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26 de Mayo del 2020
Historias
Lectura: 17 minutos
26 de Mayo del 2020
John Cajas-Guijarro
Guayas, entre las zonas más golpeadas del mundo junto con Bérgamo y Nueva York
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El exceso de mortalidad en Guayas fue tan grave que incluso ha sido confirmado con otras estimaciones a nivel internacional Foto: josé Jácome / EFE

 

En Guayas se dieron unas 2.758 muertes por millón de habitante por encima del promedio histórico, manteniéndose entre las regiones más golpeadas del mundo junto con la provincia de Bérgamo (Italia) y la ciudad de Nueva York (Estados Unidos), según el análisis realizado por el economista John Cajas-Guijarro.

25 de mayo de 2020

“La muerte de cualquier hombre me disminuye porque yo formo parte de la humanidad; por tanto, nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”

John Donne

 

Del virus a la crisis social

Lidiar con la cuestión de la muerte no es trivial. En tiempos “normales”, antes de la pandemia del coronavirus COVID-19, la muerte era un tema que, para muchos, solo se discutía en esos días crueles en los que alguien cercano fallecía o se acercaba a ese final. En la “normalidad”, la muerte se nos solía presentar como excepcional, aun cuando no lo era: bastaba prestar atención a las víctimas diarias de mil y un tragedias sucedidas alrededor del mundo. Solo en el Ecuador, en 2019 fallecieron 74.220 personas[2], cifra equivalente a 203,3 personas al día (o casi 17 personas cada dos horas).

Pero en tiempos de grandes tragedias la situación cambia y la muerte se vuelve cotidiana: en el caso del coronavirus, se ha vuelto común escuchar en diversos países la partida de setecientos, mil o hasta casi dos mil personas por día, y cada una de esas víctimas se nos vuelve anónima. Así, perdemos dimensión de la tragedia, y podemos caer en el olvido. Evitar dicho olvido no solo tiene una implicación humanista. También tiene una implicación de justicia: se debe evitar el olvido para no dejar en la impunidad a quienes aplicaron medidas erróneas y negligentes que innecesariamente aumentaron la pérdida de vidas (un riesgo aún latente cuando se plantea “abrir la economía” en medio de la incertidumbre sobre la pandemia del COVID-19).

En contra del olvido –y de cualquier impunidad– es necesario dimensionar cuán trágico es el paso del coronavirus en el Ecuador (para en una etapa posterior, incluso plantear las respectivas responsabilidades). Sin embargo, dicha tarea no es sencilla: la información oficial de fallecidos confirmados por COVID-19 en el país ha mostrado tendencias muy irregulares, más aún cuando se compara esas cifras con el elevado número de fallecidos indicado por el Registro Civil[3]. Ante esta incertidumbre en las cifras, quizá valga considerar un cambio de enfoque: en vez de preocuparnos solo de comparar al Ecuador con otros países del mundo respecto a aquellos fallecidos confirmados por coronavirus, deberíamos prestar mayor atención en comparar al país con el resto del mundo en términos de todos los fallecidos durante el coronavirus, sin importar la causa específica de su muerte. Es decir, pasar de la comparación internacional de la letalidad del virus, a la comparación internacional de la letalidad de la crisis social exacerbada por el virus.

Es evidente que el enfoque propuesto no provee claridad sobre la letalidad del coronavirus per se (tema que sin duda debe estudiarse a rigurosidad, sobre todo por los respectivos expertos), pero puede aproximarnos a las pérdidas humanas asociadas a la crisis social que ha estallado con la pandemia, más aún si nota que muchas muertes pudieron evitarse si no se hubieran colapsado los sistemas de salud. Así, se intenta dar igual valor a todas las vidas perdidas en medio de la tragedia social que trasciende al propio coronavirus. Todo esto recordando que, tras un mar de cifras a ratos caóticas e inciertas, hay seres humanos que sufren y que hasta terminan invisibilizados.

La elevada mortalidad del virus en el Ecuador

Pese a la incertidumbre asociada a la información oficial de fallecimientos confirmados por COVID-19, la letalidad aceptada del virus en el Ecuador es elevada en comparación a otros países. Por ejemplo, para mayo 22 de 2020 el Ecuador registró un total de 2.939 fallecidos de COVID-19, con lo cual el país se ubicó dentro del grupo de veinte naciones con mayor número de víctimas mortales confirmadas a causa del virus (tabla 1).

La mortalidad oficial del virus en Ecuador es aún más evidente si se observan cifras corregidas por tamaño de población. Así, para la misma fecha referencial, el país registró 166,6 fallecidos de COVID-19 por millón de habitante (promedio mundial de 42,7 fallecidos por millón). Si se compara ese dato con otras naciones de más de un millón de habitantes, resulta que el Ecuador se ubicó como el onceavo país con mayor mortalidad del virus sobre la población (figura 1). Por su parte, si se revisa la tasa de letalidad (muertes por coronavirus/casos confirmados) para naciones con más de mil casos confirmados, igualmente se observa que el Ecuador ocupa lugares altos con una tasa de 8,3%, superando a la tasa promedio mundial que en ese momento marcó 6,6% (figura 2).

Solo esta comparación de informaciones oficiales ya es inquietante, pues muestra que la letalidad del coronavirus en el Ecuador es de las más graves en Latinoamérica, incluso superando la letalidad registrada para Brasil y Perú (aunque, en el caso brasileño, será de prestar atención a su acelerado ritmo de crecimiento tanto de casos confirmados como de fallecimientos)[4]. Pero si las tendencias oficiales asociadas al coronavirus son preocupantes, la situación ecuatoriana se vuelve severa al revisar la información del total de fallecimientos más allá del virus.

Exceso de mortalidad en medio de la crisis

Es innegable la existencia de varias personas fallecidas de coronavirus que, simplemente, no habrán podido ser confirmadas sea por la carencia de pruebas o incluso por el colapso del sistema sanitario (problemas observados en muchos países del mundo, no solo en el Ecuador). Sin embargo, también es innegable que la pandemia del coronavirus ha exacerbado toda una crisis social de dimensiones múltiples, incluyendo una crisis económica que ya ha empezado a catalogarse como el Gran Confinamiento (nombre otorgado por el Fondo Monetario Internacional en su previsión de la economía mundial de abril de 2020[5]).

Para dimensionar las pérdidas humanas asociadas a la crisis social del Gran Confinamiento, un enfoque alternativo es la estimación del exceso de mortalidad: la diferencia entre las muertes provocadas por todas las causas durante la pandemia y el promedio histórico de muertes[6]. De hecho, a partir de un análisis preliminar aplicando este enfoque, el medio británico Financial Times estimó a finales de abril que, en 14 países, las personas fallecidas por coronavirus podrían superar en un 60% a los datos oficiales[7]. Aplicano un enfoque similar, el New York Times, a partir de un análisis del exceso de mortalidad en 24 países, estimó que al menos 74 mil personas habrían fallecido por encima de las muertes oficialmente confirmadas[8].

Una manera de visualizar este exceso de mortalidad en el caso ecuatoriano es con la ruptura dramática de la tendencia de fallecimientos vista en el país y comparada con otras naciones del mundo. Por ejemplo, según información del Registro Civil[9], en el Ecuador, entre marzo y abril de 2020 se registró un exceso de 13.152 muertes por encima de aquellas registradas en los mismos meses de 2019. Semejante cifra equivale a casi 43% del exceso de fallecidos registrados en Reino Unido para el mismo período (30.672 fallecidos según información de su Oficina de Estadísticas Nacionales[10]) y 19% del exceso de fallecidos en Estados Unidos (69.212 fallecidos según información de sus Centros de Control y Prevención de Enfermedades[11]) (figura 3). Si a estos datos igualmente se los corrige por tamaño de población, se refleja de sobra que el caso ecuatoriano se salió de control: el exceso de muertes ecuatorianas entre marzo y abril de 2020 comparadas con iguales meses de 2019 fue de aproximadamente 741 fallecidos por millón de habitante, mientras que en Reino Unido y Estados Unidos las cifras llegaron a 448 y 208 respectivamente (figura 4).

Este desolador panorama se vuelve aún más duro al analizar el salto de tendencia histórica en el registro de fallecimientos en la provincia de Guayas con información del Registro Civil: de marzo a abril de 2020 la provincia mostró un exceso de fallecimientos de 11.693 en comparación a los mismos meses del año 2019. Este dato, corregido por tamaño de población, lleva a la cruel cifra de 2.653 fallecidos por millón de habitantes (figura 5).

El exceso de mortalidad en Guayas fue tan grave que incluso ha sido confirmado con otras estimaciones a nivel internacional. Por ejemplo, el Financial Times, a más de sus estimaciones globales, mantiene un análisis actualizado del exceso de mortalidad para diferentes ciudades del mundo. Al revirar ese análisis (al 23 de mayo), se observa un resultado contundente: según el Financial, la crisis social del coronavirus habría provocado en Guayas unas 12.200 muertes por encima del promedio histórico. Y si se corrige por tamaño de población, la situación igualmente es dramática: en Guayas se dieron unas 2.758 muertes por millón de habitante por encima del promedio histórico, manteniéndose entre las regiones más golpeadas del mundo junto con la provincia de Bérgamo (Italia) y la ciudad de Nueva York (Estados Unidos) (figura 6).


Fuentes: Financial Times revisado el 23 de mayo de 2020[12]. World Population Review[13].

Este último dato preocupa más cuando se toma en cuenta que el promedio (ponderado) de exceso de fallecimientos de las ciudades analizadas por el Financial y corregidos por tamaño de población es de 938 por millón de habitante. Así, a priori, en Guayas se dieron 1.820 muertes por millón de habitante por encima del promedio de las regiones/ciudades de mayores pérdidas humanas en tiempos de coronavirus: casi 8 mil muertes “atípicas” al compararse con el promedio de las ciudades analizadas. Sin duda esta estimación sobre el exceso de mortalidad en la provincia costeña podrá mejorarse a medida que más información esté disponible a escala mundial (con lo cual se podrá evaluar de forma estadísticamente más rigurosa cuántas fueron las muertes “atípicas” registradas en Guayas en comparación a otras regiones del mundo golpeadas por la crisis del coronavirus).

Más allá de las cifras...

La información –preliminar– aquí presentada permite afirmar que el exceso de fallecimientos a causa de la crisis social exacerbada por el coronavirus representa una tragedia humana sin igual en la historia reciente del Ecuador. De hecho, el exceso de fallecimientos observados en el país entre marzo y abril de 2020 (13.152) equivale a 19,6 veces las víctimas registradas en el terremoto de Manabí en 2016 (671). Tan grande es la tragedia, que el caso ecuatoriano –y guayaquileño– ha sido considerado totalmente fuera de lo común incluso en comparación con otros rincones del mundo.

Ahora, no dejemos que estas cifras y las diferentes formas de analizarlas nos hagan perder la perspectiva: cada muerte es trágica, sobre todo para aquellas familias que han perdido a un ser querido y hasta han debido sufrir suplicios casi imposibles de creer para darle una despedida digna. Y en honor a esas víctimas, es inaceptable cualquier forma de olvido e impunidad. Hubo decisiones que se tomaron y que innecesariamente incrementaron la difusión del virus en el país (y sobre todo en la ciudad de Guayaquil). Hubo decisiones que se tomaron quizá con demasiada tardanza e indiferencia. Y hay decisiones que aún están por tomarse y que pueden costar la vida de miles de personas a más de las víctimas que el país ya ha tenido que enterrar. Todos quienes hayan tomado esas decisiones tendrán que ser juzgados, aunque sea por el juicio de la historia.

Asimismo, tomemos en cuenta que una nueva “normalidad” le espera al mundo, una normalidad de crisis: el Gran Confinamiento provocado por el coronavirus puede consolidar sociedades cada vez más autoritarias y sostenidas en un control social digitalizado, como bien sugiere Byung-Chul Han[14]. En esas sociedades peligrarán como nunca las libertades humanas a causa de las amenazas creadas por la consolidación de un capitalismo cada vez más claro y explícito en su búsqueda de acumulación y explotación. Respecto a países empobrecidos, como el Ecuador, esa nueva “normalidad” puede conllevar a que la tragedia de las víctimas mortales asociadas al COVID-19 sea agravada por una crisis económica sin igual: la pobreza, el desempleo y la informalidad crean incertidumbres en la población casi tan graves como la propia amenaza del virus. Mientras, los gobiernos tendrán mayores facilidades para implementar medidas que deterioren el mundo laboral y vuelven aún más fácil la explotación a las clases trabajadoras y el sostenimiento de la acumulación de capital[15].

Para sobrevivir ante un posible futuro distópico nacido desde la muerte, no queda otra opción que mantener la esperanza en la posibilidad de un mundo mejor. Una esperanza que puede alimentarse desde la solidaridad, y desde una filosofía de vida que jamás nos lleve a ser ajenos al dolor de nuestros semejantes. Pues, recordemos, al final es por todos nosotros... que doblan las campanas.-


[1] Economista ecuatoriano. Profesor titular de la Universidad Central del Ecuador y profesor ocasional de FLACSO-Ecuador. Página académica

[2] INEC: “Registro Estadístico de Defunciones Generales”, abril 2020. Ver: https://bit.ly/2ZuLRS0

[3] Para una reseña de los problemas asociados a la información de la –elevada– letalidad del COVID en el Ecuador, ver Plan V: “Coronavirus: Ecuador es el país con mayor letalidad en Sudamérica; Santa Elena tiene el mayor aumento de muertes”, mayo 11 de 2020. Ver: https://bit.ly/2TxClcP

[4] Para un análisis comparativo más detallado de las cifras del COVID-19 en Latinoamérica, se recomienda el artículo de Leonardo y Juan Andrés Vera en Prodavinci: “COVID-19 en América Latina y el Caribe: ¿Dónde estamos según los datos registrados?”, abril 5 de 2020: https://bit.ly/3c1IIvf

[5] Fondo Monetario Internacional: Perspectivas de la Economía Mundial, abril de 2020: https://bit.ly/3fFLl9n   

[6] Sobre las diferentes fuentes que se han enfocado en el análisis del exceso de mortalidad se puede revisar el sitio Our World in Data: “Excess mortality from the Coronavirus pandemic (COVID-19)”: 

[7] Financial Times: “Global coronavirus death toll could be 60% higher than reported”, abril 26 de 2020: https://on.ft.com/2A6NVoE

[8] New York Times: “74,000 Missing Deaths: Tracking the True Toll of the Coronavirus Outbreak”: 

[9] Cifras Defunciones Registro Civil

[10] Office of National Statistics: https://www.ons.gov.uk/

[12] Financial Times: “Coronavirus tracked: the latest figures as countries fight to contain the pandemic”, revisado el mayo 23 de 2020: https://on.ft.com/2XhhFqs

[14] El País: “La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín”, marzo 22, 2020: https://bit.ly/2yJN4dd

[15] Al respecto, ver el articulo de John Cajas-Guijarro en Rebelion.org: “Pandemia... y desempleo: una cruda incertidumbre”:

 

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