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29 de Julio del 2020
Historias
Lectura: 20 minutos
29 de Julio del 2020
Redacción Plan V
Hidroeléctricas en Ecuador: ¿a espaldas del cambio climático?
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Manduriacu es uno de los proyectos hidroeléctricos más importantes del país. Foto: Ministerio de Electricidad y Energía Renovable.

 

Investigadores creen que la incertidumbre sobre los impactos del cambio climático podría dificultar la capacidad de las hidroeléctricas de contribuir al cumplimiento de los objetivos como país de bajar los gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global. Aunque las emisiones del Ecuador representan solo el 0.1% del total mundial hay retos y compromisos sobre todo en el sector energético.

 

Ecuador ha dado pasos importantes para bajar su aporte a la emisión de gases de efecto invernadero, sobre todo con el aumento de hidroeléctricas en lugar de termoeléctricas que son más contaminantes. Pero ese millonario esfuerzo del país puede tener algunos resbalones en sus objetivos. Científicos ecuatorianos e internacionales advierten que las hidroeléctricas son vulnerables al cambio climático y Ecuador no ha hecho los esfuerzos suficientes para estudiar ese fenómeno en el país y asegurar que la producción energética no se vea afectada.

Uno de ellos es René Parra, profesor de Ingeniería Ambiental de la Universidad San Francisco de Quito. En su más reciente estudio titulado “Contribución de las fuentes no renovables para limitar el factor eléctrico de emisión de CO2 en Ecuador” y publicado en abril pasado, el experto ecuatoriano alerta que la capacidad hidroeléctrica podría ser afectada de forma significativa por las variaciones en los patrones de lluvia, lo que a su vez podría alterar el flujo de los ríos en Ecuador. “Los diseños de energía hidroeléctrica en Ecuador no habrían considerado adecuadamente la vulnerabilidad al cambio climático”.

En entrevista con Plan V, Parra recordó la sequía de finales de 2009, que afectó seriamente la capacidad de la energía hidroeléctrica e incluso hubo apagones. La falta de lluvias en la central hidroeléctrica Paute hizo imposible tener el parque eléctrico activo en un cien por ciento, dijeron las autoridades energéticas de la época.

El cambio climático es un problema mundial y Ecuador no está ajeno. Datos oficiales del comportamiento histórico de las precipitaciones y de la temperatura entre 1960 y 2010 dan cuenta de ello. En cuatro de las cuatro regiones del país se han registrado incrementos en su temperatura media. En la Costa fue de 0.6ºC, en la Sierra de 1.1ºC, en la Amazonía de 0.9ºC y el mayor ha aumento fue en Galápagos: 1.4ºC. Asimismo, las lluvias se han incrementado en tres de las cuatro regiones: en la Costa, 33%; en la Sierra, 13%; y en Galápagos, 66%. Solo en la Amazonía hubo una reducción del 1% de las precipitaciones.

En Ecuador, las intensas lluvias del pasado han llegado a inundar vastos territorios, que han alcanzado un total de 40.860 km2. Eso significa el 15,9% de la superficie nacional, donde al 2010 se asentaba 7,17 millones de habitantes. En el primer trimestre de 2019 se registraron precipitaciones que superaron ampliamente las “medias históricas” y por lo tanto se declaró en alerta naranja por inundaciones a las provincias de Guayas, El Oro, Santo Domingo de los Tsáchilas y Esmeraldas.

Mientras que las sequías intensas han afectado el área agrícola en 2,03 millones de hectáreas, eso es el 66,7% del área agrícola total del país. El área de pastos cultivados, afectada por la sequía, alcanzó los 2,10 millones de hectáreas, es decir el 53,7% de la superficie total de pastos. Estos datos se encuentran en la Primera Contribución Determinada (NDC) del Ecuador para cumplir el Acuerdo de París sobre el cambio climático, suscrito en 2016. Este documento contiene una serie de acciones, estrategias y compromisos del país para bajar los gases de efecto invernadero. La meta es reducir al 2025 en un 9% las emisiones totales respecto al 2010.

En enero de 2019, la misma advertencia sobre las hidroeléctricas ecuatorianas las hizo un equipo de investigadores de la University College London y de la Escuela Politécnica Nacional en el estudio “Gran incertidumbre sobre la energía hidroeléctrica, la descarbonización y el cambio climático: modelos de vías del sector eléctrico para Ecuador”. 


El Coca Codo Sinclair es otro proyecto hidroeléctrico que no ha estado ajeno a escándalos de corrupción y denuncias de fisuras en su infraestructura.

De acuerdo a sus resultados, la energía hidroeléctrica seguirá siendo una de las tecnologías más rentables y de bajas emisiones en el sector eléctrico ecuatoriano. Pero creen que la incertidumbre sobre los impactos del cambio climático podría dificultar la capacidad de las hidroeléctricas de contribuir al cumplimiento de los objetivos del NDC de bajar los gases de efecto invernadero. Consideran que un gran desafío para el país el equilibrio entre el desarrollo económico y la administración ambiental responsable.

“Si bien la vía de la política impulsada por la energía hidroeléctrica demuestra resultados prometedores en términos de menores emisiones, está significativamente expuesta a riesgos climáticos, y las preocupaciones sociales y ambientales que rodean el desarrollo de una gran energía hidroeléctrica también podrían hacerla menos viable que las otras opciones”, sostienen.

Agregan también que si Ecuador abandona el impulso actual hacia la energía hidroeléctrica a gran escala, esto podría dar lugar a una vía política que favorezca la generación eléctrica con gas natural, que es más barata pero causaría más emisiones de gases de efecto invernadero. De ahí que los expertos proponen que el país considere un mayor despliegue de otros sistemas de energías renovables.

La energía hidroeléctrica tiene un papel fundamental en la política energética ecuatoriana para lograr los objetivos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero los cambios climáticos a largo plazo pueden afectar el papel de estas centrales a favor de la producción energética y del medioambiente, sostienen los autores.

Parra señala que el estudio de los efectos del cambio climático sobre la variabilidad hidrológica y la capacidad energética es un campo prioritario de investigación en Ecuador. Afirma que modelar el cambio climático y sus efectos es un desafío en Ecuador, que tiene diferentes condiciones climáticas.

Ecuador frente a los gases de efecto invernadero

En el 2018, a escala mundial se emitieron un total de 55,3 gigatoneladas de CO2 equivalente, que es una medida en toneladas de la huella de carbono. De ese total, de acuerdo a las estimaciones que ha hecho Parra y su equipo de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), Ecuador produce solo entre el 0,1 y 0,3%. Solo China, Estados Unidos y Europa se llevan casi el 50% de esas emisiones, explica el experto.

“El país tiene una contribución muy pequeña y lo que haga no tiene tanta importancia a escala global. Pero eso no significa que como Estado ecuatoriano no deba hacer nada. Tiene una obligación para que el porcentaje sea lo más pequeño posible”, recalca Parra.

Según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero del Ecuador para el 2012, cinco sectores son los que más emiten estos gases causantes del calentamiento global. El principal es el energético que representa el 46,6% de las emisiones, le sigue el cambio de uso del suelo (USCUSS) con el 25,3%, la agricultura (18,1%), los procesos industriales (5,6%) y los residuos (4,1%).

De acuerdo al Ministerio de Ambiente, un importante número de industrias actualmente tienen como parte de su proceso productivo el uso de sistemas de bombeo a diésel como es el caso del sector camaronero, considerado como el primer producto de exportación no petrolero. Pero las industrias que más generan gases de efecto invernadero son las centrales eléctricas y las refinerías.

De ahí que en el sector energético se han concentrado los mayores esfuerzos. El 2017 fue el año en el que Ecuador registró la contribución más baja de combustibles fósiles, es decir por la quema de diésel en las centrales térmicas del país. Solo el 26% de toda la electricidad nacional tuvo esa fuente.

Parra explica que al usar más hidroeléctricas, las emisiones de gases va a ser más bajo. Pero el problema no es tan sencillo, dice. El país no solo debe preocuparse por bajar esas emisiones sino también trabajar en la eficiencia energética.


Las termoeléctricas en el Ecuador aún tienen retos por mejorar su eficiencia para contribuir en bajar los gases de efecto invernadero. En la imagen, la central de Guangopolo en Quito. Fotos: PlanV

Parra y su equipo ha analizado los datos de producción de electricidad de los últimos 18 años en el Ecuador. Han verificado que el rendimiento de las centrales eléctricas que queman combustible fósil solo llega al 36% en promedio. “Esto quiere decir que todo el calor que se libera de una combustión sólo un 36% termina siendo electricidad”. Ese es uno de los valores más bajos de eficiencia en todo el mundo, cuando en otros países alcanza un 50 y 55%. La idea, dice el experto, es quemar menos combustible, pero generar más electricidad.

La producción de electricidad, basada en combustibles fósiles, emite contaminantes del aire y gases de efecto invernadero. Hoy en día, la producción de electricidad y calor contribuye hasta el 42% de las emisiones de CO2.

Las emisiones totales del Ecuador representan un 62% menos que las reportadas por Colombia, un 35% menos que las de Perú y 78% menos que las de Argentina.

En los últimos 18 años en Ecuador, por cada kilovatio hora de electricidad se ha generado entre 188,6 y 397,4 gramos de CO2. En 2009 y 2010 llegó a casi 400 gramos porque hubo una sequía que inhabilitó a la central de Paute y se tuvo que usar más las termoeléctricas. El más bajo fue 188,6 gramos en 2017. Estos valores históricos de los últimos 18 años, afirma Parra, han sido menores a la media mundial, que está en 500 a 515 gramos de CO2 por cada kilovatio.

 


Las ciudades como Quito tienen graves problemas por la contaminación vehicular.  Foto: PlanV

 

Sin embargo, al comparar el valor más bajo del Ecuador (188,6) con las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, el país supera casi en tres veces el valor objetivo global que es de 65 gramos.

Llegar a las metas globales implica bajar el factor de emisión. Para ello, según los cálculos de este grupo de investigadores de la USFQ, la participación de las centrales térmicas no debe ser más del 9%. En la actualidad es del 25% al 30%.

Pero para Parra lo más importante es bajar la emisión de contaminantes del aire que afectan la salud de las personas que viven en la zona de influencia de las termoeléctricas. “Incluso esto es más importante que reducir las emisiones”, sostiene. Por ejemplo, Esmeraldas, que vive junto a la principal refinería del país, tiene una cantidad innegable de contaminantes en el aire.

El experto dice que hay un mito sobre la electricidad. Se piensa que no contamina. “No contamina aquí donde usamos la electricidad, pero en algún lado del país hay personas que están sufriendo las consecuencias por la electricidad que usamos”.

El transporte, otro reto

Para Daniela Flor, profesora de Ingeniería Ambiental en la Universidad San Francisco, un sector donde es necesario trabajar es el transporte. Una de las líneas de acción que Ecuador se ha propuesto para cumplir el Acuerdo de París está la implementación de la movilidad sostenible. Una de las iniciativas es el transporte público eficiente, donde están considerados el Metro de Quito (22 km) y el Tranvía de Cuenca (12 km).

“Por ejemplo, en Quito, la mayoría de gases de efecto invernadero vienen del transporte. Normalmente pensamos que las industrias son las que contaminan, pero el transporte tiene un rol importante”, dice Flor.


Se espera que con el Tranvía de Cuenca ayude a mejor más la calidad de aire de la ciudad.

En Ecuador hay pocas ciudades que han cuantificado sus emisiones de gases de efecto invernadero. Solo Quito y Cuenca tienen un monitoreo permanente de la calidad de su aire y de las emisiones contaminantes, que además afectan la salud de las personas. La cuarentena fue una buena oportunidad para medir el impacto de la actividad humana en el ambiente.

Valeria Díaz, coordinadora de la Red Metropolitana de Monitoreo Atmosférico de la Secretaría del Ambiente, informó que abril pasado fue el mes con la menor contaminación registrada desde el 2003. Bajó sobre todo el dióxido de nitrógeno que se desprende de los vehículos. Este disminuyó en un 70%. También disminuyó el material particulado PM2.5. “El PM2.5 es un cóctel tóxico porque son partículas muy pequeñas, casi la cuarta parte del diámetro de un cabello humano. Se comportan como un gas, quedan suspendidas en el aire por mucho tiempo y pueden ingresar a la parte alta del sistema respiratorio (fosas nasales, ojos), pero también puede llegar a los alvéolos pulmonares y entrar al torrente sanguíneo. Son partículas de carbón, a las cuales pueden ir pegadas metales pesados, ácidos, sales que pueden lastimar y afectar la salud”, explica la experta.

El Ecuador, mediante Decreto Ejecutivo 840 del 6 de agosto del 2019, estableció a la Primera Contribución Determinada a Nivel Nacional como política de Estado y se comprometió en ejecutar los máximos esfuerzos para alcanzar su implementación.

En Cuenca se registró el mismo fenómeno. Chester Seller, del Instituto de Estudios de Régimen Seccional del Ecuador de la Universidad del Azuay, es parte del equipo que monitorea la calidad del aire en tiempo real, junto con la Empresa Pública de Movilidad. De diciembre 2019 a febrero 2020, el dióxido de nitrógeno y el material particulado PM2.5 registraron valores de 27 y 87, respectivamente. Mientras que en marzo a mayo de 2020, el dióxido de nitrógeno bajó a 12 y el material particulado a 45.

Pero ese descanso para el medioambiente fue temporal. En Quito, según Díaz, la contaminación volvió a subir desde mayo. Aún la ciudad no llega a los niveles antes de confinamiento, pero hay una tendencia clara al alza.

“Vamos a ver este boom de que la gente va a trabajar, va a producir más, para recuperar lo que no se hizo en la pandemia y esto puede traer un efecto secundario no deseado en el cual incluso vamos a llegar a emisiones más altas de las que teníamos antes”, dice Flor.

La experta duda que el Metro de Quito y el Tranvía de Cuenca logren reducir de forma significativa las emisiones porque los ecuatorianos prefieren ir en su vehículo propio. “Nuestras ciudades están construidas para los automóviles”. Dice que es necesario ir a ciudades más amigables para caminatas y el uso de bicicletas u otros transportes alternativos.

Para ella una meta podría ser mantener las prácticas aprendidas durante la pandemia. “Hay actividades que no son necesarias como acudir a reuniones presenciales, viajar por negocios, etc”. Recalca que es necesario entender que el planeta ‘no da cosas’ al ser humano. Sino que el planeta es compartido con otras especies y ecosistemas. Y eso hay que respetar.

Una iniciativa por nuevas formas de movilidad

En noviembre pasado, a la capital llegó un nuevo sistema de transporte alternativo. Se trata de los ‘scooters’ eléctricos. Desde hace años hay iniciativas que apuestan por otras opciones de movilidad para contrarrestar el tráfico vehicular, que provoca que las ciudades se vuelvan poco atractivas para el turismo y para el peatón. Además son sistemas más amigables con el medio ambiente.

Alfonso Celi, CEO de HOP Scooter – Ilemental, apunta que el 70% de la población se mueve en transporte colectiva y un 20% lo hace en vehículos particulares. Pero este 20% ocupa el 76% del espacio público. “Esto rompe todos los esquemas de equidad en los sistemas de movilidad”.

Por esto París, Ámsterdam, Bruselas y otras ciudades europeas han apostado por estas iniciativas y han limitado el uso de vehículos particulares.

Ilemental apostó por esta iniciativa en Ecuador. Tiene la representación de la marca chilena HOP Scooter en el país. Hay 20 ciudades del mundo que tiene este servicio. Funciona similar a Uber, una plataforma internacional que el usuario la puede usar en el país donde se encuentre.


Hop y Moveo son las nuevas aplicaciones con las que cuenta Quito para ofrecer transportes alternativos. 

Celi consideró que Quito ha aumentado su interés por otros sistemas de transporte como las ciclovías y el establecimiento de políticas que permitan a las empresas traer nuevas opciones como los ‘scooters’. Entre sus ventajas, además de ser más amigables con el medio ambiente, es reducir los tiempo de movilización y ocupar menos espacio público.

Ilemental empezó a operar el 28 de noviembre de 2019. Celi cuenta que hubo un incremento acelerado de usuarios hasta el 17 de marzo, día en que comenzó el confinamiento. Hasta ese momento, 55.000 viajes se habían hecho en la ciudad con este transporte alternativo. El número de usuarios llegó a 14.000.

Durante la pandemia, la empresa dejó de operar durante tres meses. Se reactivaron en junio pasado, autorizados por el Municipio. El inicio fue muy lento, pues pocas personas salían de sus hogares. Pero con el paso de los días notaron un aumento de usuarios que han preferido usar ‘scooters’ antes que el sistema público de transporte. En estos dos últimos meses han registrado más de 12.000 viajes. Ahora ya cuentan con 22.000 usuarios registrados en la plataforma.

El 85% de sus usuarios tienen entre 18 y 30 años. La plataforma no permite el uso de ‘scooters’ a menores de edad. El promedio de uso es de siete minutos.

Pero Celi señala que el scooter no es 100% ecológico porque hay un vehículo que hace la logística, para recogerlos y darles mantenimiento. Pero sus cantidades de CO2 son mínimas comparadas con los emitidos por los vehículos particulares en las ciudades.

Ahora se proyectan a otras ciudades. Un mes antes del confinamiento, Ilemental hizo un plan piloto en Samborondón e inició conversaciones con el Municipio de Guayaquil.

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