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Correísmo

Tag: Correísmo

232 historias encontradas
El manco Espinel
Son una mafia de mentirosos compulsivos. Durante la campaña presidencial, Iván Espinel, un médico cristiano, ofreció imponer la pena de muerte a los violadores y cortar las manos a los ladrones del dinero público como sanción a sus faltas. La política tradicional estaba salpicada de deudores a la moral pública que tienen “rabo de paja”, dijo. Espinel, iracundo adversario de los depravados, los ladrones y los hipócritas, resultó ser eso mismo. Mientras lo esposaban los agentes de la Policía Nacional, Espinel sonreía desafiante. Es todo un cínico.
Negación morenista
Los negacionistas, son los buenos y bienhechores. Por impolutos e ingenuos fueron traicionados. Y en este campo de falsificación de subjetividades está narcotizada la opinión pública, los medios de información y la oposición legislativa que queda fuera de la frontera de la política, para conformarse con el indigno papel de mirar cómo se roban al país
Una casta rapaz
Conformaron una casta variopinta (vinieron de la guerrilla y de la empresa privada, de la izquierda, del centro y de la derecha, de la ecología y de la publicidad), que se unificó en el conciliábulo secreto de la rapiña. La acumulación del billetaje grasiento llegó a ser tan desproporcionada que dejó boquiabiertos a los truhanes de medio pelo y hasta a los ladrones de levita.
La antipolítica en el Ecuador: un filón que no se agota
En el Ecuador del poscorreísmo, la antipolítica de la autodenominada Revolución Ciudadana, que demolió el sistema de partidos, satanizó el debate y el diálogo político, vendió el tópico de que la "opinión publicada" carece de legitimidad, desvirtuó las ideologías hasta convertir en doctrina del Estado una suerte de ortodoxia católica mezclada con retórica de la izquierda tradicional, está lejos de haber sido desprestigiada.
Ni correístas ni morenistas: conversos
El correísmo adolecía del síndrome del converso. Muchos cuadros y simpatizantes de la derecha se embutieron el disfraz de la izquierda para medrar del poder. Cantaban Comandante Che Guevara a grito pelado, para intentar desvanecer su pasado reaccionario. Y practicaban a escondidas su verdadera fe: enriquecerse, apropiarse de los fondos públicos a raudales, abusar de su jerarquía.
Constituyente, muerte cruzada, calle o cambio…
El ambiente político se agita cada vez más por las secuelas del modelo ideológico y económico que conduce nuestros destinos. Las salidas que se discuten van encaminadas a tirar la mesa que dejaron servida y en la que seguimos comiendo.
Copro-cracia correísta
La corrupción del correato responde a un esquema perverso diseñado desde el inicio. Oscuros personajes, y pequeñas galladas angurrientas parapetados detrás de un discurso de izquierda, prepararon el terreno para el descomunal saqueo de fondos públicos operado durante la última década. Para ello solamente bastó un poco de olfato y algo de información.
La bonachonería de Moreno confunde
No hay que descartar que la debilidad física y política del Presidente sea aprovechada por acuciosos operadores políticos para actuar a sus espaldas. Moreno heredó un enredado aparato de intrigas, componendas y artimañas que tranquilamente puede derivar en un reparto informal e inmoral de cuotas burocráticas. Funcionarios acostumbrados a lisonjear y enjabonar al jefe pueden, a cambio, sacar tajada de los nombramientos. Es sabido que Moreno no tiene un conocimiento profundo de la burocracia estatal, y que actúa con cierta condescendencia.
El repliegue del populismo
Los efectos del correato en las organizaciones sociales y en la izquierda ecuatoriana son más devastadores que durante cualesquiera de las experiencias anteriores. Una retórica progresista hábilmente manejada desde la publicidad oficial, que incluso llegó a contar con reconocimientos y respaldos internacionales, permitió neutralizar y anular a los movimientos sociales que por décadas defendieron una agenda alternativa al capitalismo.
Están chiflados
El procesamiento de la derrota electoral por parte del correísmo obtuso evidencia una desconexión con la realidad que supera ampliamente los diez años de publicidad amplificada. Durante ese tiempo, la ficción del cambio pudo ser vendida porque, a fin de cuentas, se construyeron obras físicas y se derrochó dinero publico a raudales.

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