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7 de Octubre del 2020
Crónica
Lectura: 13 minutos
7 de Octubre del 2020
Redacción Plan V
Médicos creen que segunda ola de contagios en Quito es inminente
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En Gualo, en el norte de Quito, hubo poca afluencia de pacientes el miércoles pasado. Los dirigentes barriales son quienes deben convocar a los vecinos. Foto: Luis Argüello/PlanV

 

Más de 100 profesionales de la salud recorren la ciudad en busca de pacientes con COVID. Sus integrantes consideran que el fin del estado de excepción elevará los contagios en las próximas semanas. Muchos de ellos llegaron desde otras provincias y aseguran que están viviendo una segunda rural.


En la casa comunal de Gualo, los médicos esperaban a los pacientes. Son parte de las brigadas médicas del Municipio de Quito que recorren los barrios de la ciudad. Llevan más de dos meses en esas visitas y han visto cómo se vive la pandemia en los sectores rurales y pobres de la capital. En Gualo, por ejemplo, a media mañana del miércoles 7 de octubre, un equipo de 9 personas (tres médicos, cuatro enfermeros y dos licenciados en laboratorio) no tenía pacientes. El presidente del barrio, quien es el encargado de informar a la comunidad, había tenido poco tiempo para regar la noticia, pues la confirmación de estas visitas solo le llegó el día anterior.

Esto lo contó la esposa del presidente del barrio, Norma Romero, quien acudió a las brigadas. Ella llegó preocupada porque hace una semana una tía suya falleció por coronavirus. Mientras que el esposo de la víctima está en cuidados intensivos en el Hospital Eugenio Espejo. Muchos familiares estuvieron en la despedida de la tía y aunque Norma no asistió, le quedó la duda porque empezó a tener síntomas de gripe. Los médicos le tomaron sus datos como el teléfono y el correo y los signos vitales. Enseguida pasó a la silla donde estaba ubicado un médico, quien le hizo varias preguntas para determinar si debía hacerse la prueba. Norma calificó para el procedimiento y pasó hasta el tercer equipo que le hizo el hisopado. Después llamó a su hermana, trajo a su madre y corrió la voz entre los vecinos que poco a poco empezaron a acercarse hasta esa unidad médica móvil.


Los médicos hacen seis horas de trabajo de campo y dos horas de trabajo administrativo. Foto: Luis Argüello

 

Norma dice que su barrio ha vuelto a la normalidad. Gualo es un sector de clase media baja, donde muchos vecinos aún viven de la crianza de animales. Algunos vecinos comentaron a Norma que no querían hacerse la prueba porque creían que les harían sangrar. Norma fue a las brigadas para confirmar que eran médicos los que le tomarían la muestra. Salió agradecida porque su economía no da para pagar una prueba PCR que en laboratorios particulares tiene un costo mínimo de 60 dólares.

La evolución de la pandemia en la capital y en los barrios ha sido vertiginosa. El 3 de junio, cuando Quito pasó al semáforo amarillo, las parroquias urbanas con más contagios eran Belisario Quevedo, Chigollado, Guamaní, el Centro Histórico y La Magdalena. Cada sector registró entre 250 y 280 contagios. En los últimos meses se han sumado Chimbacalle y Cotocollao y el número de casos positivos van entre los 2.000 y casi 4.000 positivos, siendo Chillogallo la más afectada. En el caso de las parroquias rurales, Calderón y Conocoto se mantienen como aquellas que lideran el número de contagios: de entre 147 y 179 casos en junio pasaron a 1.513 y 2.690 al 7 de octubre. Al 3 de junio se registraron 3.842 contagios y 305 fallecidos. Ayer, hubo 40.021 positivos y la cuenta de los fallecidos confirmados por COVID llegó a 1.490

Uno de los doctores que ha recorrido el norte de Quito es Roberto Silva. Menciona que en muchos sectores rurales han llegado pacientes que han tenido contactos con otros contagiados. Y por esa razón acuden a atenderse por temor a ser asintomáticos. A estas brigadas, mayoritariamente, llegan pacientes con síntomas leves porque los más graves van directamente a las casas de salud. Pero cuando Silva fue a Zámbiza, un barrio rural del norte de la ciudad, encontró otra situación.  A mediados de septiembre en ese sector hubo mucha afluencia de pacientes con síntomas, sobre todo con fiebre, que no es lo usual. Ahora conoce que la situación ha mejorado en ese barrio. En Gualo, Silva hasta antes del mediodía atendió a siete pacientes a quienes envió a que les hagan las pruebas PCR porque presentaban tenían síntomas y había tenido contactos de riesgo.

 
Los licenciados de laboratorio etiquetan las pruebas antes de llevarlas a su análisis. Foto: Luis Argüello

Antonio Vélez, enfermero, llegó a la capital desde Guayaquil, en agosto pasado. Trabajaba en la Unidad Metropolitana de Salud del Puerto Principal. Cuando los casos bajaron en esa ciudad, el personal médico fue redistribuido en diferentes provincias para brindar apoyo. Vélez fue enviado a Quito. Él considera que el crecimiento de los casos es inminente porque hay desorden y falta de preocupación. He visto un aumento de casos en las últimas semanas. Cree que habrá un segundo brote por la falta de educación de las personas y el desinterés.

Los médicos buscan educar a las personas con el uso correcto de la mascarilla, el distanciamiento social y el lavado frecuente de manos. Vélez ha visitado unos 15 barrios y el más lejano le pareció Gualea. Los médicos y enfermeras deben llegar por su propia cuenta. Deben cruzar la ciudad para llegar a esas zonas. Por eso lamenta que a veces ese esfuerzo es desperdiciado cuando va poca gente a las brigadas. Dice que eso les ha pasado en algunos lugares. Como enseñanza, esta emergencia le ha mostrado que el país no está preparado para una pandemia de esta magnitud y que no hay responsabilidad de los ciudadanos. Piensa que, antes que la atención médica, más importante son las campañas para educar a la gente.


Por temor y desconocimiento, los vecinos a veces no acuden a estas brigadas.

Las brigadas, por lo general, hacen entre 30 a 40 pruebas diarias. La mayor afluencia se da en las primeras horas de la mañana y disminuye con el pasar de las horas. Estos grupos médicos siempre van a barrios distintos, solo cuando hay mucha afluencia vuelven a un mismo sector. Los dirigentes barriales son los que promocionan la llegada del grupo médico y la mayoría de pacientes tienen entre 30 y 40 años, que es el grupo más expuesto porque sale a trabajar, según el doctor. A estos puntos llegan habitantes de otros barrios, que ven una oportunidad para hacerse la prueba. En el norte de la capital, circulan entre tres y cuatro brigadas.

Un número similar de brigadas existe en el sur y centro de Quito. Arlin Batson, una de las médicos de las brigadas del sur, dice que hay 55 doctores, 55 enfermeras y 10 auxiliares de enfermería que se distribuyen en toda la ciudad. Hay sitios donde no tienen carpas, no hay baño, no hay casa barrial y les ha tocado estar en una vía. “Pero el fin es llegar a ellos”, dice esta médica en referencia a las comunidades más alejadas donde viven hasta ocho personas en una sola habitación.

Ella, el pasado viernes, estuvo en la Lucha de los Pobres, un barrio popular del sur de Quito, donde hay habitantes que viven con menos de dos dólares al día. En ese sector, el dirigente barrial comunicó a la población de más riesgo, como los vendedores ambulantes y recicladores de basura, la llegada de la brigada. Los médicos narran que hay pacientes que no saben el número de teléfono, ni su dirección y menos tienen un correo electrónico para que les lleguen los resultados, que están listos entre 48 y 72 horas. María Condo fue uno de esos casos. Ella dijo que llegó porque ha visto fallecer a muchos de sus vecinos. Pero no tenía un número de teléfono para que la contacten. En esos casos, se envía la información al presidente del barrio. Los dirigentes saben donde hay pacientes contagiados o enfermos.


En ocasiones, los médicos van a buscar a los pacientes que tienen discapacidad porque no pueden movilizarse o les ha tocado convencer a la familia para que envíen a un paciente al hospital. Foto: Luis Argüello

“El fin es llegar a la persona antes de que siga contagiando. Ni siquiera tienen para comprarse paracetamol. La brigada se transporta hacia ellos, más no ellos a la brigada”, dice Batson. La semana pasada, las brigadas hicieron entre 950 a 1.000 pruebas, según la doctora. Cada médico puede realizar al día entre 16 y 20 pruebas a pacientes que lo ameriten.

Batson es optimista, en relación al inicio de la pandemia en Quito, cuando cree que hubo un caos en la ciudad. Dice que la tasa de complicación de la enfermedad ha disminuido, pero la de contagios se mantiene. Cree que el virus tal vez ha bajado su agresividad. “Pero eso no quiere decir que no sigan los contagios y que las probabilidades de muertes de un paciente diabético, mayor de 65 años, haya disminuido”, aclara.

Si las brigadas reciben a un paciente grave, este es transportado en una ambulancia hasta el Centro de Atención Temporal, ubicado en el Bicentenario. Esta semana, afirma Batson, no han enviado a ningún paciente. En el inicio de las brigadas, en agosto, referían entre cuatro y cinco pacientes. Las brigadas, sostiene, han servido para controlar los síntomas de los pacientes desde el inicio y que no se compliquen. Después de los barrios, los médicos hacen horas de oficina y se reúnen para consolidar los datos.

La semana pasada, las brigadas hicieron entre 950 a 1.000 pruebas. Cada médico puede realizar al día entre 16 y 20 pruebas a pacientes que lo ameriten.

Una segunda rural para aliviar la economía 

Para muchos de los médicos de estas brigadas esta experiencia les ha significado pasar por una segunda rural. La rural son las prácticas que hacen los médicos recién graduados. Por eso, este tipo de atenciones no es nuevo para ellos. Tienen temor al contagio, pero también entienden que es parte de su profesión. A las brigadas salen con sus batas, mascarillas, visores y zapatones.

Los médicos han formado parte de este contingente en Quito porque también fue una alternativa laboral en un contexto nacional de poca oferta de trabajo. Las brigadas las integran médicos que estuvieron en hospitales o clínicas privadas o simplemente estaban desempleados.


Cuando el barrio no tiene una casa comunal, las brigadas se instalan en carpas para atender a los pacientes. Foto: Revista Plan V

Un licenciado en enfermería que no quiso dar su nombre contó que llegó desde Santa Elena. Allí trabajaba en un consultorio privado, donde se atendía pacientes con COVID. Él se contagió en julio y antes de venir a la capital pasó las pruebas y pudo ser parte del grupo médico móvil. Se trasladó en el auto de un amigo porque hace dos meses aún no había transporte interprovincial. Al ser personal de salud si les dejaron pasar en los controles policiales. Ganaba muy poco y el sueldo que le ofrecieron en Quito fue mucho mejor incluso para cubrir sus necesidades de vivienda. Comparte una casa con un amigo, quien también es enfermero.


En la Lucha de los Pobres, en el sur de Quito, los médicos tomaron pruebas a vendedores informales y recicladores. Foto: Revista Plan V

La misma historia la cuenta otra enfermera que también prefirió omitir su nombre. Llegó desde Machala y en Quito comparte con cinco personas más un departamento. Todos trabajan en distintas brigadas en la capital. En su hogar, tienen un “área sucia”, donde se cambian de ropa y se lavan las manos antes de pasar al resto de la vivienda. Ella trabajaba en una clínica privada donde le pagaban 700 dólares, sin seguro social. En el Municipio, los brigadistas ganan 1.200 dólares.

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