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12 de Septiembre del 2016
Ideas
Lectura: 6 minutos
12 de Septiembre del 2016
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Yo quiero ser presidente
Mientras el presidente de la República no cesa de construir un discurso destinado a unificar a sus seguidores sobre la base de la descalificación absoluta de toda oposición, los otros se diluyen en una absurda cantidad de movimientos con los que se arma una especie de cedazo democrático al que, sin embargo, se le pretende atribuir el poder de crear identidad política.

La situación política del país es cada vez más crítica tanto por los abusos de poder por parte del presidente como por esa negligente y enfermiza falta de unidad por parte de los grupos políticos incapaces de pensar las soluciones políticas más allá de la pobreza ideativa y actitudinal de sus propios intereses. Mientras esto no se supere, crecerá el riesgo de que AP se fortifique y termine apropiándose una vez más del país.

Mientras el presidente de la República no cesa de construir un discurso destinado a unificar a sus seguidores sobre la base de la descalificación absoluta de toda oposición, los otros se diluyen en una absurda cantidad de movimientos con los que se arma una especie de cedazo democrático al que, sin embargo, se le pretende atribuir el poder de crear identidad política. Serie de asociaciones o de movimientos políticos que desean para sí una parte del pastel que muy pronto entrará en esa suerte de subasta en la que ganarán no las ideas sino los egoísmos disfrazados de ideologías que hablarán de la salvación y de la bienaventuranza del país.

Sin duda alguna, son indispensables los movimientos políticos porque ellos y solo ellos construyen la diversidad ideativa que hace la democracia. Esta diversidad debe funcionar clara y permanentemente en la Asamblea Nacional como símbolo e indicador del imperio de la democracia. El hecho de que exista una aplastante mayoría de un solo partido no es necesariamente un válido indicador de democracia porque esa mayoría ha servido no solo para desprestigiar el sentido mismo de la diferencia democrática sino para borrarla. En donde no hay diferencias ideativas asumidas y respetadas, se instala el pensamiento único que constituye la antítesis de la democracia. El pensamiento único es sinónimo de tiranía. 

La diversidad política e ideológica debe unirse cuando se trata de la elección presidencial. En efecto, en las actuales circunstancias, no existe ningún movimiento político suficientemente coherente y fuerte que por sí solo se sienta capaz de hacer frente a Alianza País. Primero es necesario pensar en números. Porque las elecciones presidenciales no se ganan con cantos de sirena sino con votos físicos éticamente contados de uno en uno.

Solo desde un narcisismo barato se puede entender el hecho de que reales o supuestos líderes políticos piensen en ser los candidatos presidenciales de pequeños grupos. ¿Qué pretenden? ¿Acaso echar un poco de humito a un narcisismo enfermizo, anti político y destinado a favorecer al poderoso grupo político que domina el país? Por de pronto, no es necesario dar nombres de quienes empiezan a hablar de su posible candidatura a la presidencia. Qué bueno sería, por ejemplo, que una mujer indígena pudiese llegar a la presidencia de la república. Pero, en la coyuntura actual, esa y otras candidaturas similares tan solo fortalecerían a AP. Como si esos movimientos y candidatos no supiesen aquello de divide y vencerás. De entre todos, posiblemente el político sea el narcicismo más enfermizo y dañino porque termina afectando a buena parte de la población.

La unión hace la fuerza. Sin embargo, esta unión no debería darse sino sobre la base del reconocimiento claro y absoluto de las diferencias ideológicas y políticas. Por lo mismo, el posible candidato no podría pertenecer a ningún extremismo, bien sea de derecha o de izquierda. Los extremos jamás aglutinan porque se hallan saturados de contradicciones. Los revolucionarios solo pretenden apoderarse del poder para convertirlo en su bien personal, por eso destruyen la institucionalidad del país ¿Sería un banquero la opción aglutinante cuando buena parte de la ciudadanía tiene serios reparos al poder que maneja el dinero y que ha dominado la política del país por décadas? ¿Qué hay buenos banqueros? En todas partes hay buenos, malos, regulares. Pero no se trata de eso sino de que el personaje político capaz de aglutinar no debería pertenecer a los extremos que sostienen las antítesis sociales. Los banqueros, de suyo, se hallan absolutamente identificados con la riqueza e incluso con la explotación. 

Si no se produce esta unión, el país seguirá siendo dominado y esquilmado por AP que no es otra cosa que el parapeto electoral del actual presidente y de candidatos que él finalmente designe para sustituirlo. En AP las cosas son claras, por lo menos puertas afuera, porque se sabe de fisuras e incluso rupturas internas que por de pronto han sido cuidadosamente disimuladas. En donde hay poder, nacen, crecen y se reproducen las envidias, los celos y los resentimientos. El poder es capaz de corromper hasta la esencia misma del valor de significación de las palabras y de los valores. Para el actual régimen es motivo de fiesta la atomización de la política y el surgimiento de muchos candidatos. Divide y triunfarás.

La unión hace la fuerza. Si hay un precandidato que se considera a sí mismo insustituible, por elemental sentido político debería ser dejado de lado pues carecería del espíritu democrático que toma el bien común como punto de partida y no el valor o importancia de una persona. Si alguien a toda costa quiere ser candidato está dando claras señales de que para él o para ella lo que cuenta es el poder por el poder mismo y no el país.

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