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14 de Febrero del 2018
Historias
Lectura: 12 minutos
14 de Febrero del 2018
Susana Morán
El olvido de la isla de Limones

Fotos: Luis Arguello A.

A Limones solo se llega por lancha. El trayecto dura 55 minutos desde San Lorenzo. La lancha hace una parada a medio camino, en Tambillo. Los habitantes llevan víveres en las embarcaciones.

 

Limones, cabecera cantonal de Eloy Alfaro (Esmeraldas), es una población pesquera y agricultora que vive en medio de altos niveles de pobreza. El escaso acceso a la educación y a servicios básicos limitan las posibilidades de sus pobladores. El Gobierno ha dicho que en esa zona, donde ahora rige un estado de excepción tras el bombazo en San Lorenzo, hará una intervención integral. Mientras tanto una tricimoto sirve de ambulancia y el cuartel de policía está en medio de aguas servidas. Un retrato de la isla.

La última vez que Limones apareció en las noticias fue en septiembre de 2014 cuando la mitad de la isla quedó bajo el agua. Antes y después poco o nada se había escrito sobre esta pequeña población esmeraldeña. Hasta el pasado 28 de enero cuando un coche bomba estalló en San Lorenzo, y se habló acerca de que el presunto autor -alias ‘Guacho’- sería oriundo de Limones, aunque esta población lo niega. Pero en medio de una zona afectada por la violencia y el tráfico de drogas y combustibles, los habitantes viven su propia historia de abandono y pobreza.


Desde  San Lorenzo parten las lanchas hacia Limones. Cada viaje cuesta USD 3.  Hay cuatro trayectos por día. 


Cada lancha está operada por dos personas. Una va adelante para señalar la ruta y evitar los posibles obstáculos en el brazo de mar. Atrás otro compañero maneja el motor.  Hay cooperativas de lancheros. 


Las casas del puerto de Limones. En el día solo las habitan los más ancianos, las mujeres y los niños. 

El avejentado edificio de CNT en Limones.

Fronteriza con Colombia, a esta isla se le han llevado todo. ¡Hasta el Registro Civil!, reclaman sus habitantes. Es la cabecera cantonal de Eloy Alfaro, pero ha dejado de ser el centro político y comercial del cantón. Como lo fue a finales de los años 90 y principios del 2000. Grandes buques y barcos llegaban hasta la isla y el comercio era mayor. Alguna vez el número de habitantes alcanzó los 18.000. Hoy su población se ha reducido a la mitad desde que otros cantones costeros abrieron carreteras. Mejor conectados y más cercanos, la isla quedó a la deriva. La escasez de dependencias es notoria. Por ejemplo, los recién nacidos de Limones son inscritos en Borbón. Hay una sola entidad bancaria, el Banco de Desarrollo. Y las antenas telefónicas resaltan por el deterioro.

La isla se siente más aislada. A ella se llega después de 55 minutos en lancha desde San Lorenzo. Cada trayecto tienen un costo de USD 3. Las lanchas son operadas por dos personas. Una va al frente y direcciona la ruta; la otra maneja el motor. En ellas se trasladan víveres y electrodomésticos para los isleños. Un estero rodeado de imponentes manglares acompañan la ruta. Ya en el puerto, el movimiento sube según se acercan los horarios de salida de las embarcaciones a los poblaciones aledañas. Cerca al puerto también están unos pocos comederos, que vacíos, están a la espera de sus comensales.


Militares de la Fuerza Naval rodean la isla. Hacen alrededor de tres patrullajes diarios. Los habitantes de Limones dicen que la presencia de la fuerza pública se ha incrementado a raíz del bombazo en San Lorenzo. 


Una mujer espera a sus comensales en uno de los pocos restaurantes que hay en la isla. Uno de sus platos típicos es el estofado de concha. 

Limones vive de la pesca de róbalo, corvina, bagre, lisa y del gualajo. Y en menor cantidad de la agricultura. También del turismo cuando hay fechas especiales. Lo del bombazo en San Lorenzo tenía preocupada a la gente porque por el estado de excepción decretado en los dos cantones (Eloy Alfaro y San Lorenzo), las festividades de Carnaval no se podrían dar. A Limones le gusta la fiesta. Las noches son alegres y se ha ganado la fama de tener lo mejores carnavales de la zona. Y los más seguros. Muchos coinciden que en Limones no hay robos, menos otros delitos. Accidentes de tránsito, ninguno. Paradójicamente, su condición de isla le ha dado la posibilidad de sentirse ajena a la inseguridad y la violencia de otros lugares, como la misma San Lorenzo.

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Quizá por eso, el cuartel de policía está ubicado al final de la población y en una zona de difícil acceso. Es el barrio San Fernando. “Por allá es muy feo, ya verá por qué”, dice una señora que sugiere llegar mejor en tricimoto hasta el cuartel. En efecto, el camino es un lodazal que hace resbalar al vehículo. El cuartel está junto a una zanja por donde circulan aguas servidas. En esta zona, dicen testigos, el paludismo ha causado muertes. En Eloy Alfaro, cantón al que pertenece Limones, los servicios de saneamientos llegan apenas al 1,8%, según el censo de 2010. Al lado lado del cuartel están los tanques de agua potable y más allá el cementerio. Un adormitado policía en camiseta y pantaloneta se presenta en la puerta. Se niega a dar cualquier tipo de información, mientras sus compañeros lavan algunas prendas fuera de sus dormitorios. Quienes viven cerca creen que el grupo de policías no supera los 10. Andan en motos.


Arriba. El cuartel de la Policía está ubicado en el barrio San Fernando. Las aguas servidas y un lodazal rodean el lugar.  Abajo. En tricimotos, policías antinarcóticos patrullan la isla. 

Pero Limones vivió tiempos de terror. Fueron protagonizados por ‘Látigo’, un sicario que  según testimonios estuvo vinculado al temido grupo armado colombiano Águilas Negras.

Pero Limones vivió tiempos de terror. Fueron protagonizados por ‘Látigo’, un sicario que  según testimonios estuvo vinculado al temido grupo armado colombiano Águilas Negras. ‘Látigo’ era limoneño. Después de las 19:00, pocos se atrevían a salir de sus casas. Hasta que el sicario fue asesinado en un ajuste de cuentas, cuenta un hombre treintañero fuera del Municipio de Limones. Su tío fue asesinado por ‘Látigo’ en el muelle. Ocurrió hace 10 años. Pero reconoce que esa fue la única muerte que ‘Látigo’ cometió en Limones. La isla era su refugio.  “Una banda es como una culebra, le cortan la cabeza y el rabo y el tronco caen”. Es así que a los pocos meses mataron al resto de la banda.

Pero en la misma época también se libraba una guerra entre dos familias en la parroquia La Tola, a 30 minutos en lancha de Limones. Una de ellas quedó prácticamente aniquilada, según el lugareño. Recuerda que hubo una temporada donde la gente de Limones dejó de trabajar en esa parroquia por las frecuentes balaceras. Indirectamente ese enfrentamiento le pasó factura a Limones porque La Tola es la salida más rápida que tienen los isleños a Esmeraldas. Pero cuando una familia aniquiló a la otra, volvió el oxígeno a las poblaciones.


Las calles a mediodía lucen vacías por las altas temperaturas. Hay casas envejecidas, nuevas y a medio terminar. 


Ángel Suárez es un exbombero de Limones. Vive allí desde hace 18 años. Aunque ya dejó el oficio de matafuego aún viste su uniforme del cual se siente orgulloso. 

Ahora las preocupaciones de Limones están en su juventud. Las Necesidades Básicas Insatisfechas (capacidad económica, el acceso a educación básica, a vivienda, servicios básicos y hacinamiento) en Eloy Alfaro alcanzan el 94.5%. El analfabetismo está en 17,2% cuando la tasa nacional es de 6,8%. Y los años promedio de escolaridad son de 6,5.


Arriba. La Unidad Educativa 16 de Octubre es el centro educativo más grande de Limones. Hay 2.500 estudiantes en toda la isla. Pero después de terminado el colegio muy pocos acceden a la universidad. Abajo. Un puesto de bebidas naturales para distintas dolencias. 

En Limones hay 2.500 estudiantes que acuden a dos unidades educativas, una fiscomisional y otra fiscal. Quienes llegan hasta el bachillerato, sus opciones son limitadas. Ir a la universidad en Esmeraldas implica altos costos para esta población. Por eso, el Municipio pelea por una extensión universitaria, según Darmelán Reascos, coordinador general del cabildo. “No hay ojos para mirar a este sector”, sostiene. Mientras tanto la mayoría asume las tareas de pescador. Pero esta actividad se ha reducido en un 70%, según cifras oficiales. La falta de trabajo y opciones para los jóvenes ha incrementado el embarazo adolescente y el consumo de drogas.

“O sino mire a ese muchacho”, dice Daniel Andrade Nazareno mientras señala a un joven de unos 16 años que orina de frente sobre la calle. “No tienen nada que hacer y se crían como salvajes”. El hombre nació hace 54 años en Limones. Pero quizá muy pocos saben que se llama así. Para todos los habitantes de esta pequeña isla es ‘Don Conejo’. Es un alegre conductor de tricimoto, uno de los transportes más usados en la Costa y que es el resultado de la unión de una moto a un cajón de madera. En Limones no hay autos y el servicio de estos pintorescos vehículos incluso han sido solicitados por los policías de élite que han llegado a esta localidad para los patrullajes tras el coche bomba de San Lorenzo.


Daniel Andrade o 'Don Conejo'. Recorre toda la isla con su improvisada ambulancia. 

‘Don Conejo’ es de los conductores que pita para saludar a los transeúntes que lo reconocen. Pita también para que los perros y los niños salgan de su camino. No para en los baches y tanto conductor y pasajeros saltan en el cimbrón. Eso sí se molesta cuando un escolar se sube a la carrera a su tricimoto para evitar caminar bajo el fuerte sol de mediodía cuando las clases terminan.

Y es que en Limones el sol castiga. Pero ‘Don Conejo’ se cubre el techo de su tricimoto y recorre a diario toda la pequeña isla. Como trabajador del Hospital Básico de Limones hace mandados, o va y viene con pacientes. Pues su vehículo también hace el papel de ambulancia. Con ella traslada a los enfermos que deben viajar a Esmeraldas cuando necesitan ser operados. El hospital, dice su director Beder Cortez, alcanza para las necesidades elementales de Limones y la inestabilidad del personal es una amenaza constante. El centro tiene un quirófano para cesáreas, hernias o vesículas, que no puede ir más allá.

En esos momentos, ‘Don Conejo’ lleva a los enfermos hasta el puerto donde deberá viajar en lancha por una hora hasta Esmeraldas. El hospital tiene una embarcación, pero sin combustible. El chofer del hospital ha hecho lo posible para hacer confortable su vehículo. A diferencia de otros, el cajón de madera está cubierto en su totalidad por un techo de lata. Sus lados también tienen latas, pero llegan solo hasta la mitad del cajón para evitar que el calor se encierre. En el interior, una tabla con forro azul y acolchada sirve de asiento para dos personas. La puerta tiene una bisagra oxidada que solo se cierra por fuera. Pero en esta pequeña carroza sanitaria ‘Don Conejo’ sirve a su comunidad.

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