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8 de Julio del 2019
Historias
Lectura: 20 minutos
8 de Julio del 2019
Susana Morán
Juliana Campoverde: crónica de un juicio que tardó siete años
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Fotos: Luis Argüello / PlanV

Juliana Campoverde desapareció a los 18 años. Pensaba estudiar en Argentina. Pero antes desapareció. 

Fotos: Luis Argüello / PlanV

Amigos y familiares de Juliana exigieron justicia fuera del Complejo Judicial Norte. 

Este 17 de julio Jonathan C. fue sentenciado a 25 años de cárcel por el secuestro extorsivo que terminó en la muerte de Juliana Campoverde. El pastor se acogió al silencio en medio de las expectativas de abogados y familiares de una declaración suya. Los padres de Juliana seguirán buscando el cuerpo de su hija que sigue desaparecido desde hace siete años. La audiencia terminó en golpes, insultos y llantos.

Jonathan C. fue declarado culpable por secuestro extorsivo con resultado muerte de la joven Juliana Campoverde. El Tribunal de Garantías Penales lo sentenció la tarde del 17 de julio a 25 años de cárcel y así concluyó la audiencia de juicio que duró cinco días. Los jueces se tomaron más de cinco horas para deliberar. Jonathan C. se acogió al derecho al silencio y su defensa solo reconoció que el único delito imputable a su defendido era el de secuestro. En la última jornada, los abogados de los padres de Juliana, Elizabeth Rodríguez y Absalón Campoverde, acusaron a Jonathan C. de asesinato.

Los defensores Gabriela Flores y Ramiro García coincidieron en que el crimen contra Juliana recae en la figura de femicidio, pero ese delito no estuvo tipificado al momento de la infracción, el 7 de julio de 2012, el último día que fue vista Juliana. La fiscal Mayra Soria pidió reparación integral para la familia. Entre sus solicitudes estuvieron una indemnización por 262.800 dólares que representan los ingresos mensuales de Juliana, según el cálculo de la expectativa de vida de una mujer en el 2012. Soria solicitó al Estado que inicie un registro de los pastores en Ecuador y se regularice su ordenación. La fiscal sostuvo que Jonathan C. nunca fue pastor, pero usó esa posición para manipular a Juliana que tenía un gran fanatismo religioso. Asimismo requirió el cierre de la iglesia Oasis de Esperanza, a la que pertenece el religioso, y que la sentencia sea difundida entre las organizaciones evangélicas a fin de que el hecho no se repita. Instó a que los funcionarios judiciales sean formados en derechos humanos y con enfoque de genéro, en especial a la Policía Judicial. Flores, por su parte, pidió que sea siga buscando el cuerpo de Juliana y que en el Museo de la Memoria exista un espacio sobre la joven desaparecida. 

El Tribunal acogió la mayoría de los pedidos de reparación de Fiscalía: la indemnización económica que fijó en 100.000 dólares, el registro nacional de pastores, el cierre de la iglesia y la capacitación a los servidores judiciales. Los jueces, quienes tomaron por unanimidad esa decisicón, se levantaron y se fueron. El juicio parecía que iba a terminar con la calma que se mantuvo durante los cinco días que duró, pero el ambiente estaba enrarecido. La madre de Juliana, quien no dejó de apretar la imagen de su hija en esos días, se levantó y se acercó al pastor. En pocos segundos la sala se inundó en el caos. Insultos, golpes y llantos de familiares y amigos de ambas partes se volvieron incontrolables. Los pocos policías no lograron frenar los primeros incidentes hasta que llegaron más uniformados a manejar la situación. El pastor salió con resguardo.  

En la siguiente crónica se cuenta algunos episodios durante la semana de audiencia de uno de los casos más emblemáticos sobre desaparecidos en Ecuador. Este texto fue publicado originalmente el 8 de julio y actualizado el 17, día de la audiencia final. 

La caída simple

El perito Luis Huaico llegó atrasado a la audiencia. La fiscal Mayra Soria lo esperó durante toda la tarde del pasado miércoles 3 de julio. Estaba en pleno juicio contra Jonathan C., el pastor evangélico acusado por secuestro extorsivo con muerte de Juliana Campoverde. Su presencia era vital para la Fiscalía. Soria incluso pidió un receso a los jueces hasta que arribara su testigo al Complejo Judicial Norte de Quito. Porque una de las principales interrogantes en este caso es saber cómo murió la joven de quien no se tiene rastro desde el 7 de julio de 2012. 

Jonathan C. tiene su versión: “Me defendí para evitar de que me continúe agrediendo, le tomé las manos, le cogí del brazo, puse las manos en su hombro, apreté su cuello y en ese forcejeo, tras dar un paso atrás se cayó, dándose un golpe seco, posterior a lo cual no reaccionó”. Esa escena, aseguró el pastor en su versión a la Fiscalía, habría ocurrido en el parqueadero de su casa mientras discutían. ¿Es posible que una persona muera de esa manera? Esa pregunta se hizo la Fiscalía y para ello pidió a Luis Huaico que haga una auditoría médico legal. 

El perito dijo que había analizado la probabilidad de que una mujer de aproximadamente 65 kilos (como Juliana) muera por una caída desde una grada de 32 centímetros de extensión. En su explicación planteó cinco tipos de caídas, entre ellas la simple y la compuesta. La primera dijo se caracteriza por la pérdida del equilibrio por un empujón, un tropiezo o un desmayo. La segunda, en cambio, es una caída más otro factor externo que afecta a la víctima, como fuego, un río o una asfixia. Argumentó que una caída simple no puede producir la muerte de una persona, porque lo que causa son escoriaciones, fracturas o hematomas. Si Juliana cayó de espaldas y tuvo un daño cerebral hubiera necesitado cuidados intensivos. Es decir, la muerte de Juliana se habría producido días después de la caída y no al instante como ha sostenido Jonathan C. En su lugar, mencionó que, si se tratara de una caída compuesta, “la muerte de la víctima se dio antes de la caída”. Eso nos pone —manifestó— ante una muerte homicida.

Volver en el tiempo 

A Elizabeth Rodríguez, madre de Juliana, los nervios la paralizaron el primer día de la audiencia. Fue la primer testigo de la Fiscalía. Narró lo que en innumerable veces ha contado a la prensa, pero en un momento del interrogatorio manifestó no recordar. “Se me quedaron muchas cosas por contar”, dijo después. Lo que no olvidó fueron las palabras del padre de Jonathan C., Patricio Carrillo, quien le dijo que ellos, como pastores, están llenos del espíritu santo y ese espíritu les puede revelar un hecho o predecir lo que sucederá. Fueron esas supuestas facultades las que usaron para que el día de la desaparición de Juliana, Carrillo llamara a la madre y le dijera que en 20 minutos tendrá una revelación de su hija. Entonces apareció un mensaje de Juliana de que está en Cuenca, sin internet. Un mensaje que, para Elizabeth, jamás escribió su hija. 


Ramiro García (primero a la derecha) es el abogado de Absalón Campoverde, padre de Juliana. En el centro, la fiscal Mayra Soria junto a la madre de la joven, Elizabeth Rodríguez. 

De esas mismas revelaciones se valió un supuesto pastor y psicólogo llamado Juan Solano, con quien Juliana conversó por Facebook. Pero Solano era Jonathan C. quien hizo que la joven desistiera de un viaje a Argentina para estudiar porque Dios le había revelado que ella tiene que casarse con su hermano, Israel Carrillo. Ese fue el motivo para que madre e hija, asustadas, se salieran de la iglesia de los pastores Carrillo llamada Oasis de Esperanza.

Esos episodios de la familia con la iglesia evangélica fueron parte del peritaje que hizo el psicólogo Ítalo Rojas. En la audiencia se desempolvó su informe del 16 de septiembre de 2013 de 90 páginas, que incluyen los chats entre Solano y Juliana. Es un estudio criminológico de la desaparición de la joven en el que perfila a Jonathan C., quien en la entrevista con el perito se mostró nervioso cuando fue consultado sobre Juliana. El pastor, en sus primeras versiones, aseguró desconocer el paradero de su feligrés.


Pamela Chiriboha y Gabriela Flores (a la derecha), de INREDH, son las abogadas de Elizabeth Rodríguez. 

Rojas fue convocado al juicio también la tarde del 3 de julio. Afirmó que Juliana fue víctima de una manipulación psicológica y de una relación abusiva en la que le infundieron el temor a Dios. Jonathan C., a través de su alias Juan Solano, le indujo a tener sentimientos de culpa por tener aspiraciones y actividades ajenas a la iglesia. Jonathan C. —dijo— se presentó con una imagen sobrenatural, de gran poder, de un profeta capaz de tener visiones. 

En opinión del experto, Juliana fue parte de una secta coercitiva. Este tipo de agrupaciones usan mecanismos psicológicos para alejar a la víctima de su entorno de forma paulatina. Por eso desacreditaron a quienes trataron de acercarse a Juliana. A la audiencia fueron convocados dos exparejas de la joven. Uno de ellos contó que Juliana estaba obligada a pedir permiso a los pastores para que pueda salir con él. “Aprovecharon el fanatismo religioso de ella y le infundieron sentimientos de culpa si es que abandonaba la Iglesia”, agregó el perito y eso se evidenció en citas bíblicas amenazantes. En su investigación encontró además “un soterrado deseo sexual” del pastor hacia Juliana.


El Tribunal de Garantías Penales de Pichincha conformado por los jueces Sara Costales Vallejo, Galo Rumiguano y Daniel Tufiño decidirán sobre el caso de Juliana.

“Se ha probado que existe rapto, que Juliana fue asesinada, que su cadáver fue lanzado a un barranco y que durante 7 años han mantenido en zozobra a su familia”, Ramiro García, abogado de Absalón Campoverde.

De eso la Fiscalía ya se pronunció cuando llamó a juicio a Jonathan C. Según su teoría del caso, el hombre abordó a Juliana antes de que ella llegara a su negocio. Ella se subió con engaños al vehículo del pastor y bajo efectos de escopolamina la llevó a un motel del sur de Quito para tener relaciones sexuales con ella. Más tarde, en una discusión, murió en manos del acusado. Según los testimonios de peritos que fueron a la audiencia antes de la desaparición de Juliana, el pastor buscó en Google sobre escopolamina, cómo comprar burundanga y cómo prepararla. Esos registros quedaron en su computador que fue incautado. También hallaron 500 GB de pornografía.

La Fiscalía sustentó su teoría además con un analista telefónico, quien señaló que los celulares de Juliana y Jonathan coincidieron en cuatro puntos el 7 de julio de 2012, día de la desaparición. En orden cronológico citó los siguientes: 1) 08:48 en la Mena 2, sector donde Juliana y su madre se despidieron; 2) 09:43 en la avenida Maldonado; 3) 09:50 y 09:51 en el sector de El Recreo (zona del motel); y 4) 19:51 en Santa Clara. En este último punto el chip de Movistar de Juliana fue ingresado al celular Claro de Jonathan C. Esa pista se mantuvo olvidada por más de seis años

El perito Rojas insistió en que desde el 2013 había concluido que Juliana fue asesinada o estaba retenida en contra de su voluntad. “En cualquiera de los dos casos está relacionado el pastor Jonathan C.”, dice su reporte terminado hace seis años, un documento que al igual que los otros solo engrosaron el abultado expediente del caso.  


La madre de Juliana rechazó que la audiencia se haya suspendido nuevamente el pasado viernes 5 de julio. Los jueces dieron paso a ese pedido de la defensa porque no habían llegado dos de sus testigos. Foto: PlanV

4 de 400 testigos 

Jonathan C. permaneció con la chompa con capucha de color naranja durante la primera semana del juicio. Ni la temperatura de la sala le provocó quitarse la abrigada prenda que tienen los presos en la cárcel de Latacunga, donde el frío es insoportable. La jueza Sara Costales, presidenta del Tribunal de Garantías Penales de Pichincha, visiblemente incómoda por el calor pidió a los guardias que se mantenga abierta la puerta de la sala de audiencias N. 208. Jonathan C. permaneció con su mirada fija a los tres jueces como si tratara de evitar mirar a sus acusadores, los padres de Juliana. Pocas veces se le notó una emoción en el rostro mientras escuchaba a los 35 testigos llamados por la Fiscalía. Mantuvo sus labios apretados. El cabello casi al ras de su cabeza y su palidez delataba sus más de nueve meses en prisión. 

Pocas veces interactuó con sus tres abogados. Una de esas ocasiones fue la tarde del 4 de julio. En un receso revisó una gruesa carpeta blanca que puso en su regazo. Se detuvo en una hoja de registros y consultó con su abogado Paúl Ocaña. Este asintió con un gesto como quien responde: ‘sí, ya lo veremos’. El pastor pasó las hojas, pero volvió al mismo registro. Dobló la esquina de esa hoja y esta vez más decidido se levantó de su asiento y se juntó con sus tres abogados. Hablaron. Todos asintieron.

ARRIBA. Jonathan C. a su ingreso a la sala de audiencias, el martes 2 de julio, esposado y con el buzo naranja que usan los presos.  ABAJO. El pastor habla con sus abogados, uno de ellos es Paúl Ocaña, que defiende al exministro Augusto Espín en el caso Arroz Verde. 


 

Durante la audiencia, la defensa de Jonathan C. cuestionó la validez de los chats entre Solano y Juliana. Una de sus preguntas para el perito Rojas fue cómo sabía que el perfil de Solano en Facebook correspondía a Jonathan C. A lo que el experto respondió que la esposa del pastor le había confirmado ese dato. También fue interrogado si había encontrado amenazas en los chats entre Juliana y el perfil real del pastor como Jonathan C. Rojas manifestó que no las hubo. La defensa se centró en los chats y cómo habían sido obtenidos. Un novio de Juliana ayudó a la familia a recuperar la clave de Facebook y así la familia pudo conocer sobre las conversaciones con el alias del pastor.

“Primero se ha demostrado un control de Jonathan C. sobre Juliana. Que está directamente relacionado con la desaparición. Su coartada falsa se ha ido develando durante todo este tiempo”, Pamela Chiriboga, abogada de Elizabeth Rodríguez. La defensa del pastor no quiso pronunciarse sobre el avance del juicio.

La defensa del religioso dijo al inicio del juicio que demostrarán que su cliente no secuestró a Juliana. Para ello convocó a 400 testigos que llenaron la sala de audiencia el primer día, el 2 de julio. Pero al final de la semana, los abogados solo convocaron a cuatro, dos de ellos fueron una familiar y un amigo de la Iglesia. Los otros dos, entre ellos un perito, fueron citados con la fuerza pública en el día final del juicio. Uno fue un perito que hizo un analisis grafológico de dos cuadernos; la otra testigo fue funcionaria del Instituto de la Meritocracia, donde trabajaba Jonathan C. Sus declaraciones duraron pocos minutos. Era el momento de conocer si el pastor hablaría. La sala estaba expectante. Entonces su defensa anunció que su cliente se acogería al silencio. Los padres de Juliana esperaban escucharlo contar qué pasó con Juliana. Pero solo les quedó el dolor. 

Otras momentos y revelaciones del juicio 

-Al momento se desconoce el paradero de Patricio e Israel Carrillo. Ambos fueron mencionados en varias ocasiones por los testigos de Fiscalía. Por ejemplo, William Parrales, padrastro de Juliana, narró que Patricio Carrillo llegó sorpresivamente al Regimiento Quito. Horas después de la desaparición, en ese lugar esperaban ver las cámaras de vigilancia de la calle Ajaví para encontrar alguna pista sobre la desaparición de Juliana. Carrillo, según el familiar, le dijo: ‘¿Qué buscan aquí?’, ‘aquí no busquen’. El pastor principal de la iglesia Oasis de Esperanza llegó nervioso y exaltado a ese lugar, según el familiar. 

-La Fiscalía convocó como testigos a directivos religiosos.  Uno de ellos fue el pastor Vicente Muñoz, quien es el representante nacional de la Iglesia del Evangelio Cuadrangular a la que pertenece Oasis de Esperanza. Dijo que solo autorizó como pastores a Patricio Carrillo y a su esposa. Que tampoco hay pastores auxiliares. Ante varias preguntas de la fiscal Mayra Soria, el pastor dijo que “no conoce” y terminaba la frase con una sonrisa. La jueza Costales le increpó por no respetar la solemnidad de la audiencia. La fiscal insistió en sus preguntas para saber si existía el sigilo de confesión. Jonathan C. dijo en una de sus versiones que Juliana apareció en su oficina días después de su desaparición para pedirle ayuda. Él dijo que no contó antes nada porque el sigilo de confesión se lo impedía. Ante las evasivas del pastor, la fiscal hizo notar a la jueza que el testigo no estaba entregando información. Después de varias preguntas de la fiscal y de los abogados de la familia, Muñoz confirmó que en la Iglesia Cuadrangular no existe sigilo de confesión.

-Juliana obedecía a los pastores al máximo. El padre Absalón Campoverde contó que ella se reportaba con los pastores continuamente. El miedo a ellos se reflejó en un hecho que al padre le llamó la atención. Juliana y su hermano estaban de vacaciones con su padre y este les pidió que se quedaran un día más. Su hija, nerviosa, pidió que le dejara ir a un lugar con internet para pedir permiso a los pastores. Según sus familiares y conocidos, Juliana temía mucho que la castigaran en la iglesia y el peor castigo era dejarla fuera de los coros porque amaba cantar.

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