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23 de Diciembre del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
23 de Diciembre del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿Ya sin peligro la democracia?
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Afanosamente se pretende pasar por alto el hecho de que hubo un claro y propositivo intento de cambio de régimen, no solamente de cambio de presidente, sino de régimen político-administrativo, es decir, desconocer el régimen ideológico estatuido.

Finaliza el año, y entre muchas otras, una pregunta se impone: ¿será que el país ha superado todo lo que aconteció en esos once días de octubre? Por lo menos desde el discurso y actitudes oficiales, parecería que ya se pasó la página. Sin embargo, no es posible dejar de leer lo que entre líneas se escribe en el enjuiciamiento a la prefecta de pichincha y sus compinches. Parecería que allí se encontraría una de las puntas del ovillo.

El país tiene claro que lo de octubre dejó de ser una manifestación más de los descontentos sociales y un espacio para sus reivindicaciones. A diferencia de lo que creen algunos personajes incluso de la justicia, no se puede tapar el sol con un dedo.

Pasan los meses. Y es muy grave que la Justicia siga con los ojos vendados pretendiendo así no saber nada de lo que en verdad aconteció en esos días: del abundante uso de armas de fuego por parte de encapuchados. De los escudos metálicos previamente confeccionados. De un esquema de terror severamente aplicado que incluyó el ataque a medios de comunicación, el incendio de la Fiscalía General del Estado. Se pretende olvidar de  que hubo un grupo directivo encabezado por la prefecta de Pichincha que hizo de comandante visible del terror.

Afanosamente se pretende pasar por alto el hecho de que hubo un claro y propositivo intento de cambio de régimen, no solamente de cambio de presidente, sino de régimen político-administrativo, es decir, desconocer el régimen ideológico estatuido. Y en su lugar, instaurar a la fuerza el socialismo del siglo XXI. Es decir, un régimen similar al de Venezuela, Cuba, Nicaragua y el de la Bolivia de  Morales que tuvo perfectamente bien diseñado el fraude electoral para ganar una vez más la presidencia de la que se había apoderado.

Afanosamente se pretende pasar por alto el hecho de que hubo un claro y propositivo intento de cambio de régimen, no solamente de cambio de presidente, sino de régimen político-administrativo, es decir, desconocer el régimen ideológico estatuido.

En los tres países se habría preparado minuciosamente el enancamiento del Socialismo del Siglo XXI  a las legítimas expresiones del descontento social frente a los planes y proyectos gubernamentales en sí mismos nada alejados de contradicciones sociales y políticas. Desde luego, los grupos que sembraron el terror en Colombia, Chile y Ecuador nada han dicho del apoderamiento sin tiempo ni medida del Estado por parte de esos gobiernos absolutamente autocráticos cuyo ejemplo pretenden seguir. Por lo menos en Ecuador, no se ha dado una clara y eficaz denuncia frente a las injerencias del gobierno de Maduro. 

En Chile, Colombia y Ecuador ya está sembrada la conflictividad. Y esta siembra no ha desaparecido porque hayan bajado las aguas de las protestas sociales. Es preciso aceptar que el retorno a la normalidad social no constituye más que un pesado paréntesis. En poco tiempo asomarán sus renuevos. ¿Se estarán preparando los Estados para esa eventualidad nada descabellada?  

No faltan quienes se han referido a estos acontecimientos como a la primavera latinoamericana. Un fenómeno de asedio violento y destructivo a la democracia que se halla manejado desde el interior y desde el exterior por sutiles y efectivos hilos. Correa es uno de esos actores ocultos encargado del manejo pernicioso y a ratos claramente perverso de este tejido político. Evo Morales en adelante lo hará desde Argentina. La atávica corrupción de los Kirchner sabe de memoria la receta para falsificar lo cierto.   

Ni el gobierno de Moreno ni el país político pueden cruzarse de brazos. Todos deberíamos  dormir con un ojo abierto porque los minadores de la democracia nunca duermen. No basta con invocar la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos. La mejor manera de prevenir estos atentados consiste es fortalecer la conciencia  democracia  e incentivar el desarrollo. Ello implica preocuparse más y mejor y de la población desposeída: carne de cañón de los avivatos políticos.

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