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24 de Septiembre del 2015
Investigación
Lectura: 26 minutos
24 de Septiembre del 2015
Arturo Villavicencio
La nano-alfalfa y el cambio de la matriz productiva: más verdades sobre Yachay

Fotos: Ciudad Yachay

Yachay participa en las llamadas ferias ciudadanas, que organiza el gobierno, así como en ferias propias.

 

Una muestra de la participación de Yachay en una de las ferias.

 

No es tarea fácil convencer a la sociedad sobre las bondades del proyecto Yachay con una argumentación tan deleznable. El mensaje hay que reforzarlo con la propaganda; utilizar cualquier medio disponible que permita venderle al país cualquier cosa como milagrosa, como la solución a todos los males.

La Ciudad del Conocimiento, “el proyecto más importante en la historia del país” encuentra su justificación y razón de ser en una serie de supuestos y narrativas simplistas, opiniones ingenuas y expectativas que escapan del sentido común. Es alrededor de estas narrativas que se construye un imaginario tecnológico, presentado como una solución milagrosa a todos los problemas, desde la transformación del sistema universitario hasta un nuevo modelo social, pasando, por supuesto, por el de constituirse en el motor y catalizador de un nuevo patrón de desarrollismo moderno.

De ahí que, ante los cuestionamientos sobre los objetivos concretos, mecanismos de acción, inversiones requeridas, metas y plazos estipulados, los burócratas no escatimen cualquier argumento ramplón para salir al paso de preguntas indiscretas de la prensa corrupta que podrían develar lo absurdo de la propuesta, y sobre todo,  un escandaloso despilfarro de los dineros públicos. Así,  la contratación de una empresa “caza talentos” por 1.7 millones de dólares se justifica por “el parroquialismo de la universidad ecuatoriana”; los sueldos exorbitantes de cuatro académicos (un gasto cercano a 1 millón de dólares anuales) por la necesidad de “traer investigadores, filántropos que inviertan en empresas que quieran transferir su tecnología”; el gasto en publicidad (1.6 millones de dólares en el 2014) bajo el objetivo de “posicionar Yachay en el ámbito nacional e internacional”; y así se podría continuar con una larga lista de despropósitos. En algunos casos, a las insensateces es necesario agregarles una cifra para reforzar el mensaje: “el país ganara 10 dólares por cada dólar invertido en la ciudad del conocimiento”. Se sigue al pie de la letra el conocido aforismo: “si usted quiere que la gente crea algo realmente estúpido, simplemente añádale un número”.

La propaganda, ante todo

Por supuesto que no es tarea fácil convencer a la sociedad sobre las bondades del proyecto Yachay con una argumentación tan deleznable. El mensaje hay que reforzarlo con la propaganda; utilizar cualquier medio disponible que permita venderle al país cualquier cosa como milagrosa, como la solución a todos los males. Es así que, a través de un mensaje repetitivo, se inventan episodios y símbolos bajo una promesa revolucionaria de transformación. No se escatiman recursos en el pago de campañas publicitarias, material de difusión, publirreportajes y cuanto medio este disponible (ver Cuadro 1) para pregonar las bondades de un proyecto redentor de la sociedad ecuatoriana.

Como un ingrediente importante de la campaña publicitaria se organizan cumbres, simposios, talleres y eventos con denominaciones similares bajo el pretexto de exponer a los jóvenes con los últimos adelantos de la ciencia y tecnología. Centenares de miles dólares se gastan en la organización de estas actividades, con un marcado contenido comercial y de escasa trascendencia y repercusión para un desarrollo tecnológico nacional. Poco importa el contenido, lo que interesa es la publicidad sobre la realización de los eventos.

En realidad se trata de ferias y exposiciones que pretenden obnubilar a la juventud y a la sociedad toda con mercancías ingeniosas, muchas imaginarias y casi todas prescindibles. Se busca siempre que por lo menos el logo de una universidad extranjera, bien situada en los cuestionados rankings internacionales, asome en la publicidad con el fin de dar la impresión que una institución de prestigio mundial avala tal o cual evento. No se dan cuenta los burócratas locales que simplemente están haciendo el juego al lucrativo negocio de estas instituciones, que directamente, o indirectamente a través de sus subsidiarias, buscan capitalizar su nombre de marca. Ignoran la estrategia comercial que han emprendido esas universidades centrada en una oferta y patrocinio de conferencias, competencias, concursos de tinte académico, cuidadosamente patentados y con registros de marca, que buscan posicionarse en un extenso mercado mundial de servicios educativos que no deja de crecer.

La falta del aporte académico hay que suplirlo con publicidad, con una organización logística que pueda impresionar y también, con la participación de figuras estrella que, sin importar su aporte intelectual, puedan concitar la atención de los medios de comunicación.

Indudablemente que una parte importante de la vida académica de las universidades es dedicada a la organización de seminarios, coloquios, talleres y conferencias a nivel nacional y en menor grado a nivel internacional. Estos son eventos constituyen el marco apropiado para el debate de ideas, la difusión de trabajos de investigación, compartir experiencias sobre temas y problemas que conciernen a la sociedad. A pesar de su todavía incipiente experiencia y nula investigación, Yachay desarrolla una intensa actividad en la organización de este tipo de eventos. Poco importa la orientación y contenido de los eventos, y entonces la falta del aporte académico hay que suplirlo con publicidad, con una organización logística que pueda impresionar y también, con la participación de figuras estrella que, sin importar su aporte intelectual, puedan concitar la atención de los medios de comunicación (en la cumbre sobre Desarrollo Sostenible, una de las figuras de renombre fue Jeffrey Sachs, tristemente celebre por ser el autor de la doctrina económica de shock que llevo al descalabro a varios países).

En el año 2015, el presupuesto asignado a las organización de talleres, conferencias, concursos es de alrededor de un millón de dólares, de los cuales 700 mil dólares se han destinado a cubrir el costo de tan solo tres eventos (Cuadro 2). Llama fuertemente la atención que la organización de un solo evento, la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, haya costado mas de cuatrocientos mil dólares. Además del costo exorbitante, lo sorprendente radica en el despilfarro para la realización de un evento sobre un tema ampliamente descalificado en los planes de desarrollo del actual Gobierno. ¿Acaso el Buen Vivir no venia justamente a substituir “toda aquella perspectiva colonialista del desarrollo sostenible”? O posiblemente la necesidad de posicionar un proyecto ante una sociedad que se vuelve escéptica y justificar el alegre despilfarro de los dineros de los ecuatorianos requiere sacrificar principios (si se puede hablar de principios). En definitiva, si desarrollo sostenible y Jeffrey Sachs pueden vender, el resto importa poco.

Un dato adicional: la Universidad Andina Simón Bolívar organizó en meses pasados la Conferencia sobre La Geopolítica del Conocimiento, con la participación de 10 académicos de América Latina  y una asistencia por tres días de más de doscientos participantes. El costo total del evento, incluido el co-financiamiento por parte de una institución coauspiciadora y la próxima publicación de las ponencias, fue de alrededor de veinticinco mil dólares. Los lectores pueden sacar sus conclusiones de la comparación.
En definitiva, el gasto dispendioso en publicidad y eventos insustanciales se suma al gasto en “consultorías estériles”, en “contratos excesivos”, en “contrataciones irregulares”, en “viáticos generosos” que fueron denunciados por el ex-rector de Yachay.

La cultura del emprendimiento y los emprendedores

En el centro de todo este despliegue propagandístico se construye el imaginario del genio emprendedor, quien trabajando en un garaje, produce innovaciones que, con el apoyo de “inversionistas ángeles”, son transformadas en ingeniosos productos de consumo masivo, creando así riqueza y bienestar. Esta es la visión de nuestros burócratas acerca de los procesos de innovación tecnológica. Para ellos, estos procesos no existen como procesos históricos y sociales, sino que son acciones aisladas, fruto de la inventiva e imaginación de genios individuales. De ahí que los Bill Gates, los Steve Jobs sean los nuevos profetas de la religión del éxito, del emprendimiento, que afanosamente promueve la propaganda oficial. Esta es la imagen del Silicon Valley que de manera vehemente se desea replicar. ardientemente

Lo que resulta aun más preocupante es que la burocracia misma parecería estar convencida de este imaginario. Ignoran que sin la intervención del complejo industrial-militar estadounidense generosas subvenciones y aportes de fondos estatales, el Silicon Valley probablemente no existiría, por lo menos en la forma que ha tomado. Tampoco parecen conocer que Apple, Microsoft, Google no han producido significativas innovaciones tecnológicas, sino que inteligentemente han sabido integrar en ingeniosos productos y aprovecharse del resultado del desarrollo científico y tecnológico de decenas o centenares de laboratorios y centros de investigación financiados en su mayor parte con fondos gubernamentales, es decir de toda la sociedad estadounidense. Y lo que si resulta sorprendente es que a pesar de sus fabulosas ganancias, estas empresas eludan, también ingeniosamente, el pago de impuestos.

Se pregona el ideario del líder basado, implícitamente, en el menosprecio, la autocomplacencia y el egoísmo. Se busca inculcar a los estudiantes el conocimiento y las destrezas para conquistar los mercados.

No esta discusión si la universidad debe responder o no a las demandas de la economía, o si debe desarrollar investigaciones aplicadas vinculadas al desarrollo de las empresas, o formar profesionales competentes en un mundo globalizado. Estas son responsabilidades ineludibles de la universidad. Lo que aquí se cuestiona es la insistencia de una  filosofía del éxito y del emprendimiento, que trata de introducir a los jóvenes en la lógica de una competencia despiadada, ignorando que para que haya triunfadores debe haber perdedores pisoteados por el triunfador. Se pregona el ideario del líder basado, implícitamente, en el menosprecio, la autocomplacencia y el egoísmo. Se busca inculcar a los estudiantes el conocimiento y las destrezas para conquistar los mercados, o sea, el conocimiento práctico, aplicado, el vinculado a la economía, el que da réditos económicos y asegura el éxito en la competencia.

Todo este ideario es internalizado con un hábil maniqueísmo en una propaganda insistente, convirtiéndolo en un ideal seductor que no admite cuestionamiento. La búsqueda del éxito, entendido como aspirar al puesto alto, al mejor salario, a la posesión de más cosas, es presentado como la superación de lo mediocre para alcanzar la excelencia, el paso de lo conservador a lo moderno, de la ineficiencia a la eficacia. Todo esto bajo la promesa de un porvenir deslumbrador, con el convencimiento de que la utopía de hoy ineluctablemente se convierte en la realidad del mañana. Bajo esta lógica, el mensaje de renovación, cambio y modernización de la universidad ecuatoriana aparece como incontestable con la ventaja adicional de poder calificar a que quienes se le opongan como retrógrados, simples lastres o rémoras del pasado. 

Un polo empresarial de alta tecnología

“Yachay contempla la instalación de grandes laboratorios y centros de investigación”. Es este objetivo la razón de ser de Yachay. Ya en el año 2013 la propaganda sobre Yachay decía que “decenas de empresas nacionales y extranjeras han mostrado interés en ser parte del primer HUB [sic] de conocimiento de la región”. Más recientemente se ha anunciado la firma de convenios con empresas como Microsoft, IBM, Cisco, Telefónica, etc., deseosas de invertir millones de dólares en centros de investigación y desarrollo y en plantas de producción. Son estos convenios los que van a plasmarse en el desarrollo de centros de investigación e industrias de punta que van a generar empleo y transformar la economía y la sociedad.

La realidad es un poco diferente. La información disponible, reporta la firma cuatro convenios con organizaciones y empresas internacionales (ver Cuadro 3). En primer lugar, se trata de convenios no con las grandes empresas sino con las oficinas locales de estas empresas. Queda la duda si estas representaciones tiene la capacidad o delegación por parte de sus empresas matrices de comprometer significativas inversiones y, sobre todo, de transferir su know-how, el bien mas preciado y mejor protegido que poseen este tipo de organizaciones. Quizá esta es la razón por la cual en ninguno de los convenios se habla de transferencia de tecnología, de inversiones, ni siquiera de una remota intención de establecer subsidiarias o joint-ventures en Yachay. En realidad, los publicitados convenios se refieren a simples formalidades para la realización de eventos o actividades puntuales de escasa, escasísima importancia:  de promoción y certificación para el uso de software de una empresa (Microsoft); con Otecel, para la creación de soluciones móviles (expansión del mercado de telefonía celular de esta empresa?); con Sinohidro para proporcionarle información sobre la expansión de Yachay (facilitarle su participación en licitaciones publicas futuras?); y por ultimo con la Universidad de Kansas para pasantías de nivelación en el idioma ingles.

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Cuadro 3. Convenios firmados para "atracción de inversiones"

Convenio 1: Yachay – Microsoft del Ecuador - EDUTEC:

“Coordinar acciones para la gestión, promoción y ejecución de la Maratón Tecnológica Nacional de Certificaciones de MTA (Microsoft Technology Associate)”

Convenio 2: Yachay – TELEFONICA del Ecuador:
“Trabajar en forma conjunta a fin de coordinar y articular acciones que permitan la ejecución de programas y proyectos específicos para la creación de soluciones móviles en el ámbito de las competencias de la Empresa Publica Yachay y TELEFONICA del Ecuador, en beneficio del desarrollo tecnológico del país”

Convenio 3: Yachay - SINOHYDRO
“trabajar en forma conjunta e intercambiar toda la información necesaria entre la EMPRESA PÚBLICA YACHAY E.P. y la empresa SINOHYDRO CORPORATION LIMITED, que permita a ésta última conocer sobre el proyecto Ciudad del Conocimiento "YACHAY", enfocado principalmente en todo lo que implica la infraestructura del subsuelo, y el sistema de alcantarillado y agua potable para el proyecto Ciudad del Conocimiento  -YACHAY, así como también el desarrollo e implementación del Proyecto Multipropósito Piñán - Tumbabiro, que será la principal fuente de abastecimiento del recurso hídrico a la ciudad del conocimiento -YACHAY", al cantón Urcuquí, y a la región sur de la Provincia de Imbabura.”

Convenio 4: Yachay - Universidad de Kansas:
Convenio para nivelación del idioma ingles.

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El alcance y contenido de estos convenios dejan poco espacio para comentarios. La pregunta que surge es si este tipo de convenios son los que realmente permitirán “desarrollar el ecosistema de innovación y emprendimiento que incentive  la generación de nuevos negocios, productos y/o servicios innovadores y con alto valor agregado que puedan  ser comercializados en el mercado nacional e internacional, para crear una visión de exportación y sustitución de importaciones”?

Una investigación al borde del conocimiento científico

Pero, además de una publicidad dispendiosa, la realización de costosos eventos irrelevantes y la firma de convenios insustanciales, también es necesario crear la imagen de Yachay como un verdadero centro de investigación. Se ha vendido la imagen de Yachay como el centro del desarrollo científico y tecnológico de tecnologías ubicadas al borde del conocimiento: la nanotecnología, la biotecnología, la bioinformática. Es alrededor de estas disciplinas que espera generar aplicaciones científicas que nos llevaran al buen vivir.

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Los proyectos de investigación científica de Yachay

Proyecto 1: Producción industrial de alfalfa

“Manejo y aprovechamiento del cultivo de alfalfa existente en la zona de influencia. Producción y elaboración de pacas de heno de alfalfa, anclado a un sistema tecnificado con valor agregado. Se prevé establecer un sistema de producción que contemple prácticas eficientes de manejo de suelo, técnicas eficientes de riego, manejo de plagas y enfermedades, y unidades técnicas de cosecha. Este sistema innovador de producción favorecerá sustancialmente las rentas económicas de producción interna, a través de la reducción de importaciones.”

Proyecto 2: Producción de caña de azúcar

“Promover el manejo adecuado en las actividades de producción (fertilización, labores culturales a tiempo y riego) e incorporar tecnología de cultivo, nivelación y mejora de suelo, nuevo material genético, entre otros. El objetivo es incrementar la productividad del cultivo en la zona de influencia, para abastecer la producción de azúcar y derivados de la misma, así como generar procesos de investigación, transferencia de tecnología e innovación, incorporando el componente ambiental en dichas actividades en Ciudad Yachay.”

Proyecto 3: Cultivo, manejo, producción y exportación de lisianthus (flores)

“Desarrollar una explotación agrícola social y ambientalmente responsable, a través de sistemas de producción y procesos de innovación para lograr mayores rendimientos y estándares de calidad en cuanto a la exportación de flores de verano, cumpliendo con todos los requerimientos de venta en el mercado internacional.”

Proyecto 4: Producción y exportación de vegetales y hortalizas orgánicas

“Desarrollar productos no tradicionales en la sierra ecuatoriana a fin de tener cabida en mercados internacionales, cuya participación aportará al cambio de la matriz productiva con procesos de investigación, transferencia de tecnología e innovación.”

Proyecto 5: Centro de innovación e investigación para el desarrollo de la ganadería y genética bovina

“Mejorar el patrón genético de la ganadería bovina nacional, a fin de generar una ganadería rentable y competitiva en el mercado internacional a través de la mejora en la calidad genética del ganado de leche, carne y doble propósito (leche y carne) de pequeños, medianos y grandes productores nacionales.”

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La información sobre la investigación científica que desarrolla Yachay se resume en la implementación de cinco proyectos: i) “Producción industrial de alfalfa”, ii) “Producción de caña de azúcar”, iii) “Cultivo, manejo, producción y exportación de flores”, iv) “Producción y exportación de vegetales y hortalizas orgánicas”; y v) “ Centro de innovación e investigación para el desarrollo de la ganadería y genética bovina” (ver Cuadro 4).

Como la información sobre estos proyectos es escueta, todo hace pensar que, si bien se trata de proyectos de larga data en la incipiente investigación y desarrollo tecnológico del país, la aplicación de las ciencias al borde del conocimiento, nanotecnología y biotecnología, permitirán ahora si el desarrollo de nuevas variedades vegetales (quizá genéticamente modificadas), de novedosas especies bovinas, con una productividad milagrosa, que revolucionarán la estructura productiva de la economía y conducirán al país a posicionarse como el líder mundial en estas áreas del conocimiento y producción. Así, por ejemplo, bien podríamos especular que la combinación de la nanotecnología con el cultivo de la alfalfa puede resultar en la producción industrial  de una especie de nano-alfalfa que bien podría constituirse en el motor del cambio hacia una economía post-extractivista.

A parte de estas especulaciones, el país puede ahora constatar que ha sido necesario invertir alrededor de 300 millones de dólares en Yachay para redescubrir programas y proyectos sobre los cuales el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias -INIAP ha venido trabajando por más de cuarenta años en estaciones y granjas experimentales a lo largo del país. ¿Acaso, no hubiera sido mas productivo fortalecer y modernizar esta institución, dotándola de recursos necesarios para afirmar su capacidad técnica con la incorporación de personal técnico especializado y la adquisición equipos y laboratorios de punta? De entrada se ha descartado la posibilidad de estructurar alrededor del INIAP redes efectivas de investigación y desarrollo, con la incorporación de universidades y empresas privadas, redes centradas en proyectos y programas con objetivos concretos, bajo una visión de utilizar nuestros recursos naturales como una plataforma para desencadenar un circulo virtuoso de desarrollo económico y generador de empleo.

el país puede constatar que ha sido necesario invertir alrededor de 300 millones de dólares en Yachay para redescubrir programas y proyectos sobre los cuales el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias -INIAP- ha venido trabajando por más de cuarenta años en estaciones y granjas experimentales a lo largo del país.

A pesar de la indolencia y desidia de muchos gobiernos que gradualmente, en nombre de la eficiencia y reducción del Estado, debilitaron enormemente a esta institución, negándole posibilidades y espacios, el país reconoce su aporte al desarrollo científico y tecnológico del país en el área agropecuaria. Toda esta memoria histórica y acumulación de conocimiento corre el riesgo de desvanecerse con la intención del Gobierno de simplemente eliminar a esta institución. El proyecto de la “Ley Ingenios” en su Disposición Derogatoria 4 deja sin efecto la ley de creación de esta institución, al igual que sucede con otras instituciones (Servicio Geográfico Militar, Instituto Nacional de Meteorología, Instituto Nacional de Pesca). Seguramente la intención consiste en crear algo nuevo, con alguna denominación pomposa, que  refuerce aquel mensaje refundacional del “nunca antes”, “por primera vez en la historia del país” , “somos los pioneros”; es decir, la conocida estrategia de venderle a la sociedad cualquier cosa como nueva. Como acertadamente lo señala Juan Cuvi, bajo esta estrategia  “se ocultan personajes [e instituciones] con la misma desfachatez con la que se inventan episodios y símbolos funcionales; se succiona la esencia de hechos y situaciones pretéritas para transformarlos en arcilla de las construcciones coyunturales”. 

Se ha anunciado insistentemente que “Yachay va porque va”; es decir, porque a mi me da la gana. Sin embargo, la prepotencia y la soberbia tienen sus limites; esta vez impuestos por la cruda realidad económica que enfrenta el país. La burbuja de bonanza y bienestar creada alrededor de un gasto publico irresponsable e irracional ha llegado a su fin y ello obliga a la dolorosa transición del suma-kawsay al resta-que-nuay. Es probable que las políticas de ajuste y austeridad pongan freno al gasto dispendioso. Esto daría un respiro y un tiempo de reflexión para replantear objetivos y regresar a la sensatez. Varias alternativas son posibles: un INIAP renovado y fortalecido, un centro de capacitación y entrenamiento tipo Zamorano, el centro de articulación de una red de investigación que involucre universidades y organizaciones afines, o simplemente una inteligente combinación de estas u otras opciones. Si bien, nuevas definiciones y estrategias tienen que esperar todavía mas de un año para su concreción, es el momento de emprender un ejercicio serio de reflexión y debate.

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