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5 de Agosto del 2015
Ideas
Lectura: 14 minutos
5 de Agosto del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

Yachay y la distopía del doctor Moreau (sin doctorado)
Yachay parece ser una estructura burocrática, generada, pensada, y proyectada para dotar de un inmenso poder al pequeño grupo de burócratas que manejan el proyecto, legitimada eso sí, por un escenario tecnocrático notable.

Las recientes declaraciones de Fernando Albericio, ex rector de Yachat Tech (tech en inglés, porque me imagino que en Urcuquí se habla esa lengua), no nos dicen nada que no hubiésemos sabido antes. Sin embargo no deja de ser bastante lúdico que haya sido la primera autoridad (en realidad la tercera) de esa casa de estudios, quien haya aflojado la lengua para confirmar de manera pública y oficial lo que era una verdad a voces desde hace más de un año.

Yachay, obviamente,  no es un proyecto destinado a generar un ambiente académico donde los resplandecientes aflujos del saber guíen a  la patria a la utopía de la sociedad del bio conocimiento. Es decir, un paraíso terrenal a través del cual  la dependencia en los  productos primarios será superada y nuestra patria pueda vender vigorosamente saberes increíbles a un mundo sediento de prodigios nano-tecnológicos. No, eso no se lo cree ni la misma comisión gestora de la universidad, porque si así fuese ellos ya hubieran renunciado a sus respectivos trabajos (full time) y se afincarían en las generosas planicies de Urcuquí para ver con sus propios ojos como el torrente de patentes empieza a sacudir a la humanidad entera.

Empecemos por ahí. Yachay parece ser una estructura burocrática, generada, pensada, y proyectada para dotar de un inmenso poder al pequeño grupo de burócratas que manejan el proyecto, legitimada eso sí, por un escenario tecnocrático notable. Eso era evidente desde el principio y cualquiera que se haya familiarizado con el proceso lo tiene completamente claro.

Pero entendamos que los miembros de la comisión gestora, de Yachay Tech, no son realmente los responsables del bochornoso escenario que ha sido hecho público. Ellos simplemente son tipos listos que recibieron excelentes ofertas laborales, las cuales requerían actividades administrativas lo suficientemente ligeras como para permitirles seguir siendo profesores a tiempo completo en Estados Unidos. No se les puede culpar por aceptar semejante maravilla. Qué envidia recibir un sueldo digno de la mágica tierra de Catar sin tener que renunciar a su amable empleo, ni dejar de gozar de las soleadas tierras de California. 

En todo caso, si  usted tiene interés en conocer detalles de los vigorosos desatinos estructurales que se han planteado desde el inicio del proyecto Yachay le recomiendo el libro que  Arturo Villavicencio (2014) escribiera sobre el tema. Yo simplemente quisiera dar mi opinión, y plantear  mis cuatro verdades, relacionadas a este desventurado incidente:

Primera verdad. La creación de una muy astuta estrategia para someter a las instituciones que deberían ser autónomas bajo el control gubernamental desde la ilusión del consenso y la participación. La clave aquí es dispersar el poder autónomo hasta hacerlo impalpable. La herramienta: la creación de consejos, o instancias colectivas. Los ejemplos típicos son: el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), innegablemente adscrita a los intereses gubernamentales; el Consejo de Comunicación (CORDICOM) del que no necesito decir nada; o el Consejo de Educación Superior, donde cuatro de sus miembros son ministros de Estado y  cuyo presidente, con voto dirimente,  es el secretario nacional de Ciencia y Tecnología.

Este tipo de lógica de dispersión se aplicó, también, en la Ley Orgánica de Educación Superior para erosionar el poder de los rectores universitarios. Así pues la LOES exige que la entidad máxima en una universidad deje de ser su rector y la sea un Consejo Universitario, mucho más fácil de enredar bajo los intereses hegemónicos. Por eso es clara la desesperación del ejecutivo en apoyar, por ejemplo, a los dirigentes estudiantiles alineados a la política oficial aunque estos resulten ser personajes, poco caballerosos con las damas, por decirlo de algún modo, como Carlos Muñoz ex presidente de la FEUE en Quito.

En el caso de las universidades emblemáticas, estas no están sujetas los  lineamientos de la LOES descritos anteriormente, pero se realizó el mismo ejercicio para dispersar el poder de sus autoridades. En su caso se les dotó de "Comisiones Gestoras", grupos de académicos con algún prestigio (por supuesto escogidos por la burocracia correista) para mantener a raya la autoridad de sus rectores.  Este es precisamente el caso de Albericio, y la razón principal de sus conflictos con la universidad. Simplemente, el biólogo catalán,  no tenía un control real de la institución, y las decisiones más trascendentes acerca de la administración de la misma se discutían unas pocas veces por mes vía skype, con sus muy bien pagados colegas.

Segunda verdad. La hegemonía de la burocracia por sobre la academia.  Vamos a ver, si alguien contrata un neurocirujano y le da un sueldo adecuado a su trabajo, lo más obvio es que lo ponga en el quirófano para utilizar su inspiración en la reparación de nervios, encéfalos, y demás partes del enmarañado sistema eléctrico de los seres humanos, ¿no es así? Sería completamente ridículo contratar a alguien con ese tipo de capacitación y otorgarle un cargo burocrático,  haciendo que  forme parte de un comité en el cual se decida sobre el color de las servilletas de la próxima convención nacional de médicos, o sobre el sediento aprovisionamiento de las morgues para que los estudiantes del curso pre universitario de medicina hagan sus venturosas prácticas.  No sé si me hago entender.

Los miembros de la comisión gestora de Yachay son académicos de alto nivel, e investigadores con prestigio. Por lo tanto lo más lógico sería que, por el sueldo que reciben, cumplan funciones en base a lo que saben hacer mejor: enseñar e investigar.  A tiempo completo por supuesto,  y a candidatos doctorales. Pero no, la magia de la revolución ciudadana es tan profunda, que ha logrado tomar a tres ilustres científicos y convertirlos en burócratas.

El investigador, el científico, es solvente en el área de saber en la que se ha especializado, y en todo lo demás, generalmente, es bastante menos eficiente (piense usted en un camarón nadando en un locro de papas). Esa es la razón por la que los grandes investigaciones en las universidades de Estados Unidos suelen huir de los cargos administrativos como si estos fueran la gripe porcina. Supongo que la comisión gestora sabía esto, por ello su trabajo en Yachay se reducía, según Albericio, a unas cuantas reuniones por skype, y esto es perfectamente creíble. Si sus responsabilidades fueran mayores, ellos deberían renunciar a sus trabajos en California. ¿No es así?   En todo caso la verdadera función de la Comisión Gestora  está en la legitimación del proyecto. Yachay no se ha diseñado para ser un espacio regido por los principios del orden académico, sino donde impere la élite burocrática, que es quien en realidad la gobierna.

Tercera verdad. El delirio habitacional. La educación superior ecuatoriana tiene varios problemas: falta de investigación, ausencia de docentes capacitados, laboratorios inadecuados, bajos salarios para los investigadores, etc, pero créame estimado lector, ninguno de estos es un tema habitacional. Usted no resuelve las falencias en el sistema universitario construyendo casas y aceras. Invertir cientos de millones de dólares en plazas avenidas, edificios, y demás cosas indispensables para una urbe, en el medio de una extensión de tierras útiles para el cultivo, es un ejercicio bastante pintoresco de megalomanía histérica. Si se quería vitalizar a la región norte se hubiera podido construir un gran centro científico en Ibarra, aprovechando los servicios de una ciudad que ya estaba ahí.

Crear una ciudad de la nada no tiene absolutamente ningún justificativo académico. Ninguno. La única clave que podría explicar un proyecto de ese tipo se encuentra en la historia,  desde casos tan  pintorescos como el de  Hemul en la Patagonia de los cincuentas.  En este caso, el  coronel Perón regaló una isla a un frenético soñador que había prometido crear fusión nuclear masajeando, coquetamente, átomos de hidrógeno en una infranqueable laboratorio secreto. Por supuesto este aventurero se aisló del resto del sistema universitario argentino, y recibió un cheque en blanco del gobierno (le suena conocido). Los resultados son tan cómicos como patéticos, y ahora mismo la isla Hemul no es más que una extravagante curiosidad para los turistas que disfrutan alegremente de las ruinas del palacio de un  delirante  que soñaba con ser el regente de su propio imperio en miniatura. Como el mítico doctor Moreau de Julio Verne (pero sin doctorado).

Cuarta verdad. Verticalismo y personalismo. Un bien conocido sector de la  burocracia elitista, maneja la totalidad del sistema de educación superior en el Ecuador. Yachay, no es más que un ejemplo inflamado de todo cuanto ha venido pasando desde el 2010. En efecto, existe un caso anterior enormemente parecido: el Instituto de Altos Estudios Nacionales o IAEN. En efecto,  un sector plenamente identificable se ha dedicado durante años a hostigar a los rectores, críticos, de esa institución,  a controlar los concursos para los docentes (cancelándolos en varias ocasiones), y a buscar visibilizar la agenda gubernamental sin el más mínimo espacio para la crítica y el consenso.

Pero no me crean a mi. Yo puedo estar equivocado.  Preguntemos al ex rector del IAEN, Arturo Villavicencio (miembro de una comisión internacional que recibió el premio Nobel por sus investigaciones sobre cambio climático), quien fue acosado y hostigado por el círculo cercano, y familiar, de la nueva élite burocrática que gobierna la educación superior en el Ecuador, especialmente cuando visibilizó algunos cuestionamientos a la injerencia gubernamental en la autonomía  universitaria. Preguntemos lo mismo al siguiente rector, Carlos Prieto, que cometió el pecado de mostrarse crítico (mejor tarde que nunca) y recibió el pago por ello debiendo renunciar ante la violencia verbal a la que fue sometido incesantemente, por esas mismas personas.

Preguntemos a Mónica Mancero, Phd, quien con todo derecho optó por ser candidata a la rectoría de esa institución, pero cuya postulación fue impugnada por un ciudadano francés de insignificante trayectoria académica (no es la primera vez que Mancero es hostigada por criticar el personalismo en el sistema universitario ecuatoriano).  Preguntémonos quienes son las autoridades del IAEN ahora mismo y el grado de relación que mantienen con la élite personalista que maneja la educación superior en este país. En efecto, Yachay no ha hecho sino reproducir una tendencia que se ha venido dando durante años en lugares como el  Centro de Altos estudios Nacionales. Albericio haría bien en conversar con los ex rectores del IAEN, aunque sea  en un ejercicio de terapia post traumática grupal.

Yachay es una distopía. El delirio histérico de una élite de funcionarios que ha tomado decisiones tan extravagantes como decidir que el  Sistema Nacional de Admisión y Nivelación, deba tener un presupuesto mayor que la mayoría de universidades públicas; y que ha generado un ambiente en el que varios profesionales ecuatorianos con Phd, y publicaciones académicas tengan que ver, con humillante resignación,  como un ejército de académicos españoles con la misma o menor formación perciben sueldos que pueden seis veces mayores al de ellos ( vea en esta video como Pablo Iglesias festeja con alegría, como las políticas ecuatorianas han resuelto un problema social en España con respecto a sus profesores –minuto 3:35- https://www.youtube.com/watch?v=Ykp5hSw0EWo ).
Yachay es una distopía. Pero en nosotros, la sociedad civil, la academia, y la opinión pública, reposa la responsabilidad de que esta  no se convierta  en una profecía de lo que le espera al resto de instituciones del país.

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Yachay y la distopía del doctor Moreau (sin doctorado)
 
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