente de sus intereses. La propuesta de flexibilización laboral, que viene posicionando en los medios de comunicación como imprescindible y que no ha generado una reacción potente de los sindicatos, sino solo tímidas declaraciones de algunos de sus dirigentes, es otra medida que contenta a las élites. Las utilidades de las instituciones financieras (454 millones de dólares), del año 2018  que equivalen a un 39.8% más que las del año precedente, dato promocionado pomposamente  por el diario público y que contrasta con el discurso de “crisis” (autoinducida de acuerdo a los economistas heterodoxos) y con el incremento de los índices de desempleo, es sin duda otra muestra de los beneficiarios del gobierno  del licenciado.

Moreno, al inicio sin un norte político, ni económico claro, fue ganando piso desde sus alianzas con todos los sectores de derecha, en especial con el PSC (uno de sus cuadros es el vicepresidente y otro comanda los procesos de privatización). Ha negociado y cedido espacios en las carteras de estado y en la Asamblea Nacional a CREO, SUMA  y FE (PRE). Desde la imagen, ha mostrado como referentes gubernamentales a figuras con un prometedor pasado progresista como María Paula Romo o los ex Ruptura 25.

Es así que Lenín Moreno seguirá instaurando la agenda de consolidación del neoliberalismo, tan campante. Seguirá allanando el camino para que el próximo gobierno sea abiertamente de derechas. Hay Lenín para rato. En poco tiempo, si así quisiera el licenciado Moreno, podría decir a las élites ecuatoriales aquello que Bush hijo dijo en su tiempo a los millonarios gringos: “la gente les llama la élite, yo los llamo mi base”. Y Lenín sigue tan campante, en una ínsula desmovilizada, que apenas se rebela en Facebook y en Twitter, casi tan campante, como el Johnnie Walker que ya mismo cumple 200 años.

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Y sigue tan campante
 
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