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21 de Diciembre del 2014
Investigación
Lectura: 26 minutos
21 de Diciembre del 2014
Paulina Garzón
El sueño chino: ¿pesadilla ecuatoriana?

Foto: Presidencia de la República

El presidente Correa en su visita a China camina junto al presidente del Eximbank en busca de préstamos frescos. China solo ha ofrecido líneas de crédito.

 

Los préstamos chinos en el Ecuador están condicionados principalmente a la contratación de empresas chinas y de trabajadores chinos para la construcción de proyectos hídricos. Sin embargo, la influencia china en la planificación y gestión de los recursos hídricos en el Ecuador va más allá de la mera construcción de las obras.

América Latina (AL) estuvo en la mira de China desde hace más de veinte años. El líder chino Deng Xiaoping   dijo en 1988 que “el siglo XXI va a ser la era de América Latina”. A principios del año 2000, China ya tenía lista la “triple estrategia” para AL, que consistía en: asegurar el suministro de materias primas (especialmente petróleo, minerales y productos agrícolas) que eran escasas en China; acceder a nuevos mercados para incrementar el volumen de exportación de productos manufacturados chinos, y asegurar que los gobiernos latinoamericanos se adhieran al “principio de una sola China” .

Aunque China no dicte las reglas del gasto social, en muchos casos China sí dicta las reglas de cómo los países prestatarios deben usar los créditos que conceden sus instituciones bancarias.

Al mismo tiempo que la relevancia de los financistas tradicionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y aún de las instituciones financieras regionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco de Desarrollo de América Latina ha ido disminuyendo en AL, varios países, especialmente los amazónicos, han dado una calurosa bienvenida a los bancos chinos. Este cambio, sobre todo bajo lupa del “ajuste estructural”, podría ser considerado un avance. De hecho, varios mandatarios han calificado a las inversiones chinas como una estrategia “ganar-ganar” en la cual no existen condicionamientos, sino por el contrario, han resultado en “alianzas estratégicas Sur-Sur”.

Después de poco más de diez años de implementación de la “triple estrategia”, China puede decir con confianza que marcha viento en popa. Desde la perspectiva china es fácil entender el porqué, pero desde la perspectiva regional no lo es tanto. En la práctica, las consignas de “ganar-ganar” y la “alianza Sur-Sur” se han reducido a que China no impone el tipo de “condiciones” a las que estuvimos acostumbrados durante la época del ajuste estructural. Aunque China no dicte las reglas del gasto social, en muchos casos China sí dicta las reglas de cómo los países prestatarios deben usar los créditos que conceden sus instituciones bancarias.


Las alianzas de China alcanzan a todos los países de América Latina. Aquí con el presidente de México Enrique Peña Nieto. 

Los préstamos chinos se ejecutan bajo la lógica del “triángulo de hierro“ (un término acuñado por el Banco de Desarrollo de la China, pero igualmente válido para los otros bancos estatales chinos), que consiste básicamente en que el banco chino le presta dinero a un Gobierno extranjero bajo un acuerdo de que tal gobierno contrata a empresas chinas y a un porcentaje de trabajadores chinos. Bajo esta forma de financiamiento, los gobiernos prestatarios se encuentran “condicionados “ a no abrir procesos licitatorios para el desarrollo de proyectos estratégicos, sino que están obligados a contratar a las compañías chinas.

El nuevo líder del Partido Comunista, Xi Jumping, anunció que es hora de que China recupere su posición “legítima en el mundo” y de hacer realidad el “sueño chino”. A estas alturas, no hay duda de que la China de hoy ya es una “superpotencia” cuyo poder no reside en la confrontación sino en el “soft power” del financiamiento.

Desde el 2005 al 2013, alrededor del 75% de las inversiones (70 000 millones de dólares) y préstamos (74 000 millones de dólares) chinos en AL se han concentrado en los países amazónicos, especialmente Brasil, Venezuela, Ecuador y Perú.


Desde el 2005 al 2013, alrededor del 75% de las inversiones (70 000 millones de dólares) y préstamos (74 000 millones de dólares) chinos en AL se han concentrado en los países amazónicos, especialmente Brasil, Venezuela, Ecuador y Perú. El grueso de estos dineros se ha dirigido a industrias extractivas y a actividades de alto impacto ambiental y social, a saber: hidrocarburos (55% de las inversiones y 68% de los préstamos); minería (20% de las inversiones y 7% de los préstamos); transporte (14% de las inversiones) y en el desarrollo de proyectos hídricos (6% de los préstamos, todo en Ecuador).  

De esta manera, China ha logrado obtener los recursos que requiere para sostener su vertiginoso desarrollo y aún más. La mitad del petróleo de consumo interno en China  proviene del exterior, pero adicionalmente China ha logrado excedentes importantes de las compras anticipadas de petróleo que le permiten revenderlo fuera de China. Por ejemplo, mientras Ecuador destina más del 90% de su petróleo para pagar los préstamos a la China (Schneyer y Medina, 2013a noviembre 26), solo a una pequeña parte de ese petróleo llega a China; el resto es vendido en el mercado global, principalmente en los Estados Unidos (Scheneyer y Medina, 2013b noviembre 26).

Sin embargo, y desafortunadamente, lo que sí es cierto es que los capitales chinos han aterrizado en la región sin condiciones de tipo ambiental ni social. Varios países latinoamericanos encabezados por Brasil, Venezuela, Ecuador y Bolivia, han sido explícitos en aseverar que quieren préstamos rápidos y con pocas reglas. Bajo la bandera de la “soberanía” han atacado las salvaguardas ambientales y sociales de los bancos multilaterales  (las mismas que han sido producto de años de lucha de comunidades alrededor del mundo) como “condicionalidades que castigan a los pobres y encarecen los proyectos”,  y limitan la extracción de los recursos naturales que necesitan los países pobres para poder desarrollarse.


El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha logrado financiamientos pagados con crudo. 

Como es evidente, los gobiernos latinoamericanos han optado por la intensificación del modelo primario exportador y rentista. Para confirmarlo basta ver las cifras. En el 2002, las exportaciones de productos primarios y petróleo de la región hacia China representaba un 3,7% de las exportaciones totales globales; en el 2012 estas se cuadruplicaron, alcanzando un 15,3%. Mientras, las exportaciones de productos manufacturados a China en el 2002 representaba un 1,1% de las exportaciones totales globales, en el 2012 estas experimentaron un crecimiento muy modesto, alcanzando apenas un 2,1%.

El sueño chino ¿pesadilla ecuatoriana?

Nunca antes en la historia republicana del Ecuador nuestro país ha dependido de otro país. Con el apoyo del gobierno de Rafael Correa, las compañías chinas se han consolidado en el sector petrolero, minero e hídrico –obteniendo más del 70% de los contratos públicos más grandes- y nos hemos endeudado masivamente con dos bancos chinos.

Hasta inicios del año 2000 la presencia de las compañías chinas era modesta. Actualmente, China controla el mayor porcentaje de contratos petroleros, mineros e hídricos, en comparación con cualquier otro país cuyas compañías operan en cualquiera de esos sectores.

China ha diseñado su estrategia de financiamiento en Ecuador para obtener los recursos naturales que necesita y para posicionar a sus empresas. En el sector petrolero, Andes Petroleum (conformada por Petroleum China National Petroleum Corporation 55% y China Petrochemical Corporation 45%) opera los bloques Tarapoa, 14, 17, la Estación de Almacenamiento y Transferncia en Lago Agrio y participa en la operación del Oleoducto de Crudos Pesados. Andes Petroleum también ha obtenido la concesión de los bloques 79 y 83 ofertados en la Décimo Primera Ronda Petrolera en la Amazonía Centro-Sur; además ha expresado su interés en los bloques 20 y 31.

En el sector minero, China consolidó su presencia en el 2012 con la firma de los contratos mineros Mirador y Panantza con Ecuacorrientes Resources, compuesta por la Tongling Nonferrous Metals Group and China Railway Construction Corporation. Según cifras oficiales ambos proyectos requerirán una inversión superior a los 19 000 millones de dólares, los cuales han sido comprometidos por seis bancos chinos. Adicionalmente, la compañía china minera privada Junefield compró las concesiones de los proyectos Río Blanco y Gaby, y ha señalado su interés también  en el proyecto Fruta del Norte. De concretarse la negociación de Fruta del Norte, todos los proyectos estratégicos mineros estarían en manos de compañías chinas.

El Gobierno ecuatoriano defiende su política de endeudamiento  e inversión argumentando que la revolución ciudadana busca construir relaciones bilaterales de “diferente tipo”. Pero veamos los hechos.


La mandataria argentina, Cristina Fernández, con el presidente chino, Xi JinPing. 

La perpetua carga de la deuda

De acuerdo a las estadísticas del Ministerio de Finanzas, a partir de junio de 2010 los créditos chinos contratados como deuda política alcanza los 7 943 millones de dólares a abril del 2014. Esta cifra asciende a 9 943 millones de dólares tomando en cuenta un desembolso directo a Petroecuador que no ha sido registrado por el Ministerio de Finanzas, en junio de 2009 (Landivar, 2012).

Un total de 4 645 millones de dólares provienen del Banco de Importaciones y Exportaciones de la China, 5 000 del Banco de Desarrollo de la China, y 298 000 del Banco de la China. Además, están por concretarse nuevos créditos por 9 000 millones de dólares para la construcción de la Refinería del Pacifico, con China Petroleum Company como uno de los socios estratégicos.

Los prestamos chinos son muchos más caros y de rápido retorno que los de los bancos multilaterales (Banco Mundial, Banco Interamericano del Desarrollo y CAF), cuyos plazos oscilan típicamente entre 18 y 25 años con intereses menores al 4,5%. Mientras tanto, más del 80% de los prestamos chinos concedidos al Ecuador tienen un interés entre 6,25% y 7,91%, y plazos muy cortos (un 70% de los préstamos chinos tienen un plazo entre 2 y 8 años).

Mientras el grueso de los capitales chinos (una estimación conservadora de los préstamos e inversiones desembolsados bordean los 17 300 millones de dólares) van a financiar proyectos principalmente en los sectores petrolero, minero e hídrico, solo un 0,25% de esos dineros se ha destinado a la construcción de un proyecto de energía eólica.

Para empeorar las cosas, en el caso de los préstamos chinos es muy difícil hacer un seguimiento sobre la negociación de los mismo y el uso de los fondos. A diferencia de los préstamos que conceden los bancos multilaterales, los cuales cuentan con salvaguardas ambientales y sociales claramente establecidas y públicas, políticas que garantizan el acceso a la información y mecanismos para presentación de quejas que frecuentemente son activados por la sociedad civil, los prestamos chinos están caracterizados por el secretismo y la falta de procedimientos y espacios sustantivos de participación y control ciudadano.

“Negociar con China es peor que con el Fondo Monetario Internacional”

Los préstamos chinos no solo son muy caros y “cero” riesgo para china, sino que han sido lesivos a la soberanía del país, según las declaraciones del propio presidente Rafael Correa (AFP 2009 diciembre 5).

En un acuerdo sin precedentes, el gobierno ecuatoriano acepto la propuesta china de cobrar en petróleo los préstamos concedidos por sus bancos estatales. Mediante este tipo de arreglo, Petroecuador envía miles de barriles de petróleo hasta completar el pago del préstamo.

En un acuerdo sin precedentes, el gobierno ecuatoriano acepto la propuesta china de cobrar en petróleo los préstamos concedidos por sus bancos estatales. Mediante este tipo de arreglo, Petroecuador envía miles de barriles de petróleo hasta completar el pago del préstamo. La compañía china que recibe el petróleo, en vez de pagar al Ecuador por ese petróleo deposita el dinero en una cuenta de Petroecuador abierta en el Banco Nacional de Desarrollo de China; este banco tiene acceso a esta cuenta del Petroecuador y se autopaga por los préstamos concedidos al país.
Pero eso no es todo. China ha logrado acuerdos inimaginables, a pesar del malestar del Presidente ecuatoriano. Por ejemplo, “Petroecuador entregó un poder esencial a Petrochina para que pudiera recaudar con los socios internacionales, a su nombre, cualquier saldo que la petrolera estatal ecuatoriana no alcanzara a pagar a China…”. Además, el anexo tiene un carácter vinculante, ya que señala que “en caso de escisión, fusión, reorganización o modificación de cualquier forma de Petroecuador, por cualquier motivo, se considerará como si cada uno de los sucesores de Petroecuador hubiese otorgado esta carta de autorización a Petrochina”. Aparentemente, este poder cubriría los préstamos concedidos entre 2009 y 2011 (El Comercio, 2012 agosto 29).

Además en una negociación realizada en 2010, China exigió que ecuador renuncie a derecho de invocar su inmunidad soberana en cualquier procedimiento contra el estado o sus activos. La clausula excluyó el equipo militar, las embajadas, consulados, recursos naturales que no hayan sido extraídos, los archivos y la herencia cultural, y cualquier propiedad que China no podría incautar bajo la ley ecuatoriana  . En definitiva China no ha dejado ningún cabo suelto.

El G-20, los bancos multilaterales, los bancos chinos y el Gobierno ecuatoriano; todos están alineados en las prioridades de inversión para el desarrollo.

Según el presidente Rafael Correa, los bancos chinos “apoyan al país en los que el país necesita y no en lo que los inversionistas quieren”. Si bien, por un lado el gobierno ecuatoriano ha priorizado la inversión en obras de infraestructura y generación de energía (principalmente grandes hidroeléctricas), buscando con ello alcanzar las metas del Plan Nacional del Buen Vivir en cuanto al cambio de las matrices energética y productiva, por otro lado es cierto que estas líneas de inversión han sido definidas por el G-20 , la banca multilateral, los BRICS y los bancos regionales como prioritarias para la siguiente década. En otras palabras, las instituciones financieras internacionales y el Gobierno ecuatoriano tienen las mismas prioridades de inversión.

Hasta finales del 2013, siete de los diez proyectos hidroeléctricos y cuatro de los seis proyectos multipropósitos en construcción han estado en manos de compañías chinas.

China también sigue las mismas pautas, las cuales están plasmadas en el Catálogo de Inversiones chinas . Este catálogo señala que China invertirá “vigorosamente en energías renovables, en especial los recursos hídricos” y el sector petrolero, y menciona proyectos específicos, como la Refinería del Pacifico, el Puerto de Manta, el Metro de Quito, la Ciudad del Conocimiento; además proporciona una lista detallada de los bancos y empresas chinas estatales que serán apoyadas por el Gobierno chino para facilitar su presencia en el Ecuador. Entre ellas están: China National Petroleum Corporation (Petrochina); Sinopec Group; Andes Petroleum; Hidrochina Corporation; Construcción Group Corporation; China Railway Constrution Copper Crown Investment Limited; y el Banco Nacional de Desarrollo de China.

Para redondear el matrimonio entre las prioridades de inversiones extranjeras, especialmente chinas, con las del Gobierno Ecuatoriano, este creo la figura de las “alianzas estratégicas”, mediante la cual las empresas públicas ecuatorianas pueden relacionarse con empresas públicas internacionales de “forma directa” sin necesidad de entrar en procesos licitatorios para el desarrollo de proyectos en los sectores estratégicos.  Las alianzas estratégicas han sido muy beneficiosas para China, pues ha permitido que se le concedan contratos en forma “express” en todos los sectores estratégicos.

Los ríos están en peligro

Los préstamos chinos en el Ecuador están condicionados principalmente a la contratación de empresas chinas y de trabajadores chinos para la construcción de proyectos hídricos. Sin embargo, la influencia china en la planificación y gestión de los recursos hídricos en el Ecuador va más allá de la mera construcción de las obras.

La Secretaria Nacional del Agua (Senagua) mantiene una colaboración estrecha con el Ministerio de Recursos Hídricos de la China y con la Changjiang Water Resources Commission (CWRC). Como parte de esta colaboración, el instituto chino Río Yangtsé está a cargo de realizar los estudios del Plan de Manejo de Gestión de la Cuencas y Micro Cuencas Hidrográficas del Ecuador, e inclusive se está hablando de crear un Instituto Yangtsé en Ecuador .

Llama la atención esta decisión del gobierno ecuatoriano. Según un reciente “censo del agua” llevado a cabo por el gobierno chino, “28 000 ríos han desaparecido en China desde la década de los 90, dejando un poco menos de 23 000 ríos vivos” (Stanway, 2013 septiembre 23). Según expertos chinos, la crisis del agua que vive China no se debe principalmente al cambio climático sino a que “China está buscando siempre los megaproyectos en vez de la raíz de los problemas” (Lei citado en Stanway, 2013 septiembre 23), refiriéndose a la desviación de ríos para la construcción de grandes represas, para proveer de agua de riego a grandes plantas agrícolas, y para el servicio de industrias como la extracción de carbón.

Desde 2007 hasta febrero de 2014 los bancos chinos han prestado más dinero a Ecuador que el Banco Europeo de Inversiones, los bancos Holanda, Corea, Rusia, el BM, el BID y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) juntos. En total, los bancos chinos han prestado cerca de 10 000 millones de dólares al país. A cambio, el Gobierno ecuatoriano entregará a China más del 90% de la producción petrolera para pagar tales créditos.

Como resultado las áreas aledañas a los ríos han quedado desertificadas, lo que ha provocado una crisis de enormes dimensiones para miles de campesinos. Según el experto Zhou Lei, “ellos experimentan con tecnología para tratar los problemas, como los proyectos de transferencia de agua {…} pero lo que están haciendo es drenar los recursos de una manera equivocada” (Lei citado en Stanway, 2013 septiembre 23). Desafortunadamente, el  Ecuador estaría siguiendo el ejemplo de uno de los peores modelos de manejo hidrográfico en el mundo.

La Refinería del Pacifico

Hasta el próximo septiembre estaría por concretarse la negociación de un crédito por 9 000 millones de dólares con el Banco Comercial e Industrial de la China dirigido a financiar la construcción de la Refinería del Pacifico (Reuters España, 2014 junio 4). Hasta mientras, ya se ha firmado un memorándum de entendimiento con China National Petroleum Company que, conjuntamente con PD-VSA y Petroecuador, estarán a cargo del desarrollo de proyecto.

La Refinería del Pacifico es un proyecto demasiado grande para un país de las dimensiones de Ecuador, como para que siga adelante sin un proceso de debate público informado, transparente y profundo.

La Refinería del Pacifico es un proyecto demasiado grande para un país de las dimensiones de Ecuador, como para que siga adelante sin un proceso de debate público informado, transparente y profundo. Por lo menos tres áreas de análisis deben ser ampliamente discutidas: en el campo económico, ¿cuáles son las condiciones del crédito del Banco Comercial e Industrial de la China y cómo planea pagarlo el Gobierno Ecuatoriano?; en cuanto a escenarios para el abastecimiento de energía, ¿sobre qué bases se ha decidido que una mega refinería es mejor que una o varias pequeñas refinerías?, ¿se han considerado escenarios combinados de una refinería de menor tamaño  con fuentes de generación de energía alternativas?; en cuanto a la evaluación de impactos ambientales y sociales ¿se han considerado los impactos indirectos y acumulativos tanto en la Región Biográfica del Choco, donde se asienta el proyecto, como de las áreas que serán intervenidas para proveer del crudo a la Refinería, como el ITT y la Amazonia Centro-Sur?.

Este megaproyecto tiene implicaciones cruciales para el Ecuador. Si bien por un lado ha sido una vieja reivindicación de los ecuatorianos el tener la capacidad de refinar el petróleo que produce el país, por lo menos para satisfacer el mercado interno de derivados, un proyecto de las dimensiones de la Refinería del Pacifico prácticamente duplicará la deuda ecuatoriana con la China y requerirá que se incorporen nuevas áreas a la explotación petrolera, como el eje Ishpingo-Tambococha-Tiputini y nuevos bloques de la Amazonía Centro-Sur. Pero aún así no será suficiente para proveer el petróleo que requerirá la Refinería del Pacifico. El Ecuador recibirá también petróleo de Venezuela, uno de los países más convulsionados políticamente y económicamente en el mundo, y cuyo futuro petrolero también esta hipotecado a China.

El impacto va más allá de lo económico

Aunque algunos mandatarios latinoamericanos defiendan su política de endeudamiento, argumentando que se trata de una transición del modelo neoliberal impulsado bajo los principios del “Consenso de Washington” hacia un nuevo modelo guiado por el  “Consenso de Beijing”, inspirado en los principios de la soberanía financiera, basta revisar las características de los financiamientos chinos, sus condicionamientos y orientación para darse cuenta que la región esta muy lejos de hablar de soberanía financiera.

El Ecuador es uno de los mejores ejemplos. Durante los últimos cinco años, a través de las ventas anticipadas de petróleo, el Gobierno ecuatoriano ha adquirido préstamos sumamente costosos. Para poder pagarlos el país ha comprometido la producción actual y futura de los campos petroleros en el Ecuador, tanto de los que están en producción, como de los que tendrán que entrar en producción para que la Refinería sea viable.

Pero el impacto de las inversiones chinas va mucho más allá del ámbito económico: el gobierno de Rafael Correa ha impulsado una oleada de proyectos hídricos, muchos de ellos de muy durable eficacia, y ha dado paso a la explotación intensiva petrolera y minera en zonas que tendrían más beneficio para el país si no fueran explotadas. Todo esto se ha hecho en un clima creado por el gobierno nacional, en el cual la “política pública” (fundamentalmente extractiva) se ha antepuesto al ejercicio de la ley y el derecho a la participación.

Hace un par de años cuando Rafael Correa empezó a mostrar su “mano dura” frente a los ecologistas y millones de dólares provenientes de China empezaron a llover en las arcas públicas, un amigo decía: “vamos a llegar a un punto que vamos a rogar al Banco Mundial y a las corporaciones americanas que vuelvan al país”. No hemos llegado a este punto todavía pero tampoco me sorprendería que en la próxima década vivamos una crisis ambiental de mayores proporciones que la dejada por Chevron-Texaco en la Amazonía y que tengamos que volver a “ajustarnos los cinturones” para poder pagar la deuda a China.

*Artículo publicado originalmente en el libro "La restauración conservadora del correísmo" con el título "Una cuestionable alianza Sur-Sur: Las inversiones chinas en Ecuador y en la región". Reproducido con autorización de la autora.

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