San Lorenzo o la vida en el fin del mundo

San Lorenzo o la vida en el fin del mundo
San Lorenzo es considerada una de las ciudades más inseguras del país. En el 2013, la tasa de homicidios y asesinatos llegó a ubicarse en 96,2, mientras que la tasa nacional fue de 10,13. En los últimos años, este indicador ha disminuido pero aún supera en tres veces el promedio nacional. Plan V hizo un recorrido nocturno por el lugar, afectado por la exclusión económica y la violencia. Por seguridad de las fuentes, se omiten los nombres de los habitantes consultados entre ellos un religioso, un taxista, un comunicador y un comerciante. Esta es la segunda entrega de la serie “Esmeraldas: la década perdida”.
04 de Septiembre del 2017
Susana Morán

Un joven picaba presuroso la tierra para enterrar una manguera. Eran las 22:00 y el clima estaba fresco en San Lorenzo, cantón del norte de Esmeraldas. El ruido que provocaba el golpe del pico con la piedras rompía el silencio de la ciudadela del Ferrocarril, llamada así por haber sido el dormitorio de quienes construyeron la vía férrea hasta esa ciudad hace varias décadas. Era un descampado, sin casas, desde el cual se veía el inmenso mar. Hoy las casas de madera y cemento a medio terminar que no superan los dos pisos ocultan un poco esa vista.

Pero también en un momento de su historia fue uno de los lugares más inseguros de esa ciudad. Según testimonios, era un sector incluso inaccesible para la Policía. Si en todo San Lorenzo las discotecas cerraban, allí −sin controles ni autoridades− el bar de la zona mantenía sus puertas hasta el amanecer. Pero hoy es martes y no hay mayor movimiento. Una pareja conversa fuera de una casa, cuyas ventanas han sido cerradas con tablas. En otra esquina, cuatro habitantes aprovechan la fresca noche para conversar.

Informe sobre la vulneración de derechos del pueblo afrodescendiente en el norte de Esmeraldas, elaborado por 27 organizaciones y los gobiernos locales de 13 parroquias.

El joven con el pico es quien hace el mayor ruido. Se veía apresurado y cansado. El agua es un servicio escaso para los habitantes de San Lorenzo y, en muchas de sus comunidades, un recurso contaminado por la presencia de minería y palmicultoras. Así que proveerse del líquido a cualquier hora no resulta extraño. La manguera que trata de tapar el joven atravesaba un extenso terreno en cuyo interior había una lancha pesquera destruida. Y frente a esta, una tienda permanecía abierta resguardada con rejas metal, que dejaban observar decenas de jabas de cerveza.

Cuentan sus habitantes, que cada tres casas de San Lorenzo hay una que se dedica a la venta de cerveza. Una actividad que sirve para la precaria economía de sus habitantes, principalmente dedicados a la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca. Es una de las zonas más excluidas. Los cantones San Lorenzo y Eloy Alfaro tienen los índices de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) más altos del país: superan en más de 20 y 30 puntos el promedio nacional de personas que viven con NBI, según un reciente informe enviado al Comité para la Eliminación de la Discriminación de la ONU.


El barrio La Siate,  niños y jóvenes se reúnen a la entrada del muelle donde juegan y conversan. 

“El cementerio de San Lorenzo solo es seguro en el momento en que se entierran a la persona fallecida. De ahí a cambiar las flores no es posible porque sale desnudo. Solo puede ir los días muy concurridos. En ese lugar se consumen drogas”, habitante de San Lorenzo.

Vender cerveza puede ayudar a esas economías precarias. El mejor momento son los fines de semana cuando sus habitantes después de las jornadas extensas de trabajo en la recolección de concha o en las palmicultoras tienen un tiempo de ocio. Es así que los domingos por la tarde se forman las llamadas ‘calle ocho’, multitudinarias fiestas en las calles de los barrios. Los lugareños hablan de “venta indiscriminada de alcohol y sin control” en esos espacios. ¿Quién controla? Pocos se atreven a hablar de este tema en voz alta. Pero no deja de llamar la atención que frente a la sede la Policía de San Lorenzo opere un gran distribuidor de cerveza.

Mientras tanto, en las noches de las “calles ocho”, según testigos, hay más de un incidente violento. Es el caso del barrio conocido como Zona Franca. Al preguntar por los lugares más peligrosos de San Lorenzo aparece este nombre. Paradójicamente está ubicado frente a un destacamento de la Armada. No hay un fin de semana donde allí no se escuche un tiroteo, dicen sus vecinos. Durante las fiestas se arman riñas y discusiones con un final fatal. Informes académicos y de organizaciones han señalado al norte de Esmeraldas como una de las zonas más violentas del país. Al 2013, el Ministerio del Interior ubicaba a San Lorenzo con la tasa de asesinatos y homicidios más alta del Ecuador: 96,2 (tasa nacional: 10,13). Pero desde ese año, el Ministerio del Interior registra un descenso: 63,08 en el 2014; 36,1 en el 2015; y 20,15 en el 2016 aunque aún este indicador supera en tres veces la tasa nacional de 5,81. 


El barrio Brisas del Mar luce tranquilo entre semana. Los fines de semana se arman bailes callejeros llamados "calle ocho", que pueden terminar en episodios de violencia. 

¿A qué se debe la violencia? Las razones son diversas. El informe enviado a la ONU es quizá el más ilustrativo y profundo sobre el estado de estas poblaciones. Lo elaboraron 27 organizaciones y los gobiernos locales de 13 parroquias del norte de Esmeraldas. La primera causa, señalan, son “los efectos desbordantes del conflicto colombiano y el narcotráfico asociado”. Al estar en la frontera norte cuenta con la “presencia cada vez más permanente de Grupos Irregulares Armados de Colombia (GIAC), asociados al narcotráfico”.

La Fiscalía, cita el estudio, reconoce y analiza la presencia de los Urabeños, las FARC y las Águilas Negras en Esmeraldas. Un religioso de San Lorenzo confirma que el proceso de paz en Colombia genera incertidumbre. “Sabemos que no todos dejarán las armas”, manifiesta. Asegura además que conoce casos de personas que son extorsionados a través del pago de “vacunas”. “No es difícil que una persona muera por motivo de armas. Es usual preguntar de nuestra parte si se trata de muerte natural o violenta”.


El barrio Zona Franca es considerado uno de los sectores más peligrosos de San Lorenzo. A  la izquierda de la imagen se observa un colegio.  En este lugar está el destacamento de la Armada. 

Las muertes violentas, según informes de prensa, se derivan de ajustes de cuentas derivadas del tráfico de drogas o combustibles. Esta es una zona de recurrentes decomisos de droga en tanqueros, embarcaciones, submarinos. El operativo más reciente ocurrió el pasado 1 de septiembre, cuando la Policía destruyó un laboratorio para el procesamiento de cocaína de una hectárea de extensión y con una capacidad para procesar entre 5.000 y 7.000 kilos cada 15 días.

Otro factor, dice ese mismo reporte colectivo, son las actividades mineras, palmicultoras y forestales. Afirma que su entrada en los territorios de las comunidades afrodescendientes e indígenas viene de la mano con “grupos de seguridad” para el establecimiento de las empresas. “La alianza entre algunos dirigentes, las empresas y ciertas autoridades, genera una permanente desconfianza en la población, y un poder de facto que oculta y calla cualquier hecho de violencia”, dice el informe de las organizaciones. En la Audiencia del Chocó, del pasado 22 de marzo, líderes comunitarios hablaron sobre cómo las mineras y palmicultoras han dividido a las poblaciones, acentuando los conflictos de tierras.

Pero pobladores añaden una explicación más. Dicen que el peligro ha crecido porque los jóvenes tienen acceso fácil a un arma de fuego o usan cuchillos para robar celulares. Aunque no llegan a formar pandillas, desde muy pequeños se involucran en la delincuencia. Cuentan sus habitantes que el consumo de drogas ha aumentado en las escuelas. Esto a su vez tiene otras razones: los padres que trabajan en las palmicultoras salen muy temprano de sus casas y regresan por la tarde. En San Lorenzo, desde las 05:00 se pueden ver a los jornaleros en las llamadas “chivas” o camiones de pasajeros que los llevan hasta las zonas de palma africana. En sus casas se quedan sus hijos sin la supervisión de un adulto que confirme que van a clases.


Frente a la Policía de San Lorenzo está ubicado esta gran distribuidora de cerveza. 

“Como taxista nunca ha tenido un incidente. Soy de Esmeraldas y llevo nueve años en San Lorenzo. Es una tierra espectacular para vivir, de oportunidades. Simplemente hay que pedir a las autoridades que hagan su papel, que no abandonen al pueblo. Hay una discriminación institucionalizada”, taxista de San Lorenzo.

Al 2009 la reprobación y la deserción escolar se estimaban entre el 10% y 12%, siendo uno de los cantones de Esmeraldas con los más altos índices. La tasa de escolaridad en este cantón apenas llega a los 7,3 años. Los estudiantes que abandonan sus estudios en 1ero de bachillerato también es preocupante: 12,20%. El informe colectivo resume las causas: el embarazo adolescente, la violencia doméstica y sexual, el trabajo infantil, el reclutamiento, la educación monolingüe y monocultural, la discriminación sexual, la violencia de pares. San Lorenzo cuenta con una escuela del milenio ‘Consuelo Benavides’ que busca mejorar el acceso la calidad de la educación en la zona. Los habitantes reconocen que ha ayudado, pero se han dado casos en los que los estudiantes se pierden en el camino a la escuela por lo lejano que les queda.

De vuelta a las calles de San Lorenzo, los siguientes puntos son Brisas del mar y La Siate, también conocidos por su inseguridad. Este último fue un antiguo bosque de madera y de aserraderos. Hoy es un barrio de casas con fachadas de bloque y en las que pueden habitar decenas de personas. Visitar el lugar es posible gracias a que un habitante del sector que sirve de guía para el ingreso. Allí un grupo de jóvenes descansan sobre un viejo bote de pesca, al que le han dado la vuelta para que sirva de asiento. Se divierten con un celular y saludan felices a su vecino. Ambos barrios tienen muelles. El acceso al mar da otra característica al cantón: el contrabando no solo de combustibles sino de electrodomésticos o ropa. “Si necesita un TV la compra en Colombia y la mete por lancha”, dice un habitante de San Lorenzo. Aunque reportes del Ministerio del Interior afirman que los delitos han disminuido.

La noche de San Lorenzo es cálida y triste al mismo tiempo. Con excepción de sus calles centrales donde aún se ven algunas ventas ambulantes y unos pocos transeúntes, la vida nocturna se apaga entre semana. En el día, los negocios de ropa y zapatos copan esa avenida. Los transeúntes pasean por la zona mientras cerca a la iglesia de la parroquia San Lorenzo del Pailón cientos de niños y adolescentes participan en una multitudinario desfile por las festividades de su escuela. Más que autos, hay motos y tricimotos que llevan las cargas y las compras de los habitantes. Ya en la noche el comercio se refugia en escasas tiendas de la urbe. Durante un recorrido de dos horas, ningún patrullero fue visto circular por las zonas más inseguras.

San Lorenzo también es tierra de golondrinas. Cientos de ellas amanecen sobre los cables de luz del lugar como otros testigos silenciosos de la ciudad.


El sector "5  esquinas" se cobija todas las noches bajo cientos de golondrinas.