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Correísmo

Tag: Correísmo

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¿Quo vadis, Moreno?
Después de su éxito en la consulta popular, poco, muy poco ha cambiado en Moreno. Correa y sus fantasmas se han convertido en una especie de molinos de viento a los que se confunde con los verdaderos problemas del país y de su propio gobierno. En efecto, no vemos, y no porque seamos ciegos, que se haya dado suficiente importancia a procesos sociales como para que marquen cambios importantes en el manejo del Estado. Respetando ciertos pequeños eventos, el país no es objeto de una seria y profunda renovación.
Un beduino en Carondelet
Moreno no marca el ritmo de la administración pública. Cada sector –o cada ministerio– maneja sus propios tiempos. Tal vez el objetivo de esta permisividad era romper con el centralismo y la verticalidad del gobierno anterior, cuando los ministros eran simples amanuenses. Pero esta asincronía puede terminar en una fragmentación caótica. Aunque suene a perogrullada, alguien tiene que dirigir la orquesta. En un Estado moderno se supone que el presidente lleva la batuta.
Los cuatro silencios de Lenín
El Presidente no se pronuncia acerca de los cuestionamientos a Santiago Cuesta (por tema petrolero e insultos a periodistas), Andrés Michelena (en su participación en los contratos en la era de la Secom de Fernando Alvarado), Johanna Pensantez y Lady Zúñiga (en su papel en el caso Gabela), Humberto Cholango (cercano al correísmo desde antes y con el movimiento indígena), Paúl Granda (por varios casos, como la fuga de Fernando Alvarado, en los que no ha logrado salir ileso).
La rebelión de Patiño
El ex funcionario del cuestionado gobierno de Rafael Correa llamó a la resistencia violenta o a la rebelión al poder constituido. Una rebelión se puede expresar en acciones de sedición, de sublevación, de amotinamiento, de revuelta, de subversión, de lucha armada, de guerra de guerrillas y hasta de terrorismo, todo para desconocer la validez de la autoridad pública.
La peligrosa depuración de Moreno
Si no fuera por la obviedad, la manipulación del grillete electrónico de Fernando Alvarado sería digna de una película policial. Pero si quienes lo manipularon son los mismos que lo compraron y que montaron el sistema de monitoreo, no se necesita de talento detectivesco para desenredar la trama. Así como se dice que el diablo está en los detalles, el boicot administrativo en el Gobierno está en los pequeños funcionarios.
Las cabezas del aliancismo
Los nuevos gobernantes no son un monolito, ni menos una élite cívica. Son iguales a sus consanguíneos, elevados a los altares de una decencia ficticia por la propaganda. Los que ofrecieron defender hasta la muerte a su ídolo y mesías, hoy convertido en prófugo de la justicia, ahora juran defender al “rey sabio”, tanto como pisotear todo su pasado revolucionario con tal de defender su cargo burocrático, el reparto de contratos y viajar por el mundo con dinero público.
De los intelectuales y el poder
Las jorgas de amiguetes, las camarillas de intelectuales llenos de mediocridad y resentimiento, reprodujeron a gran escala aquello que ya fuera práctica diaria en los lugares que ocuparon antes de ser Gobierno. Los mismos personajes que un día utilizaron las Casa de la Cultura para apropiarse de recursos estatales, los que usaban esos pequeños poderes para pequeñas rapiñas, ahora que ya eran parte del “proyecto” y tenían acceso al poder del Estado, ampliaron su campo de acción haciendo que el abuso de los recursos públicos escalara en proporciones descomunales.
Despilfarro y vanidad sin culpa
Ese inmenso boato narcisista. Ese imparable atropello a las libertades y al honor de muchos. Eso y más lo pagamos todos. Lo pagó el país entero y sin chistar. Pero ahora, cuando el ídolo disfruta de sus bienes en Europa, nosotros, debemos pagar a uno de los canales de televisión la pequeña cantidad de 6.6 millones de dólares por la transmisión de 119 sabatinas realizadas entre enero de 2015 y octubre del 2017. Pequeñeces para aquella egolatría.
No mirar solamente atrás
¿Es cierto que antes en el país se vivía en paz? ¿Que las cosas de la vida eran más humanas, más sencillamente seguras? ¿Que chicas y muchachos eran más sanos, que no fumaban marihuana ni base ni droga alguna? ¿Qué los hijos eran todos respetuosos y obedientes, que la autoridad paterna era ciertamente autoridad?
Los movimientos sociales y su laberinto
Las calles son la encarnación de lo público por antonomasia. Como tal, nos pertenecen a todos los ciudadanos. Mal harían la izquierda y los movimientos sociales que convocan a las próximas movilizaciones en expulsar a los correístas obtusos. Pero sí deben exigirles que marchen a la cola. Como a la derecha de las banderas negras.

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