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3 de Noviembre del 2013
Ideas
Lectura: 7 minutos
3 de Noviembre del 2013
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

Los zombis no imaginan
Imagino una ciudad donde sus habitantes se organicen para exigir sus derechos, sean activos y proactivos y no zombis cuya única actividad es balbucear quejas con los dientes apretados.

juancarlos.calderon@planv.com.ec

Estaba haciendo algunos ejercicios de imaginación. A veces, quedamos atrapados por las circunstancias de la vida y -cuando eso ocurre- parece como que nada pudiera cambiar de lo que tanto siempre nos quejamos. Caemos en la repetición de la repetición, los mismos discursos pesimistas u optimistas, las mismas quejas de un lado, las descalificaciones de otro, y todos terminan diciendo, hagamos algo, un llamado vacío a la acción que se soluciona con unas cuantas tuiteadas.

Escuchaba al exalcalde y exasambleísta Paco Moncayo pedir a los presuntos próximos candidatos a la Alcaldía de Quito que alguien lance una propuesta que nos haga soñar. Por lo menos que nos provoque alguna reacción, una picazón, una desperezada, algo. Pero nadie la lanza, digamos, porque estoy seguro de que nuestros liderazgos han ido encasillándose, poniéndose un corsé, nos hemos convertido en lo que antes llamábamos unos tipos cuadrados. O sea, para los que no se lo imaginan: con un cerebro limitado en cuatro costados. No más.

¿Soñar? Podríamos al menos imaginarnos cómo será nuestro día en el momento que nos levantamos. Por encima de lo que tenemos que hacer, por cuales fueran las circunstancias. Cómo se imagina uno el día por venir puede cambiar radicalmente las cosas.

Así, imaginar esas horas, la próxima cita, trazar ideas locas respecto a nuestros temores, cambiar los polos y trasmutar lo malo en bueno, y lo bueno en excelente puede darnos mucha más energía que una buena taza de café. Dicen que la voluntad mueve al mundo, pero ésta no se mueve sin la imaginación.

Así que, tomando las palabras del general Paco Moncayo, invito a imaginar la ciudad que esperamos no en los próximos cuatro años, sino en los próximos 20 años.

Imaginemos una ciudad donde todos los motorizados respeten el paso cebra y los peatones crucen las calles sin temor a ser atropellados o insultados. Una ciudad donde los buses urbanos traten bien a los pasajeros, los traten con respeto, y los usuarios se hagan respetar de buenas maneras. Imaginemos que siempre tendremos un policía (municipal o nacional, no importa) a mano para poner en orden a los transportistas abusivos.

Imaginemos una ciudad, con los valles incluidos, donde podamos pasear en bicicletas aunque no tengamos carriles exclusivos. Imaginemos -es un planteamiento- que se suspendan las obras de un Metro que no va a servir para mucho y que, con esa plata, el Alcalde entregue a los ciudadanos las opciones de un sistema de transporte masivo. Imaginemos que los ciudadanos seamos consultados sobre esto y que podamos participar en esas decisiones.

Yo me imagino, en lo que a mí concierne, que se eliminen los peajes a los valles de Los Chillos y Tumbaco. Me siento estafado cada que pago 80 centavos por ir y venir y  por el delito de vivir fuera de la ciudad. Creo que el mantenimiento de esas vías tan cortas se puede sostener con otros recursos y no con los 30 dólares al mes que cada uno de los habitantes de los valles pagamos a administraciones que nunca dan cuentas de lo que hacen con ese dinero. Por tanto, una vez eliminados los peajes, imagino con alegría que podré llegar a mi sitio de trabajo máximo en 30 minutos y no en la hora y media que me toca perder en el camino y la otra hora y media que me toca para regresar.

Imagino una ciudad donde nos podamos saludar todos con todos, donde seamos amables al entrar y salir, para dar y pedir. Donde nadie escupa en la calle. 

Imagino una Capital de la República en la cual su Alcalde no sea avasallado por el Presidente o cualquier ministro y no se deje imponer cualquier proyectito o proyectazo que salga de la cabeza del mandamás. Imagino a un Alcalde que diga, por lo menos: eso debiéramos consultar a los habitantes de esta ciudad y de los valles. Por lo menos ¿no?

Imagino una ciudad donde su Alcalde sea un tipo amable y respetuoso, que no sostiene su liderazgo en que es del partido de un Presidente popular sino en el respeto y dignidad de los vecinos de la ciudad que dirige.

Y que practica una política de la inclusión con todos los ciudadanos porque todos pagamos impuestos correspondientes a nuestros ingresos y no tiene derecho a tratar mejor a un sector de la ciudad que a otro.

Imagino una ciudad sin zonas azules impuestas a la gente, y que si estas son necesarias, su manejo económico sea transparentado lo mismo que los accionistas y los vinculados a quienes administran ese negocio. Lo mismo imagino para otros negocios como los buses que van al aeropuerto de Tababela. Es decir, imagino una Alcaldía que sea transparente en las cuentas con los ciudadanos, que brinda explicaciones sobre todos los contratos del Municipio, no porque nos haga un favor, sino porque es su obligación. Por ejemplo, imagino una Alcaldía que dé cuentas de cómo se han otorgado permisos de construcción a tantos grandes constructores, y cuánto dinero ha ingresado por eso.

Yo invito a imaginar una ciudad donde nos merezcamos ser tratados con dignidad y respeto, una ciudad donde sus autoridades rindan cuentas permanentemente, que consulten a los ciudadanos sobre temas de trascendencia, donde se permita y estimule la participación. Imagino una ciudad donde sus habitantes se organicen para exigir sus derechos, sean activos y proactivos y no zombis cuya única actividad es balbucear quejas con los dientes apretados.

Son los algunos ejemplos para imaginar. Puede haber, créanlo,  miles de formas de imaginar el futuro de Quito (póngase aquí Guayaquil, Santo Domingo de los Colorados, Cuenca, Babahoyo, Loja, Puyo…). Ojalá quienes se lancen de candidatos a Alcalde y concejalías y Juntas Parroquiales pudieran imaginar la ciudad que nos merecemos, los liderazgos que necesitamos, la honestidad que reclamamos y la vida que creemos es posible vivir. Y cuando lo imaginen, nos hagan partícipes de esos sueños. Porque de lo contrario, vamos a imaginar que no les vamos a dar el voto, que van a perder las elecciones y que si ganan y no cumplen sus promesas los vamos a poner contra las cuerdas y que van a vagar con su vergüenza o desvergüenza por sécula seculorum. Amén.

[PANAL DE IDEAS]

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