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9 de Diciembre del 2019
Historias
Lectura: 35 minutos
9 de Diciembre del 2019
Redacción Plan V
La solitaria lucha de Claude Roulet contra los abusos del transporte de pasajeros
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

Claude Roulet, en una de las paradas del Ecopark de la vía a Nayón. Él maneja una cuenta de twitter llamada Más allá de los cuentos @NoNegligencia, en la cual denuncia los abusos de los transportistas.

 

Esta es la historia de un ciudadano suizo, que vive 30 años en el Ecuador y su solitaria lucha contra el abuso de los transportistas de pasajeros en Quito, la desidia y complicidad de las autoridades y de cómo cayó preso por la denuncia de un agente de tránsito.

  PRIMERA PARTE  

Durante años, el ciudadano suizo Claude Roulet, que vive 30 años en Ecuador, ha denunciado la presencia de buses ilegales en el sector por donde vide y transita (valle de Tumbaco, Av. Simón Bolívar, El Ciclista, Nayón), así como el mal servicio de los agentes de control, sean policías o municipales, la desidia o complicidad de las autoridades municipales y la impunidad de la cual gozan, sin remedio, las cooperativas y empresas de buses de transporte de pasajeros en Quito.

Parece que los funcionarios y agentes de Tránsito del Municipio de Quito no están para controlar al transporte público sino para permitir las ilegalidades y abusos de los propietarios de los buses e impedir que las protestas y denuncias de los peatones prosperen, molesten e incomoden a los funcionarios y dueños de los buses y sus choferes. Esta es una hipótesis que al parecer es demostrada día tras día por el ciudadano Roulet, quien tiene a su haber centenares de denuncias sin que nada cambie, o sí: cambia para un peor servicio y mayor maltrato a los usuarios. 

Por esta lucha, el ciudadano suizo fue incluso detenido por la denuncia de un agente de tránsito, que se molestó por que lo denunció en su cuenta de Twitter Más allá de los cuentos o @NoNegligencia.

Desde hace muchos años a Roulet le ha interesado el tema del transporte público. Desde el 2005 se dio cuenta que hay buses ilegales que operan en rutas que luego son legalizadas. Alrededor de eso, su sospecha fue que eso se hacía a cambio de dinero, pero no le constaba personalmente. Sin embargo, por todos los indicios que conocía, concluyó que había venta de puestos, que las autoridades se compromentían con cierta gente a que pudiera operar en ciertas rutas y luego se entraba en una fase provisional de regularización, pero eran buses muy viejos y en muy mal estado. Parecía que había acuerdos entre las autoridades de control para no controlar estos buses.  Tuvo indicios de que cuando los agentes detectaban esos buses, había negociaciones. Esto, se dijo a sí mismo, es en contra de un buen transporte público con unidades que significan un riesgo, si no tienen RTV (Revisión Técnica Vehicular) en muchos casos y falta calidad, paradas establecidas... Luego de casi 20 años, la situación es la misma. O peor. 

Desde el 2005 se dio cuenta que hay buses ilegales que operan en rutas que se legalizan luego. Alrededor de eso, su sospecha fue que eso se hacía desde entonces a cambio de dinero.

Guillermo Abad, actual secretario de Movilidad del Municipio de Quito.

Los dos últimos años ha llevado su actividad ciudadana en ese tema, denunciando casos y con el cambio de esta administración en el Municipio, pensaba que algo iba a cambiar. Con el actual secretario de Movilidad, Guillermo Abad, había tenido conversaciones previas cuando él dirigía una organización, Justicia Vial, que hacía veeduría al tránsito y al transporte en Quito. Desde el 2016 se había dictado una ordenanza que pretendía regularizar las ilegalidades, sobre todo en la avenida Simón Bolívar, con unidades de transporte de pasajeros ilegales y viejas que usaban la autopista como ruta no autorizada y Abad estaba en desacuerdo con esa ilegalidad, cuenta Roulet. 

La Ordenanza emitida tenía una transitoria en la cual decía que la AMT no podía controlar ni supervisar a quienes participaban en esa regularización. Cuando Abad llegó al cargo que ahora ocupa, Roulet pensó que las cosas cambiarían, porque su posición era que nadie podía tener excepciones respecto al control vehicular. Roulet reclama a Abad que ha cambiado de opinión, y en lugar de mantenerse en su postura, han rebrotado rutas viejas y buses que incluso ya se habían retirado de servicio. La situación irregular y peligrosa en la Simón Bolívar continúa, y se siente extrañado de que el secretario de Movilidad pensaba antes una cosa y ahora en el cargo la postura sea distinta.

Documento donde Roulet denuncia centenares de casos de buses ilegales y vetustos que circulan sin permiso ni revisión vehicular, a vista y paciencia de los agentes y las autoridades. Ver el PDF aquí.

Roulet sabe vida y obra de los vehículos que ha denunciado en un largo documento de 30 páginas. En internet está la información si un vehículo ha realizado la RTV. Muchas veces consta que durante años el vehículo está sin revisión o aparece esporádicamente en los registros. Pero lo común y permitido es que sean buses que llegan de provincias a prestar servicio a Quito y ni siquiera constan en un registro, y lo obvio es que no hayan pasado por revisión alguna; y es obvio también que son los agentes de tránsito los que tienen el control directo de los mismos. 

Roulet había pedido constantemente que los agentes controlaran esto, porque pensaba que de pronto no se daban cuenta. Es muy sencillo: los agentes tienen que dar a los buses una citación,  y a partir de esta hay ocho días de plazo para presentarse a hacer la RTV, pero "el problema radica en que normalmente los agentes se niegan a hacer ese control, porque hay acuerdos, los dejan operar y en ese situación pueden pasar meses o años a vista y paciencia de los agentes, que se niegan a controlar".  Cuando Roulet ha presentado sus quejas sobre esta inacción, las autoridades han hecho promesas que no se cumplen.

Su historia de irregularidades es larga. En su documento, Roulet enlistó todos los buses que operaban ilegalmente en la Simón Bolívar en los últimos años.  Su registro incluye las denuncias y las respuestas a las mismas, incluso ante el Consejo de Participación Ciudadana que presidió el Dr. Julio César Trujillo.


Roulet, luego de estar dos meses en Suiza, duda si su deseo es seguir viviendo en el Ecuador. A su parecer, la ilegalidad, la irregularidad y los abusos seguiran.

No se trata de quitar a los usuarios un servicio de transporte, se trata de que las autoridades garanticen que la gente tenga derecho a un buen servicio, dice Roulet. Los usuarios, paradógicamente, se han ido contra el denunciante, porque creen que su lucha les impide tener ese servicio, aunque sea ilegal, malo y peligroso.

A la cárcel por reclamar

Por esta lucha, Roulet fue agredido y apresado. El había detectado un bus viejo, con placa de Tungurahua, que no tenía datos en el Municipio de Quito. Comprobó que no tenía revisión alguna. Ese mismo día, lunes 21 de noviembre de este año, el agente en el sitio se negó a hacer el control. Las irregularidades denunciadas al agente no solo era que el bus no estaba habilitado para operar en Quito sino que recogía a los pasajeros en sitios no autorizados.  El agente dio un largo discurso a Roulet porqué no los controlaban y dijo que estaban impedidos de hacerlo. Roulet se retiró del sitio, resignado, y publicó en su cuenta de tuiter la información del agente, con su foto, que se negaba a controlar al bus en mención.  En la ruta desde El Ciclista hasta el Sur de Quito opera cualquier bus por la Simón Bolivar, por lo general buses no autorizados para esa ruta, a los cuales no les rinde otras rutas, dice Roulet. La razón es que hay mucha demanda, pero la ley dice que cuando hay demanda el primer paso es un estudio de demanda. Pero ni siquiera eso se hace. 

No se trata de quitar a los usuarios un servicio de transporte, se trata de que las autoridades garanticen que la gente tenga derecho a un buen servicio, dice Roulet. Los usuarios, paradógicamente, se han ido contra el denunciante, porque creen que su lucha les impide tener ese servicio, aunque sea ilegal, malo y peligroso. 

El hecho es que el suizo no insistió con lo del bus de Tungurahua  porque dos días después tenía cita con el nuevo director de la Agencia Municipal de Transporte, AMT.  El miércoles a las 5 de la tarde tuvo la reunión y le contó sobre la respuesta del agente y la situación del bus. El funcionario se sorprendió: de ninguna manera ellos podían decir que no pueden controlar; ellos tienen ese deber, el de actuar, dijo el funcionario. Era la primera vez que un director lo había recibido. El suizo ya había estado al menos unas cinco veces en la Comisión de Movilidad del Municipio, y tampoco los directores anteriores lo habían atendido. 

Al día siguiente de la reunión, jueves, Roulet llegó desde Tumbaco hasta El Ciclista y vio de nuevo al mismo bus operando. Así que le tomó una foto para publicar en su cuenta de twitter. Entonces lo vio un joven que estaba al lado del bus, y que se le acercó corriendo con cara de pocos amigos. Roulet vio a un agente de tránsito y se acercó para advertirle del bus ilegal y le pidió que lo controle. El agente se negó y le dijo que a la altura de El Ciclista había un colega al cual podía acudir. En ese momento el que llegó corriendo le tomó una foto, y luego Roulet le tomó a su vez una foto. El ayudante del bus lo siguió, intentando cerrarle el paso, hasta que el denunciante llegó donde el agente en El Ciclista, y era el mismo que días anteriores se había negado a controlar al bus ilegal y que le había echado el discurso.

cuando llegó estaba ya la Policía, cuyos agentes lograron encontrar la cámara en manos del ayudante del bus ilegal. Sin embargo el agente de tránsito dijo, falsamente, que Roulet lo había agredido, así que el suizo fue preso.

El agente le reclamó que Roulet lo había denunciado en su cuenta de twitter. Y le mostró un chat de agentes donde sus colegas le advertían lo que estaba haciendo el ciudadano suizo. Así que el agente estaba furioso y amenazó con demandarlo porque había publicado su foto en twitter. Y le dijo que por eso no iba a atenderlo. El joven que lo seguía empezó a intervenir en la discusión y quiso quitar la cámara a Roulet, quien no deseaba enfrentarse con nadie, pero lo persiguieron. Luego  el joven se apoderó de la cámara y se la arranchó. Varias otras personas se le fueron encima, gente de los choferes, y el gritaba que le robaron la cámara. Fue hasta donde un guardia que estaba en el Ecopark, quien lo acompañó a reclamar su cámara de fotos. Pero cuando llegó estaba ya la Policía, cuyos agentes lograron encontrar la cámara en manos del ayudante del bus ilegal. Sin embargo el agente de tránsito dijo que Roulet lo había agredido, así que el suizo fue preso junto con el de la cámara. Antes de detenerlo, los policías le dijeron si es que "quería negociar". El suizo se negó, por supuesto.

En su cuenta de Twitter, él publicó el testimonio de su prisión:

"Si no te gusta aquí, gringo de... ándate a tu país"

Ya comenté que pasé la noche anterior en el calabozo (“zona de aseguramiento temporal”) de la Unidad de Flagrancia de la Fiscalía, Av. Patria y 9 de Octubre. Pese a la frustración que sentí fue interesante conocer por propia experiencia a esa realidad.

Fui presentado a un señor descortés, medio acostado en una silla detrás de una mesa. Antes de que tuviera oportunidad de explicar mi versión, me cortó la palabra e hizo caso a lo que había dicho el agente de la AMT: me ordenó “ingresar”. No sé ni quien era y porque me trató tan mal.

Para el ingreso necesitaba un certificado médico, que no se daba en el sitio. Fuimos llevados en el patrullero al Centro de Salud No. 1 en la Rocafuerte. Los policías no conocían la ruta, así que los guié. Durante varias horas insistí que tenía sed, pero no conseguí agua. En el Centro de Salud tenían un botellón con solo un vaso de plástico usado, al cual me negué a utilizar.

A la “zona de aseguramiento temporal” uno es ingresado a un área donde se pierde la noción del tiempo. Poco después no se sabe qué hora es, la información es escasa. Aunque debería regir la presunción de inocencia, uno ya es tratado de manera ruda (con algunas excepciones).

Tuve que deshacerme de cordones, cinturón, reloj, billetera y toda mi mochila. Llamé a mi amiga en Nayón que vino a recoger todo. Para esto dependía de la amabilidad de uno de los policías, que me prestó su celular. Una vez entregadas mis cosas (insistiendo un poco fuerte logré quedarme con mi saco de lana, lo que después resultó muy útil). Ya me quedé incomunicado. (Cuando finalmente pude salir, alrededor de las 7:30 de la mañana, viajé en este estado, sin haber podido arreglarme, en la Ecovía de regreso a casa, con un dólar que me había regalado un Fiscal).

(En la cárcel) un guambra de voz agresiva me ingresó a mí, que tengo 62 años, al calabazo con la amenaza, “si no se comporta bien, le enseñaré a comportarse bien”. No entendí el motivo de esa agresividad verbal. Ahí estuve junto al que me había robado la cámara, con tres aprehendidos por algo de drogas y con uno que había intentado matar con un cuchillo a su mujer. Con el paso del tiempo el calabozo se llenó con personas cada vez más terribles. El viento frío de la ventilación nos congeló paulatinamente. Por suerte tuve mi saco de lana. Los que estaban por droga habían sido aprehendidos en la tarde y estaban vestidos con camisetas, temblaban terriblemente y tosían sin parar. Me concentré mentalmente en no dejarme contagiar.

Nadie sabía qué iba a pasar. Nos habían leído nuestros derechos, entre esos era tener un abogado, pero no apareció en ningún lado un abogado. Al preguntar a los rudos guías, quienes pocas veces abrían la puerta, nos dijeron “ya mismo”.

La luz permanecía encendida y con la ventilación entró aire cada vez más frío. Supongo que fue pasada la medianoche cuando el calabozo se llenó paulatinamente con más gente traída por los guías.
Entró un joven de Sri Lanka con una agradable sonrisa en la cara. No hablaba ni una sola palabra de español. (¿Cómo le habrían ingresado y leído sus derechos? Después, en la tarde en el pasillo fuera de las salas de audiencia, me enteré que no tenían a nadie que hablara esrilanqués y que el joven entendía menos del 50% de lo que se le dijo en inglés.)

En inglés entrecortado me contó que fue apresado por tener pasaporte falsificado. La situación cambió totalmente cuando ingresaron varias personas de una pandilla. Parecían familiarizados con el sito. Uno tapó la cámara del lugar y los otros se metieron debajo de las bancas para fumar.

El líder era un tipo inquieto, lleno de heridas y cortes, hablaba en voz alta sin parar. Los otros se expresaban de vez en cuando solo para completar con algunas palabras lo relatado. La vida de ellos era la violencia. Conocían varias cárceles por dentro, contaron de las peleas entre bandas, se reían a carcajadas de muertos y heridos, de los engaños, complicidades etc. Era insoportable. Me senté tan lejos como posible. Paulatinamente se apoderaban de las bancas, donde se acostaron, mientras los otros solo teníamos espacio para estar sentados lado a lado.

El líder se me acercó y comentó algo provocativo por mi seriedad, por suerte no insistió más (yo había “construido” un muro invisible alrededor mío). Se sentó a mi lado y empezó con los dientes a quitar unos parches encima del pantalón y sacó unas fundidas con polvo blanco y un diminuto estilete. Que extraño que lo dejaran entrar así, porque a mí, en calzoncillos, me habían revisado completamente antes de ingresar.

De vez en cuando consumieron el polvo blanco, lo ofrecieron a otros, también a mí (por supuesto lo negué discretamente, para no provocar las iras del tipo, que ya estaba bastante alterado). La mayor parte de los otros aprehendidos les siguió la "onda" de los pandilleros, se reían con ellos, aplaudían y gritaban con cada barbaridad que vociferaban.

Fue alrededor de las 5:30 cuando fui llamado a la audiencia. Antes de salir, el guía me puso esposas. Caminamos por el pasillo y le comenté que me habían hablado del derecho de tener abogado, pero que no había visto un abogado. Al decir esto, desde la oficina abierta, una guía me gritó la frase conocida, "si no te gusta aquí, gringo de… ándate a tu país" Reclamé por el trato, pero no tenía ni el más mínimo chance de ser tomado en serio.

Al entrar a la sala de audiencias el ambiente cambió y fui tratado cortésmente. El juez me explicó el procedimiento y me presentó a mi abogado público, simpático. El abogado del agente de la
@AMTQuito (diferente a lo que creía en ese momento, parece que fue un abogado particular) solicitó que se prolongara mi detención por ocho días más. Mi abogado citó algunos artículos. En corto tiempo, creo que fueron menos de tres minutos, el juez ordenó mi inmediata libertad.

“Inmediata libertad” significó que fui metido nuevamente al calabozo, donde el ambiente con los pandilleros ya era peor. Más tarde la cosa se hizo terrible. El gordo, de los tres que cayeron por droga, tapó el vidrio delgado de la puerta, otro de ellos subió a la banca para tapar la cámara. Como antes, ningún guía había venido a ver las razones de la constante bulla, no era de esperar de que vendrían ahora.

De todo esto no tengo ni un solo escrito. Para conseguirlo debo solicitar en el UPC Jipijapa el parte y después en los archivos arriba en la Av. Mariana de Jesús solicitar los documentos. Son campeones en complicarnos la vida.

El líder de los pandilleros empezó sutilmente a provocar al esrilanqués. Le mostró que solo tenía una camisa, que le daba frío y que quería la chaqueta forrada de él. El esrilanqués no entendió las palabras y se puso nervioso. Intenté hacerle señales de que no se dejara provocar. El otro siguió rodeándole, tocándole y de pronto le reclamaba los zapatos. Le quitó uno y se lo entregó a uno de sus compañeros.

El esrilanqués se sentó a lado mío, pero el líder de la banda seguía provocando. Yo sudaba frío. La situación era explosiva y nosotros contra la pared, en el sitio más alejado de la puerta. De pronto, el tipo se sentó a lado nuestro, abrió otras costuras de su pantalón y sacó otras fundidas con polvo blanco. Los pandilleros se metieron por un rato debajo de las bancas.

No demoraron mucho y el tipo retomó la provocación. Me imaginé un desenlace de lo peor y no sabía cómo habría reaccionado si ese hombre hubiera atacado al esrilanqués. ¿Me habría callado como un cobarde, o me habría entremetido sin posibilidad de poder hacer algo contra la gran cantidad de los otros, que gritaban a carcajadas?

Supongo que ya pasó más de una hora y no vinieron a liberarme. La tensión se volvió casi insoportable, pero de alguna manera con el esrilanqués nos entendimos sin palabras y él no se dejó provocar. Cuando, quizá media hora más tarde, se abrió la puerta y el guía gritó mi nombre, mi ropa estaba mojada del sudor frío. Salí, firmé los papeles que me presentaron, subí rápido al parterre arriba y reporté al primer funcionario que vi lo que estaba pasando en el calabozo y pedí intervención.

De todo esto no tengo ni un solo escrito. Para conseguirlo debo solicitar en el UPC Jipijapa el parte y después en los archivos arriba en la Av. Mariana de Jesús solicitar los documentos. Son campeones en complicarnos la vida.

Epílogo

Esta fue la situación: la tarde anterior a estos sucesos Roulet había hablado nada menos que con el nuevo director de la AMT, Juan Manuel Aguirre. Y al día siguiente fue detenido por la acusación de un agente, que no tuvo el apoyo del juez. Es más, el nuevo director de la AMT, un funcionario público, lo bloqueó en twitter, y nadie le dio explicaciones por su cámara robada, que quedó en manos de las autoridades. 

Diez días después, en un escueto comunicado por Twitter, la cuenta de la AMT anunciaba que había detenido al automotor de placas de Tungurahua:

En atención a la denuncia; Operadora: Turismo, Placa: TAS0767, se realizó el seguimiento, fiscalización y sanción de la unidad.

Trabajamos para garantizar la seguridad vial.
#QuitoSeguroOtraVez

Carta de Claude Roulet

Este portal ha recibido la siguiente comunicación del señor Roulet, que transcribimos íntegra, seguida de la respuesta de la Redacción.

Estimado Juan Carlos

Cuando me pediste mi permiso para publicar mi escrito sobre la noche en el calabozo de la Unidad de Flagrancia, te respondí que con mucho gusto. Opiné que sería mejor poner en el contexto del porqué se dio mi detención. Te conté de mis actividades respecto a los buses ilegales y tú publicaste con este material el artículo “La solitaria lucha de Claude Roulet contra los abusos del transporte de pasajeros”. Hasta este momento me había cuidado no relacionar en lo público mi nombre con mis actividades respecto a este tema, porque he recibido en los últimos años no solo una gran carga de insultos, sino también varias amenazas.

Haberme mantenido anónimo en lo público por lo menos dificultó que pudiera ser encontrado. Con la publicación del artículo esto cambió y pensé al inicio asumirlo.

Pero la reciente publicación “La versión de la AMT sobre la historia de Claude Roulet” es inaceptable por varias razones. En el primer artículo no mencionamos nombres, excepto ese de Juan Aguirre en el contexto de que tuve la reunión con él. Sin embargo, en tu segunda publicación parece que les ofreces al agente Sánchez y a Juan Aguirre una plataforma para soltar públicamente una venganza. Alexis Sánchez expresa una avalancha cargada de acusaciones con supuestas citas —¡entre comillas!— de frases que no he dicho de esta manera y que me afectan a mí como persona, como soy visto por la comunidad y las actividades que estoy realizando.

Intenté hoy durante el día editar un pedido de derecho a la réplica. Pero en la noche llegué a la conclusión que no quiero ir por este camino. Mi tema no es una pelea personal y yo como persona particular no debo estar obligado a ser expuesto públicamente. No he cometido delito alguno, no soy servidor público que incumplió su trabajo (como el agente, aunque de esto no dice una sola palabra) y no veo razón porque envolverme públicamente en una disputa refiriéndome a cada detalle de ese relato confuso del agente. Tampoco debo argumentar palabra por palabra a las tergiversaciones de Juan Aguirre sobre detalles que ninguno de los dos lados puede comprobar, porque no grabé lo conversado en la reunión y supongo que él tampoco.

Diferente es con el agente Sánchez. Una vez recuperada mi cámara, yo podré documentar cómo él se negó a controlar al bus en discusión, detalle que al parecer en los artículos publicados hasta ahora no tiene ninguna importancia. Pero es eso de que se trata, no que yo en un momento de desesperación por el robo de la cámara y por lo indefenso que me sentí, rodeado por el grupo de los buseros ilegales, de manera aislada grité que son parte de una mafia. El asunto es que lo son, porque es un grupo de gente que se dedica a la actividad ilegal de ofrecer servicio de transporte público en ruta no asignada, con buses no habilitados (los dos COIP) y que no cumplen con la Revisión Técnica Vehicular (Art. 78 del Reglamento General para la Aplicación de la LOTTTSV, y otros). ¡Es un riesgo para las personas que transportan!

Esta actividad ilegal se puede observar, por ejemplo, los días laborales en la tarde en la Av. Simón Bolívar, sector El Ciclista. Ocurre a vista y paciencia de los agentes de la AMT que generalmente se niegan a controlar a buses específicos, cuando se los pide. Varias veces me habían justificado su pasividad con el argumento que es “por ordenes superiores” o con “donde manda capitán no manda marinero”.

Pero “discutir” esto de la manera como ya está puesto al público, en la cual debo soportar falsas acusaciones que se hace públicamente, esto no es justo. Estoy intentando reunir pruebas, para algún día quizá poderlo denunciar, porque con el último intento, en el CPCCS, no funcionó.

Llegué a la siguiente conclusión:

Quiero pedirle que elimines estos dos artículos y también los tuits que mencionan mi nombre. No quiero que si alguien busca con mi nombre en Google se tope con esa barbaridad que publicaron sobre mí. El juez había dispuesto mi inmediata libertad, el nombre de Alexis Sánchez en el primer artículo no existió, así que no hay ninguna razón para aceptar esa desigualdad de trato. Él no fue afectado por lo publicado por Plan V.

Con lo que publicaron el 17 de diciembre del 2019 sobre mí me ponen en peligro y causa que debo avergonzarme cuando salgo a la calle.

Espero tu comprensión y que es suficiente pedirte esto a través de este correo, porque no conozco otra dirección tuya, no la encontré en el portal y no puedo hacerlo más formal. Pero, te lo pido en serio, no me gusta que de esta manera se daña mi nombre. He dedicado durante muchos años y muchas horas refinar mis denuncias respecto a un problema que afecta la seguridad vial y a la calidad y al desarrollo del transporte público. No fue y no es un asunto personal. Y no es justificado que todos los constantes intentos de evitar agresiones de mi parte se ven afectadas por ese corto momento que yo corrí desesperadamente por el sector de El Ciclista. No he agredido al agente, él no podrá comprobar esto. Las fotos que circulan en internet fueron posiblemente tomadas por la señora que organiza los buses ilegales y verme en movimiento no es agresión.

Estimado Juan Carlos, espero que el problema existente ahora no se haga mayor.

Con saludos cordiales,

Claude Roulet

 

Respuesta de la Redacción de PLANV

Acusamos recibo de su correo enviado el pasado 21 de diciembre.

Como bien señala en su párrafo introductorio, en cumplimiento estricto con los procedimientos periodísticos, oportunamente se solicitó su permiso para publicar hechos en torno a su permanencia en el calabozo de la Unidad de Flagrancia. Así también, fue usted quien voluntariamente entregó información adicional que complementó el artículo titulado “La solitaria lucha de Claude Roulet contra los abusos del transporte de pasajeros”.

Días más tarde, en ejercicio de la responsabilidad periodística y cumpliendo con el principio ético periodístico de contrastar las fuentes de información y respetar el derecho a réplica, se buscó la versión de la Agencia Metropolitana de Tránsito y se publicó el artículo “La versión de la AMT sobre la historia de Claude Roulet”. Respecto a sus afirmaciones sobre este artículo, debo hacer las siguientes puntualizaciones:

El derecho a la réplica no es ofrecer “una plataforma para soltar públicamente una venganza”, sino un espacio a través del cual una persona que se considera perjudicada por cualquier información publicada, pueda ofrecer su versión respecto de la misma.

Las comillas se utilizan para citar textualmente afirmaciones hechas por una persona. En el texto del artículo, las comillas se han usado correctamente para citar lo afirmado por el señor Sánchez. En ningún lugar las comillas han sido utilizadas para citar frases que usted ha dicho.

Eliminar artículos que ya han sido publicados, es algo que no corresponde a la garantía de la libertad de expresión y la libertad de prensa. Eliminarlos sería incurrir en censura. Se aplica el mismo principio para publicaciones en redes sociales. Como bien afirmó usted mismo, cumpliendo procedimientos y prácticas de periodismo responsable, solicitamos oportunamente permiso para recoger su historia y publicarla.

En sus publicaciones en redes sociales, usted pone en duda la seriedad y credibilidad de este portal, por el manejo informativo de este tema. Lo que sin duda sería muy poco serio de nuestra parte es publicar solo una versión de los hechos -la exclusivamente suya- sin consultar al resto de involucrados en una problemática de interés público, como es el transporte urbano en Quito, y luego pretender simplemente eliminar los contenidos, poniendo en juego nuestra credibilidad, porque según usted si no quedan a su gusto ya no sirven.

Coincidimos plenamente con usted en que no ha cometido delito alguno y que probablemente los delitos los hayan cometido otros. Precisamente por eso preparamos una tercera entrega en la que incluiremos las gravísimas denuncias sobre cómo operan las mafias del transporte de pasajeros en Quito.

Por parte del equipo periodístico de PlanV le puedo asegurar que hemos cumplido todos y cada uno de los preceptos de un periodismo responsable, particularmente considerando la sensibilidad del tema que se aborda.

En caso de solicitar un nuevo espacio para ejercer sus derechos constitucionales a la rectificación, réplica o respuesta, estamos a las órdenes.

Atentamente,


Juan Carlos Calderón Vivanco    
Director

Mauricio Alarcón Salvador
Abogado

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La solitaria lucha de Claude Roulet contra los abusos del transporte de pasajeros
 


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