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27 de Noviembre del 2015
Ideas
Lectura: 13 minutos
27 de Noviembre del 2015
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Yo le creo a Evo
La Secom dice que Correa no se lanza a la reelección y se retira de la campaña del 2017 porque tiene ante sí un escenario de candidaturas de oposición debilitadas. Yo no creo que en la historia del mundo se haya dado tan grande innovación de la estrategia política: retirarse cuando el rival está debilitado.

Cuando menos se lo pensaban, Evo Morales ha revelado los motivos por los cuales el Presidente ha decidido no presentarse a las elecciones del 2017. Mientras el Mandatario y todo su aparato de propaganda mostraban que el hecho de dar un paso al costado era un acto de heroicidad, habilidad política y ética (para que no se vaya a pensar ni quede registrado en la historia del Ecuador que el Hombre quiso algo para sí mismo alguna vez) salió Evo y con su inocencia o malicia andina (según se lo vea) dijo que no es por nada de eso sino por razones familiares, porque está alejado de su familia o porque su mujer no le deja. Cualquiera de las dos posibilidades.

De inmediato salió la Secom a corregir a Evo. Lo hizo con la delicadeza, respeto y tolerancia con que siempre ha actuado cuando se trata de desmentir a alguien del extranjero.  Y, en un comunicado público, ha dicho lo siguiente: “es preciso aclarar, de fuente primaria y al margen de interpretaciones, que la decisión del primer mandatario ecuatoriano obedece estrictamente a consideraciones políticas frente a un escenario de candidaturas de oposición debilitadas”.  (De fuente primaria… Tanto adorno para nomás de decir que eso les dijo el propio Presidente)

Esto en el primer párrafo. Luego de otros tres párrafos francamente insustanciales, donde se explica por qué el prócer se sacrifica por la patria y no quiere nada para sí, la Secom remata el comunicado diciendo: “el Mandatario ha reiterado que cada vez está mas lejana esa necesidad de una candidatura, por la fragmentación, mediocridad y ambición de la oposición y que confía en el triunfo del movimiento político…” y bla, bla, bla.

Después de leer el comunicado tan dulce de la Secom, con el cual se responde a Evo (se nota el cambio de mando en la Secretaría, otro le hubiera lanzado un zapato a la cebeza) no me queda sino darle la razón al líder boliviano. Y no porque crea o no en lo que dice Evo, sino por simple sentido común. 

Como diría Jack el Destripador, vamos por partes:

La Secom dice que el Mandatario no se lanza a la reelección y se retira de la campaña del 2017 porque tiene ante sí un escenario de candidaturas de oposición debilitadas. Yo no creo que en la historia del mundo se haya dado tan grande innovación de la estrategia política: retirarse cuando el rival está debilitado. Creo que la realidad sería absolutamente distinta a como hoy la conocemos, si es que los protagonistas de los hechos históricos hubiesen aplicado tan innovadora estrategia.

Imagínense a Paco Moncayo y a los otros jefes militares de las Fuerzas Armadas ecuatorianas en la guerra del Cenepa: han machacado a la infantería peruana con artillería y minas; han derribado dos Sukhoi de la Aviación peruana, les han causado decenas de bajas y han tomado prisioneros; Fujimori está desesperado y empieza a desvariar; mejor dicho, las fuerzas peruanas están más débiles que nunca y las fuerzas ecuatorianas están en su mejor momento: están ganando. Entonces hacen una reunión de generales y aplican la innovadora estrategia revelada por la Secom: resuelven retirarse porque el escenario es el de unas fuerzas militares peruanas debilitadas. Y abandonan las trincheras y las líneas  de defensa; desmontan la defensa antiaérea y desarman  los aviones y los buques de guerra. Y movilizan sus tropas hacia atrás, no hasta Patuca, sino hasta Cuenca para que quede claro de lo radical de la decisión. Brillante, ¿cierto? Pero además, Paco Moncayo decide retirarse temporalmente de la jefatura del teatro de operaciones y en un comunicado dice a sus soldados que está seguro que los peruanos tienen tanto miedo que no van a moverse ni un milímetro de donde se han quedado en estado de shock por tan luminosa decisión, pero que él, porsiaca, los estará vigilando y si arman relajo y quieren meterse de nuevo a molestar retornará luego de cuatro años sobre un caballo blanco para darles la paliza que se merecen.

Ahora, aplíquese el mismo razonamiento a la Segunda Guerra Mundial. Los Aliados tienen a Hitler acorralado en el bunker y a punto de tomarse la pastilla de cianuro, cuando este recibe la noticia de que los generales Eisenhower y Zhukov se han reunido y  han tomado la brillante decisión de retirarse un tiempito porque el Fuhrer está tan debilitado, sus fuerzas son tan mediocres, ambiciosas (quieren ganar la guerra) y fragmentadas que ha decidido devolver sus tropas hasta París y Moscú. Y se van, no sin advertir al debilitado, mediocre, ambicioso y fragmentado de Adolfo y a los desanimados soldados del Ejército alemán: nos vamos, pero vamos a estar vigilando y si se salen de Berlín volvemos en uno o dos añitos, cuando ustedes estén más repuesticos, provocamos un  caos entre sus generales y les damos la paliza que habíamos postergado porque estaban muy debilitados.

Haga el ensayo de aplicar esta estrategia a cualquier otra cosa que no sea la guerra. (Puse el ejemplo de la guerra porque eso es lo que ha sido la política ecuatoriana en estos ocho años, una verdadera guerra donde nadie, y menos el gobierno, ha dado tregua). Por ejemplo al fútbol: Ecuador versus Argentina, último partido de las eliminatorias y Ecuador debe ganar 1 a 0 para clasificar a Rusia. La tricolor es una tromba, Felipao tiene turulatos a los defensas argentinos, los ataques por las puntas de Paredes y Montero los vuelve locos; los argentinos están contra las piolas, desorientados y empiezan a ceder terreno. Messi es una sombra. Además, los argentinos son mediocres (no han ganado sino dos campeonatos mundiales y casi todas las Copas América), están fragmentados (pierden las bolas y ceden espacios) y son ambiciosos (quieren ganar el partido). Entonces Gustavo Quinteros -al ver que la tricolor está a punto de meter el gol del triunfo y clasificar- se da cuenta de que está ante un escenario de un rival debilitado, da la orden de replegarse hacia la defensa y ceder la media cancha a los argentinos. El motivo: Quinteros desprecia a los argentinos, que tienen tanto miedo de los ecuatorianos que no van a meter un gol y se van a quedar quietecitos conformándose con el empate. Al final del juego, Quinteros dice a los argentinos: vayan nomás al Mundial en vez de nosotros, pero les vamos a estar observando y si no juegan bien nos veremos en las próximas eliminatorias y ahí sí les metemos el 6 a 0 que se merecen,  porque la verdad es que son tan mediocres que el próximo partido lo jugamos con suplentes.

Miren cómo esta fantástica estrategia se puede aplicar en todo momento y lugar. Pero Evo, que es un tipo avispado y buena gente, no se la cree. Él, que sin compasión ha metido palo tras palo a la oposición boliviana, escucha con atención a su amigo que le dice: mira Evo, no me voy a lanzar a la Presidencia porque amo a mi familia y/o mi mujer no me deja. Y Evo, como cualquier hombre posmoderno, entiende que esa explicación es legítima, perfectamente creíble y además valiente. Evo comprende que está ante un ser humano y le cree; que su amigo, este hombre de las cavernas, al fin y al cabo tiene corazón, y se apresura a revelar esto al mundo y dice: no es por una brillante estrategia política (no lo olviden: retirarse cuando el rival está debilitado) sino porque ama a su familia o la mujer no le deja.  Evo actúa con enorme nobleza frente a su amigo: es preferible creer que abandona el campo de batalla por eso, a tragarse semejante coartada de que se retira porque la oposición es débil, o sea porque su amigo presidente está ganando. A lo que Evo sí daría crédito es a eso de que la oposición es mediocre. En verdad es muy generoso ese calificativo -pensaría Evo-: se necesita ser menos que mediocre para considerar un acto de habilidad política al hecho de retirarse de la pelea porque el rival está débil, cuando no es más que cobardía e inconsecuencia histórica, pensaría Evo. Evo pensaría que ocho años de propaganda, miedo y escarnio han esfumado tanto las neuronas y la voluntad de la oposición -y de ciertos analistas políticos- que son capaces de creer un genio de la política a un inconsecuente.

Además, hay un argumento lapidario: poniendose la mano en el pecho: ¿Cuál de las dos razones pensarían ustedes que es más creíble? ¿Que es por esa luminosa estrategia política o porque la mujer no lo deja? Porque la mujer no lo deja pensarían, por supuesto. Porque es de la vida real, pura y dura. ¿A quién de nosotros no le ha pasado? Uno sabe que hay muchas cosas que es capaz de hacer o quisiera hacer pero no las hace porque su mujer no le deja. Salvar a la patria, por ejemplo; ser presidente del Deportivo Quito, hacerse cantante y recorrer el mundo proclamando la paz universal; afiliarse a Alianza PAIS, subir al Cotopaxi, votar por Lenín Moreno... En fin, cada uno cada uno. Y he escuchado justificaciones de muchos de mis amigotes, que no salen a farrear ni se van al estadio ni se lanzan a la Asamblea porque su mujer no les deja. Y nadie se avergüenza de ello, porque la condición de un hombre casado que se respete, en estos tiempos, es admitir sus verdaderos límites y entender que el que obedece no padece, que todo es por nuestro bien y que la mujer de uno siempre, pero siempre, tiene la razón. Y cuando uno dice: no lo hago porque mi mujer no me deja, o porque he estado mucho tiempo sin mis guaguas, o porque me siento con ganas de estar un buen rato con mi familia, mis amigos no solo que me creen sino que me respetan (o se hacen los que me respetan).  Ellos me dirán mandarina, pero son machos vergonzantes que puertas adentro pasan por lo mismo, como los generales que mandan en sus cuarteles pero no mandan en la casa.

Y por ese argumento tan real, tan cercano, se la juega Evo; porque cree que está frente a un ser humano normal y, como buen pana,  no quiere hacerle quedar tan mal al sostener la ridiculez de que nuestro héroe se retira de la contienda del 2017 porque está ganando. Pero Evo no cuenta con que los sabios de la propaganda política del gobierno no pueden permitir que ese genio de la economía y de la maniobra política, ese prohombre, el mejor mandatario del mundo y de la historia, ese ejemplo para América, el sucesor de la espada de Bolívar, salga con la pueril justificación de que quiere estar con su familia. Y menos pueden admitir un pequeñísimo resquebrajamiento, una fisura mínima en el tótem de piedra que han elevado a las alturas para nuestro beneficio y que mira arrobado hacia el horizonte de la Historia. Como esas estatuas de la isla de Pascua, cuyo destino es la inmortalidad de la roca y ser cagados por las gaviotas.

Por todo eso yo le creo a Evo.

[PANAL DE IDEAS]

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