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8 de Junio del 2021
Historias
Lectura: 15 minutos
8 de Junio del 2021
Susana Morán
La mortalidad materna se disparó 20 puntos en Ecuador durante la pandemia
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Según expertos, la atención a las mujeres embarazadas se redujo durante la pandemia, especialmente en los subcentros de salud. Foto: Twitter IESS

 

Las últimas cifras del INEC dan cuenta del impacto de la pandemia en la mortalidad materna. En 2020, además hubo récord de muertes por abortos y 16 adolescentes fallecieron por esta causa. Los expertos creen que la situación es crítica y ha dejado a las mujeres -sobre todo las más empobrecidas- sin acceso a la salud.


Ecuador ha alcanzado niveles críticos en mortalidad materna. Durante la pandemia, este indicador alcanzó su punto más alto desde 2012. El año pasado, se registraron 191 muertes maternas. Eso implica el fallecimiento de 57,6 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos. En 2019, esta cifra fue 37 por cada 100.000 nacidos vivos. Eso implica un incremento de 20,6 puntos.

Estos datos se encuentran en el último boletín del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) sobre defunciones generales, publicado el pasado 4 de junio.

Pero antes lo anunció la ministra de Salud, Ximena Garzón, durante la presentación del nuevo Plan de Vacunación, el pasado 31 de mayo. En rueda de prensa, informó que se había “disparado” tanto la mortalidad materna como las muertes por accidentes de tránsito. La funcionaria explicó que la congestión de los servicios de salud por la pandemia ha dejado sin atención a otras enfermedades graves que existen en el país. Con la vacunación, el Gobierno espera mejorar la provisión de estos servicios.

Datos similares también se encuentran en la Gaceta Epidemiológica de Muerte Materna, del Ministerio de Salud Pública (MSP). En enero pasado, informó que durante el 2020 hubo 163 muertes maternas, 40 más que las registradas en el 2019. “Parece poco, pero no es así. Es un tercio de muertes más”, dijo a PlanV el investigador y médico salubrista Hugo Noboa, quien en 2019 fue autor de la publicación “Mortalidad materna en Ecuador: una mirada crítica”.

Noboa explicó que las muertes registradas por la Gaceta no son todas y difieren de las del INEC porque esta última institución ajusta las cifras con lo que se denomina “muerte materna tardía”. A consecuencia del parto, una mujer puede tener complicaciones y fallecer semanas después. Con esos ajustes, estimó que la cifra superará las 200 muertes, porque en años pasados el promedio de muertes tardías se ha ubicado entre 60 y 80.

El INEC ha dejado sentado que sus cifras de junio son provisionales. Estos se generan, explicó, con información de las defunciones generales ocurridas en el año 2020, las mismas que están sujetas a ajustes por registros posteriores. Tampoco, aclaró el INEC, se ha finalizado el proceso de ‘Búsqueda Intencionada y Reclasificación de Muerte Materna’ entre el INEC y el MSP.

Para el investigador, estos datos demuestran que las mujeres están teniendo mayores dificultades para acceder a los servicios de salud reproductiva. “Las 40 muertes indican que las mujeres están en una situación crítica respecto a estos servicios”, manifestó.

Las causas de la mortalidad materna no han cambiado en las últimas décadas, afirmó Noboa. Las hemorragias y la preeclampsia se mantienen como los principales motivos para la muerte de la madre. Pero en el 2021 también han aumentado “las causas indirectas”, que resultan de alguna enfermedad existente antes del embarazo. En 2019, el 34,35% de las muertes maternas se debieron a esa causa. En lo que va de 2021, este indicador aumentó al 50%.

De las 163 muertes que hubo en el 2020, una fue de una niña entre 10 y 14 años, y 16 corresponden a adolescentes entre 15 y 19 años. El mayor número de muertes se dio en los grupos de 30 a 34 años (41 muertes) y de 25 a 29 años (34 muertes).

En 2020 también hubo una cifra récord de muertes por abortos: 10 en total. En años anteriores oficialmente se han llegado a registrar entre 5 y 6. “Eso es terrible y no son las únicas. Hay muertes que no se registran como abortos sino como infecciones o hemorragias. Eso es consecuencia de una política regresiva en relación al aborto”, manifestó Noboa.

El mayor número de muertes se dio después del parto. El 37, 42% de las mujeres fallecieron 24 horas después del parto; el 21,47% en el post parto mediato; y el 19,63 en el post parto tardío. El 20,86% falleció durante su embarazo y el 0,61% durante el parto.

En 2020 también hubo una cifra récord de muertes por abortos: 10 en total. En años anteriores oficialmente se han llegado a registrar entre 5 y 6.

La pandemia ha agravado la situación de las madres, pero también ha acentuado las inequidades, sostiene Noboa. “Las mujeres más pobres seguramente serán las que menos pueden acceder a la salud”. En su estudio de 2019, concluyó que la muerte materna fue 36% más frecuente si se trataba de mujeres rurales antes que urbanas. Fue 69% más frecuente si se trataba de mujeres indígenas, o 50% más frecuente si se trataba de mujeres afrodescendientes, antes que mestizas. La probabilidad de una muerte materna es 3 veces mayor si se trata de una mujer sin instrucción o sólo con instrucción primaria, comparando con las mujeres con instrucción superior.


Durante el 2020, una niña y 16 adolescentes embarazadas, entre 15 y 19 años, fallecieron. Foto: Twitter IESS

Pero en esta brecha también están las mujeres migrantes que llegan a Ecuador. El informe “La Salud Reproductiva es Vital”, realizado por el Consorcio Latinoamericano contra el Aborto Inseguro (Clacai) entre marzo y agosto de 2020, recogió el testimonio de Sandra, una joven venezolana que arribó a través de la frontera con Colombia, por Lago Agrio, y no pudo acceder de forma oportuna a una atención médica. Acudió a un subcentro por una hemorragia, pero fue discriminada y enviada a su casa. Allí tuvo un aborto espontáneo y en el hospital, donde le hicieron la limpieza, le gritaron.

La investigación recogió datos de nueve países de la región, entre ellos Ecuador, y “dejó entrever que el efecto de la pandemia en la salud reproductiva de las mujeres sería incluso mayor que el número de muertos directos por la Covid-19”.

A inicios de la pandemia, Unicef se anticipó a este escenario. En mayo de 2020, advirtió que la mortalidad materna podría incrementarse en 241 muertes anuales adicionales. “El impacto del COVID-19 en Ecuador podría duplicar las muertes maternas e incrementar en un 50% la mortalidad infantil”.

Unicef pidió hace un año al Gobierno ecuatoriano que mantenga la continuidad de los servicios esenciales de salud materno-infantil, con el fin de asegurar los controles pre y posnatales, la atención humanizada del parto, la vacunación y el seguimiento nominal del niño.

Solicitó además que los protocolos de atención al parto para madres sin riesgo de COVID-19 deben seguir los lineamientos de atención integral del parto. Es decir que deben garantizar el apego temprano piel a piel, pinzamiento oportuno del cordón umbilical, lactancia materna en la primera hora después del parto y permitir el acompañamiento de un familiar.

Las cifras no creíbles

Noboa recordó que Ecuador, al igual que los demás países de las Américas y la mayoría de países en el mundo, no cumplió con la Meta 5.A de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que proponía la reducción en un 75% de la razón de MM entre los años 1990 y 2015.

Noboa dijo que uno de sus hallazgos en su publicación de 2019 fue que los gobiernos de Rafael Correa y Lenín Moreno manipularon las cifras. “Pensaron que eso iba a pasar desapercibido, pero era solo cuestión de analizar esos datos”.

El investigador revisó las cifras del INEC. Dijo que esta institución tiene históricamente indicadores sobre mortalidad en general, y específicamente sobre muerte materna e infantil. Aclaró que siempre esos datos tienen un subregistro de muertes que no llegan a conocerse. “Aparentemente hicieron un acuerdo entre las instituciones del Gobierno (Ministerio de Salud, INEC, Senplades) con los organismos de Naciones Unidas para tener una metodología (de cálculo) consensuada”, agregó.

Pero la trampa de las entidades nacionales, según Noboa, estuvo en calcular el subregistro solo hasta el 2010. Desde el 2011 no hicieron esta estimación hasta el 2015, lo que provocó un descenso artificial de este indicador. En 2015, el país fue evaluado respecto a sus avances sobre el cumplimiento de los ODM. El gobierno de Correa informó que había cumplido 20 de las 21 metas trazadas. La única que estaba en “progreso” era la de mortalidad materna. “Eso es manipular la tendencia para aparentar un mejor cumplimiento”, sostuvo Noboa.

El Gobierno aseguró en ese entonces que ese indicador había caído en 20 puntos hasta 44.6 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos y que hubo un descenso de 70,9% entre 1990 y 2015. “Eso no es cierto. Lo único que pasó es que Salud, INEC y Senplades hicieron ese ajuste en el último periodo”.

Pero la trampa de las entidades nacionales, según Noboa, estuvo en calcular el subregistro solo hasta el 2010. Desde el 2011 no hicieron esta estimación hasta el 2015, lo que provocó un descenso artificial de este indicador.

Esos números oficiales difirieron de las estimaciones que hicieran la OMS y el grupo interagencial de la ONU sobre Ecuador: 64 muertes maternas para el 2015 y un descenso de 65,4% en el período mencionado.

Para Noboa, estos cambios del Gobierno fueron una manipulación política para decir que se acercaron a la meta de bajar la mortalidad materna.

Ecuador, explicó Noboa, está en una situación intermedia en la región. Haití es el país con la mayor tasa de mortalidad materna: 359 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. Le siguen Guyana con 2229 y Bolivia con 206.

Este investigador se adhiere a los expertos que creen que es posible estructurar una estrategia integrada de reducción de la mortalidad materna para todo territorio nacional. “No sería muy costosa ni requeriría mucho tiempo”, manifestó.

Pero para ello es necesario enfrentar algunos desafíos como definir políticas libres de presiones de grupos conservadores, garantizar financiamiento para su ejecución y la participación de las organizaciones sociales, especialmente de las organizaciones comunitarias y de mujeres.

Noboa cree que es necesario dar mayor relevancia al papel de las parteras tradicionales y al puente que ellas pueden establecer entre las mujeres, las familias y la comunidad, con los servicios de salud.

Otra medida importante, en su opinión, es fortalecer las capacidades de los hospitales distritales (cantonales básicos) y provinciales (generales) para solucionar a tiempo complicaciones obstétricas como hemorragias y preeclampsia, antes de que éstas se agraven y produzcan muertes maternas.

Finalmente, considera que se debe entregar a la población información verídica, transparente y oportuna, bien analizada, sobre mortalidad materna. “Ocultar la gravedad del problema no ayuda, al contrario, dificulta las soluciones”.

   TESTIMONIO   

‘Las mujeres embarazadas pasaron a un tercer plano’

Laura Sánchez

Psicóloga, Cepam-Guayaquil

El mayor número de estas muertes ha sucedido en la provincia del Guayas. La psicóloga Laura Sánchez, gestora de Servicios de Salud Sexual y Reproductiva de CEPAM-Guayaquil, analiza la situación de las mujeres embarazadas en este año de pandemia: 

El primer declive fue en la atención de los subcentros de salud. El personal sanitario como ginecólogas y enfermeras, que enfrentan las emergencias obstétricas, se contagiaron y eso disminuyó el servicio. Quedó poco personal en estos servicios: un médico, una enfermera y un conserje. Esto pasó sobre todo en los centros de primer nivel que están más cercanos a la comunidad. 

Las mujeres embarazadas no pudieron hacerse los controles porque no hubo citas. Todos los sitios estuvieron concentrados en la pandemia. El control prenatal es imprescindible para identificar algún peligro de salud en la mujer. Algunos subcentros estuvieron cerrados.

Las mujeres que vivían lejos se quedaron en la casa esperando su parto, sin conocer si necesitaba una cesárea, que se hacen en hospitales de segundo nivel. Si hay una emergencia tiene que estar disponible una cama en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), que fueron invadidas por pacientes COVID. 

Las mujeres embarazadas pasaron a un tercer plano. Además de las causas directas de las muertes maternas como hipertensión o la sepsis, también se presentaron cuadros de ansiedad y estrés por la falta de acceso a la salud. 

En Ecuador no se ha registrado como causas indirectas el contagio de COVID. Eso todavía hay que indagar. En un monitoreo regional se decía que la OMS no tenía registros de muertes maternas relacionadas con COVID, pero presumían que el número de muertes maternas es más grande que el número de muertes por COVID. ¿Qué pasó en la pandemia con los servicios de salud sexual y reproductiva? 

Otro problema fue la falta de acceso a los anticonceptivos. Los subcentros tuvieron desabastecimiento. Según el Ministerio de Salud, hay cuatro demoras que pueden incidir en las muertes maternas: en el servicio, en el ingreso a las terapias intensivas, en los medicamentos y en el acceso a métodos anticonceptivos. Hay mucha morbilidad en las mujeres como leucemia, cáncer o VIH, esas condiciones incrementan el riesgo para una mujer en el embarazo. 

Si una mujer toma un medicamento, este podría afectar al feto. En las consultas no se le dice cómo prevenir un embarazo o no se la deriva a un ginecólogo. Por esto, una estrategia para enfrentar la mortalidad materna es el acceso a métodos anticonceptivos. En la pandemia, por ejemplo, no hubo métodos de larga duración como ligadura, eso servicios se suspendieron. 

Espero que el nuevo Gobierno pueda priorizar la provisión de medicamentos y anticonceptivos. Hay medicamentos que ayudan a controlar las hemorragias y sin eso la mujer puede morir. Nosotros hemos ayudado a los hospitales con estos medicamentos. Hay uno que lo produce Pfizer, pero esta farmacéutica está concentrada en la pandemia. 

Ahora la vacunación tampoco ha considerado como prioritarios a los médicos de los servicios de salud sexual y reproductiva, cuando los ginecólogos atienden entre 30 y 40 pacientes diarios. 

GALERÍA
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