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6 de Octubre del 2020
Historias
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6 de Octubre del 2020
Redacción Plan V
Quito se asfixia en 6.000 toneladas de fundas que nadie regula
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Quito bota diariamente 2.200 toneladas de basura y durante la pandemia generó 600 toneladas adicionales. El plástico es el segundo material más arrojado.Foto: Twitter Anabel Hermosa

 

El Municipio de Quito lleva dos años tramitando una ordenanza para la reducción de plásticos de un solo uso en la ciudad. La Comisión de Ambiente afirma que este mes enviarán a segundo debate el proyecto que propone prohibir fundas, envases de espuma flex y vajilla plástica a partir de los tres años de aprobación de la norma. Activistas creen que esto agravará el problema de la basura en la capital.


Quito arrojó 112.420 toneladas de plástico a la basura, en el 2019. Eso equivale al volumen de casi 3.000 piscinas olímpicas o al peso de 75.000 vehículos medianos. Si esa cifra la dividimos por los 365 días del año, son 308 toneladas de plástico. El manejo de la basura en la ciudad es un tema urgente que grupos medioambientales y ciudadanos piden que no sea postergado. Y entre los temas pendientes está la reducción del plástico de un solo uso.

Se llama plásticos de un solo uso a aquellos que se utilizan por una sola ocasión y luego son arrojados a la basura. Entre ellos se encuentran los sorbetes, los envases y la vajilla de espuma flex, los cubiertos y recipientes de plástico y las fundas plásticas utilizadas para el acarreo de productos o también llamadas como fundas tipo camiseta.

El Municipio no cuenta con cifras específicas sobre cuánto de este material se arroja al año en la capital, pero se puede hacer una aproximación con los registros que tiene la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (EMGIRS), a los que tuvo acceso este portal. De acuerdo a esta entidad, en el 2019, la ciudad botó 2.200 toneladas diarias de basura. Es decir, 803.000 toneladas durante el año pasado. Un estudio realizado para conocer el tipo de desechos que van al relleno sanitario del Inga reveló que el plástico que llegó a las estaciones de Transferencia Norte y Sur –donde se descargan y almacenan los residuos– representó el 14.22% y 13,7%, respectivamente, de toda la basura. Este resultado implica un aumento en el consumo de plástico en los últimos años: en el 2012 era del 12,45%. Durante la pandemia, la ciudad produjo 600 toneladas adicionales a las 2.200 que es su promedio normal y llegó a colapsar el relleno sanitario de El Inga.

Ahora, el actual 14% de plástico arrojado significa 112.420 toneladas. De ellas, el 5,4% fueron fundas plásticas. Es decir, más de 6.000 toneladas de fundas que fueron usadas una sola vez y arrojadas a la basura. Siguiendo las mismas analogías es lo mismo que el volumen de 157 piscinas olímpicas o el peso de 4.000 vehículos medianos. Mientras que los desechos de poliestireno (espuma flex) llegaron al 1% de todo el plástico arrojado, lo que equivale 1.124 toneladas.

1.124 toneladas de desechos de poliestireno (espuma flex) se botaron a la basura en Quito en el 2019. Este es uno de los plásticos de un solo uso que se busca reducir a través de una ordenanza municipal.

Las cifras de la capital son sólo un pincelazo de todo lo que sucede en el país. Según el Ministerio de Ambiente, en Ecuador cada persona consume aproximadamente 130 fundas tipo camiseta en un año, lo que equivale a 1.500 millones de fundas anuales. Las fundas de todo tipo llegan a los 3.657 millones y los mayores distribuidores son las tiendas de barrio, los mercados y ferias libres, los vendedores ambulantes, panaderías, quioscos y supermercados.

Más de dos años en debates para una ordenanza

En septiembre pasado se cumplieron dos años desde que Quito empezó a tramitar una ordenanza para la disminución del uso de plástico en la ciudad. Activistas advierten la lentitud con la que se están tomando las decisiones y temen posibles presiones. Sin embargo, la Comisión de Ambiente del Municipio de Quito prevé concluir este mes con la aprobación de esta normativa.

La ordenanza busca reducir de forma paulatina la entrega de estos plásticos en establecimientos comerciales. El primer proyecto fue presentado por el anterior alcalde, Mauricio Rodas, el 7 de septiembre de 2018. Tuvo 20 artículos y una disposición general. Allí se proponía el siguiente calendario para la prohibición de los plásticos de un solo uso, a partir de la vigencia de la ordenanza:

  • Sorbetes: inmediatamente
  • Envases de espuma flex: 180 días
  • Vajillas, envases y recipientes plásticos de un solo uso: a partir del 2022
  • Fundas plásticas: a partir del 2022

Ahora la última propuesta que ya pasó el primer debate en el Concejo Metropolitano, el 28 de julio pasado, tiene 21 artículos, cinco disposiciones generales, cuatro disposiciones transitorias y una disposición final. Sobre los plazos para la prohibición de estos plásticos plantea lo siguiente:

  • Sorbetes: tres meses
  • Envases de espuma flex o foam: a partir del tercer año
  • Vajillas, envases y recipientes plásticos de un solo uso: a partir del tercer año
  • Fundas plásticas: a partir del tercer año

El concejal Juan Manuel Carrión, presidente de la Comisión Ambiente, dijo a Plan V que en julio del 2019 cuándo se posicionó en el cargo uno de los trámites que estaba pendiente era justamente la ordenanza correspondiente a los plásticos de un solo uso. En ese momento se encontró con tres proyectos diferentes y fue la Secretaría de Ambiente del Municipio la encargada de unificarla. Hubo varias mesas de trabajo con representantes del sector de las empresas de plásticos, los movimientos ecológicos e ingenieros ambientales. “Había demandas contrapuestas desde quienes proponían una prohibición total e inmediata y otros que proponían el reciclaje y que no correspondía a prohibir este plástico”, recuerda.

¿Por qué un plazo de tres años para la prohibición de este plástico? El concejal afirmó que este tiempo es necesario para que la industria pueda hacer los cambios necesarios . “La industria plástica pretendía un plazo mayor, de 5 años”, contó y considera que es una opción intermedia para su implementación. Cuando se cumplan los tres años, quien no cumpla la ordenanza deberá pagar multas entre una hasta doscientas remuneraciones básicas unificadas. Espera que en este mes de octubre pase a segundo debate el proyecto y su aprobación definitiva.

Esos tiempos tienen cuestionamientos de la sociedad civil de la ciudad. Janette Ulloa, coordinadora de la Mesa de Ambiente del Cabildo Cívico de Quito, dijo son plazos demasiado largos para que sea efectiva. “Es preocupante porque los problemas en la ciudad de Quito son evidentes. No hay espacio para la basura de Quito y los plásticos de un solo uso es una cantidad importante. Lo que estamos haciendo es incrementar el problema y posponer la decisión”. A esta inquietud se suman las excepciones que plantea el proyecto. Una de ellas favorece a los vajilla envases y cubiertos de un solo uso, cuyos fabricantes o productores recuperen “un porcentaje de los residuos generados y éstos sean utilizados en nuevos procesos productivos diferentes a plástico de un solo uso”. Ulloa consideró que así como está el texto, los productores podrían hacer solo un 1% de reciclaje y ya entrarían en las excepciones. Carrión dice que esos porcentajes serán establecidos en el reglamento de la ordenanza y quienes quieran aplicar a las excepciones pasarán por una validación de la Secretaría de Ambiente.

“Lo que entendemos es que hay presiones fuertes del sector interesado que se está regulando, que en este caso son los plásticos, por buscar una ordenanza que postergue la entrada en vigencia de la ordenanza”, dijo Ulloa.

El sector empresarial para el caso de Quito, según el concejal Carrión, sostiene que no debería prohibirse el plástico de un solo uso y que debía estimularse el reciclaje. Para Carrión, el reciclaje no soluciona el problema del exceso de este material en la ciudad y agregó que el Cabildo está preparando una ordenanza paralela para el manejo de residuos sólidos, su reciclaje y la separación en fuente. “La producción desmedida de plásticos de un solo uso ha hecho que sea una fuente de contaminación de cuerpos hídricos, los océanos tienen gran cantidad y el micro plástico está presente incluso en la sal marina”. También la industria ha sostenido que su eliminación impactaría en los empleos que genera este sector. “Nosotros hemos hecho inspecciones técnicas y vemos que dejar de producir este plástico no afecta a las fuentes de trabajo porque hay muchos ítems que pueden producir”.

“Veamos si en esos tres años hay interés en aplicar realmente la ley”, dijo Ulloa. Otras experiencias cercanas demuestran que su implementación ha tenido retrasos. Por ejemplo, en Guayaquil su ordenanza se aprobó en septiembre de 2018. María Esther Briz, de Mingas por el Mar, cree que esta normativa no se está cumpliendo. En el caso del Puerto Principal, los sorbetes y las fundas plásticas debían prohibirse a los 6 meses; los productos foam o de espumaflex y las vajillas, envases y recipientes plásticos de un solo uso, a los tres años. El único cambio que se observa en los últimos dos años tiene que ver con los sorbetes, ahora los locales entregan unos de papel. Esta activista sostiene que fue necesario llegar a mayores consensos con la industria de plásticos para que la norma sea efectiva. Pero además no fueron considerados los usuarios intermediarios como los vendedores ambulantes. Ahora, en locales donde ya se había reducido el uso de plásticos han vuelto a entregarlos por la pandemia. “Es un retroceso”.

  PUNTO DE VISTA  

‘Al día se destina 27.000 dólares para la gestión de estos plásticos’

Andrea Garzón,

gerente general de Huella Verde

Huella Verde es una empresa que da soluciones para la basura en los centros comerciales. Nosotros damos un servicio para que los patios de comida de los restaurantes puedan usar cubiertos platos reusables y no se genere la basura de los desechables. Pero cuando vamos al patio de comidas si les decimos que van a reducir su basura del 100% al 30%, ellos nos dicen que no tienen ningún beneficio y que no hay ninguna ordenanza. Esto es muy importante para que todos nos empecemos a acoplar.

Nosotros estamos en dos patios de comida del país. En 2019 Huella Verde evitó que 38 toneladas y 2.409 m3 de basura vayan a los rellenos sanitarios de Ambato y Quito. Esta basura equivale en peso a 26 autos medianos y en volumen a una piscina olímpica. Sabemos que estos elementos no se pueden reciclar primero porque no están separados y segundo porque los recicladores dicen que no recogen esos materiales porque no tienen demanda. Si una persona entrega una botella con grasa, el reciclador dice eso no le compran porque es muy difícil limpiar esos residuos y luego reciclarlos. Por eso, tiene que haber una ordenanza.  

Una botella PET se puede convertir varias veces en otras botellas PET. Pero los plásticos de un solo uso no se pueden reciclar en productos similares o solo una vez en otro tipo de productos como mangueras. Son 27.000 dólares al día que se destinan a la gestión de estos materiales. Son costos que los estamos asumiendo los quiteños. Creo que hay falta de decisión política de concejales y Alcalde.

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